Ir al contenido principal

el rayo verde

A Juan Manuel, donde quiera que estés...


Hoy he sentido el blanco y negro del "desierto"… El mula-mula, el pájaro viajero, me lo ha confesado en un secreto:

Más allá, existe un gran lago de agua dulce donde todas las mañanas las dunas rojas, amarillas y blancas se engalanan el alma antes de aventar su caravana.

Más allá, los camellos son albinos y de ojos claros.

Más allá, el desierto ha abandonado el azul del escarabajo y se ha vestido con la luz invisible de la mariposa.
Más allá, el pájaro viajero,ha confesado, existe un lugar donde las palmeras se han convertido en girasoles, los juncos en anclas, las redes, en peces de colores, y el calor en vergel.

Más allá, las sombras de los belá son alargadas y arrastran la cadena de la libertad.

Más allá, las leyendas se transforman en impenetrables montañas del diablo donde sólo se acercan los más valientes.
Más allá, la constelación de Orión sonríe y las estrellas se desmoronan fugaces.

Más allá, la luna brilla sobre las aguas dulces del recuerdo.

Más allá, el fuego ha dejado de crepitar y el té de susurrar.
Más allá, el rumor del agua ha perfilado en la roca la silueta de una vaca que llora.

Más allá, el Tenere acuna el manto azul de la última canción de cuna.
Más allá, el mula mula, el pájaro viajero, me ha confesado un secreto: Juan Manuel ha vuelto a la vida
Viernes 03/04/09- Iván Benítez -

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cicatrices

Hay reportajes en los que uno trabaja con un nudo en la garganta. El miércoles pasado acompañé a María Vallejo, periodista de Diario de Navarra y superviviente de un cáncer de mama, a una pasarela de lencería organizada por Saray. Un evento en el que las modelos fueron siete mujeres que sufren la enfermedad. Algunas tienen pecho y otras no. Nos colamos en su intimidad. En sus lágrimas y sonrisas. Este fue el resultado de aquella tarde. Gracias María.




El ritual de Sergio Colás

Cuando fuimos contrabandistas

La madrugada de su muerte, no le acompañaba su hermano. Le dispararon tres veces. A bocajarro. Por la espalda. Ocurrió justo antes del amanecer.


Nicolás Ibarra murió el 27 de marzo de 1959 en un bosque de hayas que conocía muy bien. A diez kilómetros del caserío que le vio nacer en Mezkiritz (Valle de Erro) y donde vivía con sus padres y hermanos. Un cabo de la Guardia Civil destinado en Viscarret le esperó emboscado. Nicolás tenía 28 años cuando murió. Esa noche cubría a pie la ruta Sorogain- Espinal- Lusarreta con un paquete de puntillas de ganchillo a la espalda. La causa de su muerte, recuerda la familia, la “única” que se ha dado en el valle, tuvo como origen la disputa entre los guardias de los puestos de Viscarret y Espinal por hacerse con el control del dinero de los sobornos. Unos y otros querían ganar su parte del negocio. Su situación también era de precariedad. Al principio, los traficantes trabajaban con los de Viscarret, pero cambiaron de ruta y dejaron de pagarles, para…