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África: donde la enfermedad y la sonrisa llegan en corcel y se alejan en tortuga

La lluvia moja las manchas del leopardo pero no se las quita. (Akan)

Cada arroyo tiene su fuente. (Etnia Zulu)

Las huellas de las personas que caminaron juntas nunca se borran. (Kong0)
Un amigo es como una fuente de agua durante un viaje largo. (Kikuyu).

Hay más sabiduría escuchando que hablando. (Kikuyu)

También la vaca negra produce leche blanca. (Mandinga)

La espina saldrá por donde entró. (Bamileke)

Una familia unida come del mismo plato. (Ganda).







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Cicatrices

Hay reportajes en los que uno trabaja con un nudo en la garganta. El miércoles pasado acompañé a María Vallejo, periodista de Diario de Navarra y superviviente de un cáncer de mama, a una pasarela de lencería organizada por Saray. Un evento en el que las modelos fueron siete mujeres que sufren la enfermedad. Algunas tienen pecho y otras no. Nos colamos en su intimidad. En sus lágrimas y sonrisas. Este fue el resultado de aquella tarde. Gracias María.




La otra cara de las Maldivas

El paraíso también tiene dos caras. En Malé, por ejemplo - la capital de las islas Maldivas-, esta segunda cara se deja ver al atardecer, cuando el turquesa se viste de plástico. Una realidad poco conocida.
Empujados por el último suspiro del día, un pelotón de ciclistas se echa a la calle cargados de bolsas rojas de basura. Son los basureros del paraíso. Unos hombres enjutos que pedalean sin tregua, siempre erguidos y con la mirada fija en cada recoveco de hormigón. La ciudad es pequeña. No supera los seis kilómetros cuadrados, pero alberga más de cien mil habitantes y produce toneladas de residuos cada día. Con las bolsas rojas de los desperdicios colgadas del manillar, o de cualquier otro saliente de la bicicleta, los hombres enjutos serpentean por la urbe. Una vez obtenida suficiente basura, se dirigen al puerto, al final del malecón. Buscan la dársena correspondiente, normalmente un punto recóndito y ajeno a cualquier mirada curiosa y extranjera, y depositan su carga.En el puerto …

Fernando Múgica, el último de Saigón