Ir al contenido principal

Jerónimo

Jerónimo tiene 77 años y acaba de resbalar en plena calle, en el centro de Pamplona. Su cabeza es la primera en golpear el suelo. No puede levantarse. Le cuesta. Se apoya en el bastón. Lo consigue. Apenas puede hablar. Está mareado. "Gracias", susurra. Una mujer sale de una tienda cercana y le acomoda en una silla, en el mismo punto donde ha resbalado. El periodista llama al 112. Son las doce y  veinticinco de la mañana.

- SOS Navarra..¿dígame?
- Necesitamos una ambulancia. Un anciano ha caído al suelo y se ha dado un fuerte golpe en la cabeza.
- ¿Esta consciente?
- Sí
- ¿Pregúntele cómo está?
-  Dice que bien, pero se siente mareado.
- ¿Pregúntele si quiere ir al hospital?
- Dice que no. De todas maneras, le he preguntado si quiere una ambulancia y me ha dicho que sí.
- No podemos enviarle una ambulancia para estos casos. ¿Le puede acompañar al ambulatorio más cercano?
- Claro que puedo, pero este hombre tiene 77 años, se encuentra mareado y el centro médico está a unos 800 metros cuesta arriba.

- ¿Y no tiene ningún familiar que pueda ir a recogerle?
- Una hija, pero está trabajando.
- No podemos enviar una ambulancia para estos casos -repiten-.
- Lo siento operadora pero es su trabajo buscar una solución (siguen pasando los minutos). De todas maneras, quiero que sepa que soy periodista...
- Es el protocolo, pero déjeme ver si hay algún vehículo disponible (ahora sí).
A las 12.47 minutos llega un coche de la Cruz Roja con un auxiliar. Le hace un chequeo.
- "Abra los ojos", solicita el auxiliar. Jerónimo los cierra.... Yo también los cierro. No quiero ver más.

Comentarios

  1. En un ejemplo de los muchos que podemos encontrar en cuanto se presenta un caso de emergencia, de la naturaleza que sea. Desde un anciano que resbala en la calle hasta un mortal peligro de escape radiactivo, tenemos protocolos de actuación para aburrir, que seguro suponen una cantidad increíble de papel impreso o de megabytes de información digital pero que, en general, no son eficaces cuando llega el momento de ponerlos en práctica. Es una asignatura pendiente..., otra más.

    ResponderEliminar
  2. A mi me pasó algo parecido y ya lo tengo claro, a partir de ahora, "estoy ante un accidente con hemorragia y pérdida de consciencia" y una vez venga la asistencia ya nos aclararemos.

    ResponderEliminar
  3. Los protocolos no siempre ayudan, el sentido común muchas veces es más coherente, sin embargo, el mismo, por su naturaleza abstracta y personal, también suele ser una mala opción. También es cierto que los protocolos están directamente relacionados con los costes que supone llevar a cabo una acción, por ello no es extraño que se redacten buscando la prestación servicio condicionado al coste.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Cicatrices

Hay reportajes en los que uno trabaja con un nudo en la garganta. El miércoles pasado acompañé a María Vallejo, periodista de Diario de Navarra y superviviente de un cáncer de mama, a una pasarela de lencería organizada por Saray. Un evento en el que las modelos fueron siete mujeres que sufren la enfermedad. Algunas tienen pecho y otras no. Nos colamos en su intimidad. En sus lágrimas y sonrisas. Este fue el resultado de aquella tarde. Gracias María.




El ritual de Sergio Colás

Cuando fuimos contrabandistas

La madrugada de su muerte, no le acompañaba su hermano. Le dispararon tres veces. A bocajarro. Por la espalda. Ocurrió justo antes del amanecer.


Nicolás Ibarra murió el 27 de marzo de 1959 en un bosque de hayas que conocía muy bien. A diez kilómetros del caserío que le vio nacer en Mezkiritz (Valle de Erro) y donde vivía con sus padres y hermanos. Un cabo de la Guardia Civil destinado en Viscarret le esperó emboscado. Nicolás tenía 28 años cuando murió. Esa noche cubría a pie la ruta Sorogain- Espinal- Lusarreta con un paquete de puntillas de ganchillo a la espalda. La causa de su muerte, recuerda la familia, la “única” que se ha dado en el valle, tuvo como origen la disputa entre los guardias de los puestos de Viscarret y Espinal por hacerse con el control del dinero de los sobornos. Unos y otros querían ganar su parte del negocio. Su situación también era de precariedad. Al principio, los traficantes trabajaban con los de Viscarret, pero cambiaron de ruta y dejaron de pagarles, para…