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Las heridas del Sahara se abren en Navarra


MARTES 9 de noviembre. Son las dos de la tarde. Suena el teléfono en casa de la delegación saharaui en la Rochapea (Pamplona). Mohamed, subdelegado, de 55 años, descuelga. Está intranquilo. Lleva toda la mañana esperando. Cambia el tono y el idioma. Es el delegado saharaui en Madrid. Se expresa en hasanía, su dialecto natal. Escucha atento. Parece preocupado. Cuelga."Hay novedades", afirma. "El Frente Polisario acaba de hacer balance del desmantelamiento del campamento de protesta saharaui "Gdeim Izik": 11 muertos, 729 heridos y 109 desaparecidos". Se queda en silencio. Una de sus hijas lo rompe con la ceremonia del té. Sirve dos vasitos. "Es mi hijastra. Perdió a su padre en plena guerra". Vuelve a sonar el teléfono móvil. Lo apaga. Mohamed se enteró de la noticia del desmantelamiento del campamento por su hijo de 18 años. "Salmi apenas durmió en toda la noche, pendiente de los foros de Facebook. Entonces, se empezaba a hablar de detenciones dentro del campamento". Se preconizaba un amanecer dramático. Y así fue. "Somos un pueblo que siempre camina hacia la paz, pero si la solución no llega, y nuestro enemigo no quiere, no nos queda otro remedio que..." . Otra vez silencio. Sorbe. "... ir a la guerra", termina la frase. "Somos los hijos de la paz, pero esta vez debemos coger las armas. No podemos dar otra oportunidad a Marruecos". Puntualiza: "El pueblo saharaui no es enemigo del pueblo marroquí, sino de su monarquía. Somos hermanos de sangre y religión. Los marroquíes no tienen qué comer, por eso van a la guerra. Y por eso la perderán. Vamos a combatir por nuestra tierra, por nuestros ideales, por nuestros hijos. Ellos lo harán por un trozo de pan."  (Continuidad...)

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