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Su espejo sigue hablando


El mulamula del desierto ha volado hasta el espejo roto de aquel viejo loco,
el del pelo blanco y rojo…


¿Sabías que el blanco y negro de mi plumaje no se arruga con el tiempo?
Cada suspiro es un número en el calendario…
¿Sabías que la soledad se acuna bajo el rojo luto del naranja?
Lleva tirantes y se cuelga de un último aliento…

¿Sabías que duerme sentada y recita versos?
Su voz es un hilo de vida...

¿Sabías que su última ola está por llegar?
Vendrá en marea alta y con luna nueva…

¿Sabías que sus lágrimas se han quedado sin sal?
Gotean en el columpio de la niñez.

¿Sabías que sus nietos tan sólo son un recuerdo?
El corazón desmemoriado de la memoria ha dejado de empujar sus velas.

¿Sabías que ya no hablan porque nadie les escucha?
Son cuñas de piedras, almidonadas por nadie y ahondadas por la azada el esfuerzo…

¿Sabías que sus huesos crujen de frío?
Varas de almendro de sangre tibia. Braseros sin brasa que un día templasteis…

¿Sabías que ya no riegan al atardecer?
Las flores se han secado...

¿Sabías que su pasado ha encallado?
En la pared encalada del luto...

¿Sabías que ya no miran porque nadie les quiere ver?
Miradas furtivas bajo el colchón de la inercia. Miradas aguileñas convertidas en ases de corazones.
Miradas de hiel, bajo la sábana de la espera…

¿Sabías que ya no miran por no molestar?
Barbillas despechadas. Perfiles sin silueta, apoyados sobre el mástil de la soledad más amarga.
Sombras sin sombra…

El  mulamula del desierto, el pájaro viajero, ha volado de nuevo...

El luto se lo ha llevado. En el último atardecer, en el más soñado.
Una de sus plumas, blanca, negra, amarga, ha caído sobre mi brazo.
Parece un mensaje enterrado…

¿Te acuerdas de aquel viejo loco, el del pelo blanco y rojo?
El que miraba acurrucado a través de aquel espejo roto.
El de mirada clara y perfil atormentado...
Hoy nos ha dejado.

Ha volado hacia lo más alto...
El rojo del atardecer se lo ha llevado.
Le tomó de la mano.
El viento marcó su paso, sobre un cauce agrietado.

De su secreto sólo queda un retazo,
el derramado sobre su regazo.

Aquel viejo loco, el del pelo blanco y  rojo,
el de los ojos claros y perfil atormentado,
conocía el secreto de aquel mensaje enterrado.

Era un hombre sabio…

Mirad a través del espejo,
mirad desde el otro lado,
decía  el viejo, acurrucado bajo el calado callado de su casco.

Ha nacido un nuevo sabio,
tallado con madera de antaño y la vela sin vela del pasado.

El mulamula lo sabe,
por eso te ha acompañado…

Vuela…
Observa…
Ríe…
Sueña…

Su espejo sigue hablando.

(Por Iván Benítez)

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