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La bicicleta del carbonero

Una bicicleta roja apoyada junto a un contenedor de basura cerrado. Un palo de escoba. Mejor dicho, la mitad de un palo de escoba. En uno de los extremos, una ganzúa. En su rueda delantera han depositado una bolsa de basura con  comida. No hay nadie alrededor... o sí. Alguien sale del otro lado. Es un anciano. En la cabeza lleva un casco de bici. Echa mano al “bichero” y escarba entre la basura.  Dentro no queda nada. Suspira. “No me identifiques”, avisa, “no me grabes. Si quieres fotografiar la bicicleta, te dejo. Está muy rodada. La compré hace 15 años”. J.L. se esconde. No se fía. A sus 80 años atesora una gran vitalidad, una gran historia que apenas quiere desmenuzar en  estas líneas. De los 15 a los 23 años bregó como carbonero y cocinero en el seno de la sierra de Urbasa y en los montes de Vizcaya.  Hoy, con 80 años, y  una jubilación  pobre de 600 euros, se precipita en el interior de la basura en busca de “algo de  verdura” para comer. Es lunes, 7 de febrero. Son las nueve y media de la mañana.
  Buenos días...
-Sí, buenos días –responde-
¿Qué hace?
Buscar algo.
¿Necesita comida?
Sí, pero  solo un poco, no se la quiero quitar a otra persona  que la necesite más que yo.
¿A qué hora se ha levantado?
A las siete y media. Preparo el desayuno y a la calle.
¿Qué ha cogido?
Una pella, berza y algo de uva.
¿Cuánto cobra?
100.000 pesetas.
¿Y no le llega para comer?
Hombre hay que pagar piso, hay muchos gastos. Estoy con la mujer solo, tengo cinco hijos a los que también hay que ayudar...
¿Desde hace cuánto tiempo lleva rebuscando en la basura?
No mucho. He conocido tiempos peores –asevera optimista- Después de la guerra... Aquello sí que fue mucho, mucho peor -reitera-. Aquello fue horrible. Cuando era un niño, vivía en un pueblo de Navarra. Sabes lo que es estar en medio de la montaña con una nevada de medio metro y no tener en casa más que  un poco de sal. Yyo de monaguillo en la iglesia, esperando que cayera la noche  para ir al campo y escarbar como un túnel para encontrar una berza. Me removía la conciencia. Estábamos robando, pero comíamos berza con un poco de sal. Así no te morías de hambre.
¿Dónde vivió?
En Zuñiga
¿Y qué hace, recorre en bicicleta los contenedores?
Algunos puntos . Los que yo conozco.
Un vehículo sale de uno de los garajes cercanos con la ventanilla abajo. Se escucha el informativo de las diez de la mañana. J.L se queda escuchando.
¿Le interesa la noticia?
¡Qué injusticia. ¡Lo que nos ha tocado vivir, y lo que estamos viviendo!  ¿Eres católico? -cambia la dirección de la conversación-, ¿crees en Dios...?Yo soy católico. Desde pequeño he estudiado con los frailes. En casa no podían alimentarme, como a mucha gente. Un día, me escapé. Tres días y tres noches. Era muy pequeño, quería ayudar a mi padre en casa.
Algunos políticos aseguran que en Navarra es una comunidad próspera y que no hay tanta necesidad como se dice o se muestra.
Yo he trabajado desde los 15 hasta los 23 años haciendo carbón en la sierra de Urbasa y el monte Gorbea. También preparaba el rancho a las cuadrillas de trabajadores. Si había tocino era un banquete. Claro, sin pan. Y venga a trabajar. No había descanso. Sin motosierras. Solo teníamos hachas, cuñas, y  tronzaderas.
¿Y después que hizo?
Viene a Pamplona. Trabajé en una empresa de calzado en la calle Amaya. Una fábrica con mucha gente. Entré allí. Ganábamos 85 pesetas a la semana. Metíamos muchas horas. A tres pesetas la hora. Aquello fracasó. Después vine a Berriozar a trabajar. Me quitaron la antigüedad, y a empezar de nuevo. Medio año después se llevaron la fábrica a Portugal y me jubilaron muy pronto.  Sin  la edad te queda poco. me han ‘jibao’.
Dicen que las personas mayores estáis habituados a coger cualquier cosa de la calle y que este es el motivo por el que se ven a tantos ancianos entre los contenedores.
No! ¡No! ¡No!  Me da mucha, mucha pena, esto va a peor. Y eso que yo tengo mucha fe.
¿Se ve mucha gente entre los contenedores?
¡Mucha! ¡Mucha!-exclama-. Hoy en el rato que he estado por el centro de Berriozar ya he visto a 30 personas.
¿A 30 personas?
Sí, hay mucha gente sin nada que tampoco encuentra comida en los contenedores.

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