Ir al contenido principal

Soy un hombre negro...

y mi piel es blanca y me gusta, es mi diferencia . Soy un hombre blanco, mi sangre es negra, me encanta, es la diferencia...", canta Salif Keita, el albino de Mali, la voz de oro de África, en su primer sencillo. Keita es uno de los albinos africanos más famosos. Al nacer fue repudiado por su familia y abandonado en un termitero. Por eso hace de su música un himno a la tolerancia. Desde su fundación trabaja para proporcionar asistencia a los albinos. "Además del sol, el peor enemigo es la indiferencia", manifiesta.
A los negros albinos en África les denominan los guingnerous, de acuerdo a un dialecto camerunés, los "falsos blancos". Estos hombres, estas mujeres, encarnan el nacimiento y la muerte; la fortuna y la maldición; la brujería y el repudio. Antiguamente, los primeros colonizadores portugueses les apartaban y asesinaban porque eran considerados una raza diferente. Hoy, en pleno siglo XXI, aunque se ha avanzado a la hora de garantizar sus derechos más elementales: la vida, se les sigue persiguiendo. Más en Diario de Navarra

Comentarios

  1. Esta gente son heroes de la vida, son los que hacen tambalear los pensamientos de aquellos que no entienden, han venido a enseñar la magia de la mediocridad a todo el que la ve como un insulto o como una deficiencia, son neutros y así lo enseñan, neutros por dentro y también por fuera, gracias a ellos evolucionaremos mas deprisa.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Cicatrices

Hay reportajes en los que uno trabaja con un nudo en la garganta. El miércoles pasado acompañé a María Vallejo, periodista de Diario de Navarra y superviviente de un cáncer de mama, a una pasarela de lencería organizada por Saray. Un evento en el que las modelos fueron siete mujeres que sufren la enfermedad. Algunas tienen pecho y otras no. Nos colamos en su intimidad. En sus lágrimas y sonrisas. Este fue el resultado de aquella tarde. Gracias María.




El ritual de Sergio Colás

Cuando fuimos contrabandistas

La madrugada de su muerte, no le acompañaba su hermano. Le dispararon tres veces. A bocajarro. Por la espalda. Ocurrió justo antes del amanecer.


Nicolás Ibarra murió el 27 de marzo de 1959 en un bosque de hayas que conocía muy bien. A diez kilómetros del caserío que le vio nacer en Mezkiritz (Valle de Erro) y donde vivía con sus padres y hermanos. Un cabo de la Guardia Civil destinado en Viscarret le esperó emboscado. Nicolás tenía 28 años cuando murió. Esa noche cubría a pie la ruta Sorogain- Espinal- Lusarreta con un paquete de puntillas de ganchillo a la espalda. La causa de su muerte, recuerda la familia, la “única” que se ha dado en el valle, tuvo como origen la disputa entre los guardias de los puestos de Viscarret y Espinal por hacerse con el control del dinero de los sobornos. Unos y otros querían ganar su parte del negocio. Su situación también era de precariedad. Al principio, los traficantes trabajaban con los de Viscarret, pero cambiaron de ruta y dejaron de pagarles, para…