Ir al contenido principal

¿Qué se siente al morir de hambre?

Todavía recuerdo el día que abracé aquel niño esquelético en Sudán, antes de que falleciese por inanición. Dicen los expertos que cuando uno muere de hambre la agonía se puede alargar  más de un mes. Primero -describen- el cuerpo se come sus proteínas, perdiendo mucha masa muscular; luego pasa a la grasa, uno se queda muy débil. Aseguran que normalmente se muere antes de tiempo por no tener aislante térmico. De sed -puntualizan- el cuerpo no supera los tres días. Aquel niño esquelético se encogió en mis brazos y se apagó. Lo supe poco tiempo después.

 Me lo dijeron las misioneras combonianas. La hermana Guadalupe. "No se pudo hacer nada. Demasiado tarde". Abrazar sus huesos.Sentir su respiración. Su jadeo. Mirarle a los ojos. En realidad, lo sabía. Antes o después moriría. Pero cuando llega ese momento...es una sensación lapidaria. Anclada en uno para toda la vida.  Irreal. Una imagen que se encadena y te hunde hacia el fondo del ser humano.Todavía no lo he superado. Ni quiero superarlo, lo reconozco, y menos aún cuando leo que están a punto de morir de hambre millones de niños en Somalia. Así lo advierte hoy Naciones Unidas en todos los medios de comunicación del mundo (por cierto, ninguno de estos medios nacionales ni locales, reitero, ¡NINGUNO!, ha dado una línea en portada).
"Es una de las peores crisis alimentarias que se recuerdan en África. Está en peligro una generación entera...", avisan. Y lo peor de todo -apostillan- no se puede hacer nada.
Es entonces cuando me pregunto: ¿Dónde están los Cascos Azules?... Qué ingenuo soy. Me derrumbo.Mientras escribo, con toda seguridad, ha muerto ya más de un niño (de hambre no lo olvidemos). Morir de hambre... en pleno siglo XXI.
La imagen de este niño barrigudo fue tomada en el mismo campo de refugiados de Omdurman. Probablemente también haya muerto.Se alimentaba a base de pienso y agua. El mismo alimento que  empleaban en Europa  los ganaderos para sus animales.

Comentarios

  1. Gracias por compartir estas lineas, tus sentimientos, inquietudes y esa denuncia al loco mundo en el que vivimos. Remueven la conciencia de uno al leerlas.
    Un abrazo Ivan.
    Pilar Martínez

    ResponderEliminar
  2. Cuando tomas conciencia de lo que sucede en el mundo, nada vuelve a ser igual que antes. Es una verdadera pena que no se haga nada por todas las personas que mueren de hambre en el mundo.
    Yo la verdad, me siento bastante triste al ver este tipo de noticias, y más triste cuando los medios de masas no hacen eco de ellas.
    Un abrazo Ivan!!! Tu trabajo es impagable...

    ResponderEliminar
  3. Generalmente no opino en donde no puedo ayudar, pero tus palabras me duelen, me siento en el lugar de esas personitas y lamento tanto que nuestra especie sea tan egoista y prefiera llenarse los bolsillos en lugar de dar lo mas basico a sus pares, la vida, la alimentacion, espero poder hacer algo cuando tenga los medios economicos necesarios

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Fratelli, un oasis en el infierno de la guerra

"Por favor, explique a los niños de su ciudad que somos niños como ellos. Solo queremos volver a nuestro país y vivir con nuestra familia, como una familia normal, tal y como éramos antes de la guerra. Queremos vivir como seres humanos”. Ghofran Majed Al-Sahou tiene 16 años y procede de una ciudad del noroeste de Siria llamada Idlib. Había cumplido 8 años cuando escapó de la guerra. “Mis padres se temían lo peor y por eso hicieron las maletas”, recuerda. “Antes del conflicto vivíamos con nuestros abuelos. Ellos se quedaron...”.
La guerra de Siria se encamina hacia su octavo año y durante este tiempo, según los datos publicados en abril por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), al menos 2,8 millones de menores no han sido escolarizados. La organización avisaba en un comunicado que va a ser “extremadamente difícil que se pongan al día cuando puedan regresar a las aulas”. En Líbano el 30% de la población es refugiada siria. Más de 500.000 niños y niñas en edad escol…

El primer encierro de toros de Helena

A sus 4 años, Helena está a punto de vivir su primera experiencia en un encierro de toros. Ha dormido vestida de blanco y rojo. Son las cinco y media de la mañana. Madre e hija se dirigen a un balcón de la calle Estafeta. A veces en brazos y otras caminando, siempre pendiente de cada detalle. Al salir del parking la niña lanza una batería de interrogantes: ¿Los toritos salen de noche?, ¿por qué hay tanta basura?, ¿por qué duermen en el suelo?... En el cielo se distinguen relámpagos amenazantes. Los servicios de limpieza trabajan a destajo escoltados por la policía. Helena lo observa todo. El cielo, la tierra...
Una vez en el balcón de una cuarta planta, se aferra a los barrotes. Le ofrecen unos churros.  No quiere soltarse. Se queda en silencio. Solo mira. "Esta alucinada", sonríe su madre.
Las reses de José Escolar llegan a sus pies. Ella inclina la cabeza. Sus ojos se iluminan como dos focos. Llueve. "Me han dado un poco de miedo los toritos", susurra al final. A s…

Diario de un Mago de Oriente

(Manuscrito del Rey Melchor) 

“Quedan pocas horas para llegar. Descansamos esta noche en un castillo abandonado de Navarra en el que nos refugiamos antes de llegar a vuestras casas. Hemos cenado una sopa de ajo que hace Gaspar y unas chuletillas de cordero asadas en sarmiento, de las que me he encargado yo. Baltasar ha preparado un postre de flan con miel. Luego hemos tomado un té de hierba buena. Las dromedarias, alojadas entre los muros, toman hojas, ramas, hierbas y agua.

Hemos cenado juntos, a pocas horas de volver a veros y de que nuestros ayudantes de allí nos vistan con los trajes que nos guardan año tras año. Hemos recordado el largo viaje y momentos como en el que Baltasar casi se cae de la dromedaria por hacer cosas raras, como siempre, y se ha enfadado porque nos hemos reído de él. Pero, sobre todo, cenando nos hemos mirado con la emoción de que mañana estaremos con vosotros, con todos, en las calles, en las casas, en vuestros sueños… y mantendremos el secreto que cada noche …