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Encarcelado en su cuerpo




Sidati es saharaui y lleva cuatro años encarcelado en su propio cuerpo. Y por partida doble. Sus carceleros: una enfermedad aparentemente normal, que no se ha tratado correctamente, y unos campos de refugiados, los más grandes del mundo, donde falta hasta el oxígeno. Dice un proverbio saharaui que la "muerte es abrir la boca... y un gran suspiro". Y, entre suspiros, entre susurros, en un rincón de una habitación de una casa de Puente la Reina, junto a los monitores saharauis que acompañan a los niños refugiados que disfrutan de sus vacaciones en Navarra, Sidati se expresa débil y en árabe. Lo hace entre mantas, encogido, como un pájaro. No puede más. Su hijo Mohamed le acompaña. Le arrulla con la mirada a su pies. "Son muchos años. Ya no sirvo como persona. Sólo soy un peso para mi familia. Era yo quien les mantenía con mi trabajo. Me he vuelto un problema para ellos. No puedo andar. Ni comer. Tampoco sentarme. Estoy sufriendo mucho". Sidati Abderrahaman Musa, ex-combatiente del Frente Polisario, de 55 años, casado y con seis hijos, ha perdido la esperanza. "Gracias por venir y... perdón por las molestias", se disculpa. "Desde que llegué hace tres semanas tengo más dolor. No me puedo mover. Es una enfermedad normal, pero se ha complicado...". A Sidati le intervinieron en 2007 los médicos argelinos y la operación no resultó. Se complicó. El informe médico elaborado años después (2010) por el doctor Gerardo Prieto apuntaba el siguiente diagnóstico: sangramiento digestivo bajo, hemorroides internas, y estenosis anal parcial (reducción del tejido del ano que dificulta la evacuación).
La mirada de este excombatiente es triste. Se le ve frágil. Desnutrido. Extenuado. El desgaste de estos cuatro años en el Sahara, sin poder moverse, sin alimentos, sin agua, sin medicación, a más de 40 grados, le han troquelado el ánimo. Nana, su sobrina, ha sido su "ángel de la guarda" en los campamentos. ¿La recuerdan? Una chica de 17 años que apareció en este periódico el 18 de marzo de 2010 ondeando la bandera de Navarra. Aquel día, Nana se fotografió con una representación de los distintos partidos políticos navarros que viajaron hasta el lugar para inaugurar el primer Centro Pedagógico de Formación de Profesorado. Todos trataron a Nana y conocieron el caso de su tío; sin embargo, ha sido gracias al empeño personal de Javier Orzaiz Resano, el único de aquella representación, y que hoy no ejerce de político, por lo que Sidati puede pensar en soñar con una vida mejor. De momento, espera paciente en Puente la Reina una respuesta médica que tarda en llegar por falta de papeles e información.

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