Ir al contenido principal

Usted verá, o pasa usted o paso yo

En Japón la mariposa simboliza a la mujer. En el cristianismo representa la resurrección y la inmortalidad. La brevedad de la vida de estos insectos, su efímera belleza, hacen de ella un símbolo de la vanidad de las cosas terrenales.En la interpretación psicoanalítica de los sueños aparece a veces la mariposa como símbolo de liberación y nuevo comienzo.
Pues bien, esta mujer, de bata rosa y sonrisa entrañable, que sujeta con delicadeza uno de los cuadros pintados por su nieta, se llama Carmen y tiene 92 años. Carmen siempre ha sido presumida y orgullosa. Y tampoco le ha faltado el genio, dicen. Un día, cuenta su familia, se plantó frente al espejo del final del pasillo de su casa y, muy seria, empezó a hablar a su reflejo: "Usted verá, o pasa usted o paso yo, pero llevo un rato tratando de que me ceda el paso, o de que sea usted la que pase, y no hay manera". A Carmen Rincón le diagnosticaron alzheimer hace 13 años.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cicatrices

Hay reportajes en los que uno trabaja con un nudo en la garganta. El miércoles pasado acompañé a María Vallejo, periodista de Diario de Navarra y superviviente de un cáncer de mama, a una pasarela de lencería organizada por Saray. Un evento en el que las modelos fueron siete mujeres que sufren la enfermedad. Algunas tienen pecho y otras no. Nos colamos en su intimidad. En sus lágrimas y sonrisas. Este fue el resultado de aquella tarde. Gracias María.




La otra cara de las Maldivas

El paraíso también tiene dos caras. En Malé, por ejemplo - la capital de las islas Maldivas-, esta segunda cara se deja ver al atardecer, cuando el turquesa se viste de plástico. Una realidad poco conocida.
Empujados por el último suspiro del día, un pelotón de ciclistas se echa a la calle cargados de bolsas rojas de basura. Son los basureros del paraíso. Unos hombres enjutos que pedalean sin tregua, siempre erguidos y con la mirada fija en cada recoveco de hormigón. La ciudad es pequeña. No supera los seis kilómetros cuadrados, pero alberga más de cien mil habitantes y produce toneladas de residuos cada día. Con las bolsas rojas de los desperdicios colgadas del manillar, o de cualquier otro saliente de la bicicleta, los hombres enjutos serpentean por la urbe. Una vez obtenida suficiente basura, se dirigen al puerto, al final del malecón. Buscan la dársena correspondiente, normalmente un punto recóndito y ajeno a cualquier mirada curiosa y extranjera, y depositan su carga.En el puerto …

Fernando Múgica, el último de Saigón