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Navarra, siglo XXI






LLueve sobre mojado. Los cortes son demasiados y afectan a todos los colectivos de la sociedad navarra, especialmente a los que no tienen ni para comer.
El martes pasado, un día antes de que el Ejecutivo foral compareciese para trasladar a los periodistas las medidas económicas, la presidenta del Gobierno, Yolanda Barcina, tranquilizaba asegurando que con estos recortes Navarra "se situaría en mejor posición para que la economía y las empresas consigan el crédito que necesitan: crear empleo y salir de esta situación lo antes posible". A su vez, Carlos García Adanero, secretario general de UPN, apuntaba que intentarían que "el efecto en el conjunto de los ciudadanos fuese el menor posible."
Pues bien, dos días después de estas palabras, y al día siguiente de este histórico tijeretazo inicial de 190 millones de euros, concretamente a las siete de la mañana, 113 personas hacían cola, número en mano, en la puerta de la Asociación de Ayuda al Vecino de Berriozar para obtener una simple caja de alimentos que les garantice, al menos quince días, una alimentación básica. Es jueves, 29 de septiembre de 2011. Pleno siglo XXI. A esta hora de la mañana, el ánimo de Amaya Muriel, de 42 años, y Cristina Morenti, de 35, se desmorona impaciente a lo largo de la fila. "Si no vienes temprano te quedas sin reparto", explican. Tienen el número 23 y 24. "Psicológicamente es muy duro escuchar y leer que se van a dar más recortes. A los que no tenemos nada nos hunden aún más", las palabras sobrecogen. Amaya y su marido están desempleados desde hace años. El único dinero que reciben proviene del paro de ella. Tienen dos hijos y una sobrina de 19 años a su cargo. "A nosotros los recortes nos llegó hace tiempo. Pagamos 500 euros de hipoteca más los gastos. No llega para comer. Menos mal que existen estas asociaciones. Los productos que nos dan normalmente están a punto de caducar, pero podemos tirar unos días". En el caso de Morenti, se encuentra desempleada desde hace cuatro años. "Es triste que nos recorten cuando las cosas van tan mal. Vivo gracias a mis padres. No cobro nada. He estado a punto de perder la casa en cuatro ocasiones, mis padres afrontan con todos los gastos. Solicitas la renta básica y te marean con papeleos. Te exigen demasiados protocolos. Además, tardan ocho meses en concederla. Me siento completamente abandonada. Es muy triste" repite, "ni siquiera nos queda el derecho a la salud, la última revisión que me hicieron en Digestivo tuve que esperar ocho meses. Nos acabaremos muriendo en la sala de espera."
A las doce y media de la mañana, David Aguas Lamberto, de 30 años, y su mujer Amaia Fernández Burillo acuden como cada día a recoger a su hijo Aitor a la guardería. En breve serán padres. Amaia está embarazada de nueve meses. "Se llamará Unax", sonríen al pronunciar su nombre, pero confiesan que no tendrán más hijos si eliminan la ayuda por el tercer hijo. "Nos plantamos. Los dos tenemos trabajo, pero la ayuda es imprescindible."
Si en 2010 la Asociación de Celiacos de Navarra, con 1082 familias asociadas, recibió 230.000 euros de ayudas, unos 250 euros al año por persona afectada; en 2011 esta partida se reducirá a la mitad, el equivalente a 120 euros por año. Es en este contexto, María José Mortalena, de 48 años, secretaria técnica de la asociación, y madre de una hija de 17 años celiaca, saca la calculadora, hace números, y ríe impotente. "Salimos muy baratos a Salud. No me lo explico. ¿Dónde está cayendo todo el dinero que aportamos con nuestros impuestos? A mí no me importa apretarme el cinturón y ayudar a la gente que realmente lo necesita. Una persona celiaca gasta para poder comer sin gluten entre 1.000 y 1.200 euros al año, y estamos hablando de su propio tratamiento. Si un médico diagnostica a una persona esta enfermedad la envía directamente aquí. El celiaco no puede prescindir de una dieta sin gluten. Necesita conocer la lista de todos los alimentos, los que puede consumir y los que no. Precisa de una formación especializada. Si pagamos 75 euros anuales por asociarnos, el 80% de los productos poseen gluten, y los únicos alimentos que podemos comprar son los más caros del mercado...¿qué nos queda?
Eva Garrido, de 31 años, farmacéutica desde 2003, todavía no tiene muy claro si el anuncio de Salud de retrasar el pago de los medicamentos a las farmacias, hasta 30 días, sea sostenible. "Hemos recibido un comunicado del Colegio de Farmacéuticos para tranquilizarnos. Me ha parecido ambiguo. Si al final es así se producirá una situación insostenible. No lo podemos asumir. Hay mucha competencia y se ha perdido calidad en el servicio. No puedes tener de todo en la farmacia si no l e vas a dar salida. No podremos afrontarlo sin la ayuda de los bancos."

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