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Un globo manchado de sangre




 

"Los de la inteligencia eran los encargados de sacarle la verdad a la gente. Les ponían una capucha con gamezán (agresivo químico), les sacaban los ojos con cuchara, les cortaban la lengua, les colgaban de los testículos...". "Yo les arranqué las uñas de los pies y después los ahorqué... les picaba el pecho a los hombres con bayoneta, la gente [...] me suplicaba que no le hiciera daño... pero llegaban el teniente y el comisionado... y me obligaban cuando veían que yo me compadecía de la gente...". (Testimonio de un militar guatemalteco publicado en El País 24/07/05) 
Esta mujer maya no lo sabe, el globo naranja que le entrega la mujer disfrazada de payaso está manchado con sangre, la misma que derramaron miles civiles guatemaltecos a manos de los militares durante la guerra civil que asoló este hermoso país de 1962 a 1996. Un genocidio que dejó más de 200.000 víctimas. Muchas de ellas mujeres mayas.
Sucedió el 27 de agosto pasado. Guatemala se encontraba en la recta final de la campaña electoral. El exgeneral Otto Pérez Molina, candidato a la presidencia del gobierno por el Partido Patriota, se postulaba como el vencedor absoluto en las elecciones celebradas el 11 de septiembre. Pues bien, este partido enarboló el naranja como bandera para que los indígenas, un 98% analfabetos, les pudiesen relacionar  y votar, y elegió la mentira como enseña de identidad. Hoy, como si de una burla del destino se tratara, el exgeneral Otto Pérez Molina celebra entre banderas naranjas y mentiras la presidencia del país.

Según los periódicos locales guatemaltecos, Otto Pérez Molina es el responsable de veinte masacres perpetradas en el municipio de Nebaj, Quiché, entre 1982 y 1983, cuando fue mayor del ejército. Era capaz de torturar y asesinar a sospechosos de pertenecer a la guerrilla y de hacer declaraciones a cámara, con una frialdad ejemplar, frente a los cadáveres, o de mostrar a periodistas extranjeros los campamentos en los que se recluía a los sobrevivientes de los pueblos víctimas de las carnicerías. Elogiaba la capacidad de destrucción antipersonal de la artillería israelí reglamentaria entre las fuerzas bajo su mando y de los helicópteros artillados estadounidenses desde los cuales se podía diezmar a la población civil sin correr riesgos. Para ver tales escenas basta con buscar en YouTube el nombre Otto Pérez.
La ONU ha determinado que hubo genocidio: 200.000 víctimas, entre muertos y desaparecidos. El 93% de ellas, siempre según Naciones Unidas, fueron causadas por las fuerzas de seguridad del Estado y, en su gran mayoría, pertenecían a la población maya.

Pues bien, en una entrevista reciente al exgeneral, Otto afirmaba que no hubo genocidio:
"Creo que el tema de violaciones a los derechos humanos hay que investigarlo y seguirlo investigando; aquí no vamos a esconder a nadie", apuntaba, "ahora cuando hablan de genocidio, yo quiero saber quién dijo que en Guatemala hubo genocidio”. A respuesta del entrevistador de quien hace tal calificativo es la ONU, Pérez Molina contraataca ensayando una definición de genocidio: “Exterminio de una población por razones de etnia o una religión. Eso no sucedió. Eso no sucedió, de verdad. Aquí lo que sucedió fue porque había gentes que estaban involucradas dentro de las acciones y dentro del campo de batalla. Pero aquí no se fue a decir “todos los kakchiqueles o los kichés o los ixiles van a ser exterminados”. O “usted como es ixil va a ser exterminado”. Eso no pasó. Y se lo puedo demostrar. Yo quisiera que me demuestre, así como yo puedo demostrarle que no sucedió, que nos demuestren por qué dicen que hubo genocidio. Yo personalmente no lo voy a aceptar porque yo sí estuve en el enfrentamiento armado interno. Y jamás hubo una orden en esa dirección y si la hubiera recibido jamás la hubiera cumplido. Que me dijeran que a los ixiles de tal lugar hay que matarlos. No lo hubiera cumplido la mayoría de oficiales”

Recuerdan las palabras del inicio: "Los de la inteligencia eran los encargados de sacarle la verdad a la gente. Les ponían una capucha con gamezán (agresivo químico), les sacaban los ojos con cuchara...". El genocidio contra la mujer Maya continúa. Así se lo irá mostrando a 33.000 pies con historias recientes.




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