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Embarazada y tirada en la calle


"Hola, somos la pareja del periódico. Seguimos igual de mal que antes, la cosa no cambia, no sabemos ya qué hacer... El bebé parece que está bien". Es martes, 1 de noviembre.
"Estoy con amenaza de aborto en el hospital Virgen del Camino. No sé qué pasará...". Es miércoles, 2 de noviembre. Los dos mensajes al móvil se suceden de un día a otro. Un SOS que refleja la impotencia y la situación de crisis que barre la calle en toda su crudeza. Silvina tiene 19 años y reposa hoy en una habitación de este hospital navarro. La bolsa de agua que protege y nutre a su hijo se ha roto. "Hay que esperar a que ocurra algún milagro", susurraba ayer desde el otro lado del teléfono. David, su pareja, le acompaña. "Nuestros padres conocen nuestra situación. No quieren saber nada...", se hace el silencio al otro lado del teléfono. Es muy probable que Silvina y David pierdan al bebé. Demasiados días viviendo en la calle. Sería el segundo hijo que pierde la joven en menos de un año.

Esta es su historia, publicada en Diario de Navarra hace una semana.
El mismo día en el que los líderes políticos europeos discutían para recapitalizar los bancos con una cantidad que oscila entre 100.000 y 109.000 millones de euros, el mismo día en el que el BBVA anunciaba un beneficio de 3.143 millones de euros en los primeros nueve meses, la alicantina Silvina Leonardi, de 19 años y embarazada de tres meses, y el navarro David Mena, de 31, se protegían como podían del frío y el viento bajo una fina manta, entre maletas y dos sacos de dormir (sus únicas pertenencias), a la altura del nº 18 del Paseo de Sarasate de Pamplona. Silvina y David llevan un mes viviendo en la calle.
Es miércoles, 26 de octubre. Son las dos de la tarde. Aunque es la hora de comer, Silvina y David permanecen ajenos a las agujas del reloj. Congelados. Resisten bajo la manta. En silencio. No han reunido el dinero suficiente para comer. Quizá a la noche puedan cenar. A los pies de la joven, en el suelo, hay unas mondaduras de naranja. Es lo único que se han llevado a la boca desde las nueve de la mañana que han desayunado. "Y eso que necesito comer por dos", afirma Silvina, colocando la palma de la mano en la tripa. "El embarazo, de momento, va bien, gracias".
Esta noche han dormido en una pensión, pero la anterior lo hicieron en un portal. Aseguran que han agotado todos los recursos que suele facilitar los servicios sociales. "Comer no es el problema", expresan, "la gente es muy buena y siempre te facilita algo. Dormir es el auténtico quebradero de cabeza. La policía municipal nos dio unos vales para cuatro noches en una pensión. Los hemos agotado. No sabemos dónde ir. Qué hacer. Necesitamos un trabajo, un hogar, "¡pero estando juntos!", profiere Silvina, " necesitamos trabajar antes de que se cumplan seis meses". ¿Por qué antes de seis meses...?
Unas horas después, siguen en el mismo sitio. Un folio escrito a mano explica su situación: "Somos una pareja que estamos en la calle por culpa de esta puñetera crisis. Estoy embarazada. Somos navarros y rogamos vuestra ayuda de buen corazón. Gracias". Lo que no detallan sus palabras, no hay espacio suficiente, es la dramática historia que yace detrás.
David salió de Navarra hace un año y viajó hasta la costa en busca de trabajo. "Era verano. Había que probar suerte", recuerda. En este peregrinaje sin suerte terminó en el albergue de Cartagena, donde conoció a Silvina. Fue hace tres meses y medio. "Se quedó embarazada y decidieron venir a Pamplona. La familia de David no sabe que está mendigando en la calle, "mejor así", apostilla. Los de ella tampoco.
Silvina es la más pequeña de tres hermanos. Nació en Italia, creció en Alicante, y, con 16 años, se fue a vivir a Suecia con su madre, que estaba recién divorciada.
En Suecia cambió todo. "Me violaron", manifiesta mirando a los ojos con una serenidad que asusta. "No quise abortar. Este niño me dio la fortaleza que nunca tuve", saca su foto. Silvina decidió marcharse de Suecia al cumplir 18. Temía que le quitaran el niño. Regresó a Alicante con sus hermanos, pero nuevos problemas familiares le empujaron a buscarse la vida. El 29 de junio pasado, los servicios sociales le obligaron a dejar a su hijo en la Casa cuna de Cartagena. "Si en un año encuentro trabajo recuperaré a mi hijo", sonríe, "o lo perderé". Le quedan siete meses. "La vida no es fácil para una mujer joven, sin pareja, sin trabajo, y con un bebé. Los servicios sociales están al acecho", lamenta. "Es muy difícil. La calle es muy dura. No sé si me he equivocado al quedarme embarazada otra vez. Quiero a David y pensé que saldría.... Tengo miedo a que me vuelvan a quitar el bebé cuando nazca... si sigo en la calle".

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