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El día que entré en una banda latina


La Policía y la Guardia Civil mantienen un seguimiento sobre un total de 427 bandas juveniles violentas repartidas por toda la geografía española. El control sobre este tipo de grupos permitió que al finalizar el año 2015 se hubiesen producido un total de 786 detenciones de personas vinculadas a estas organizaciones, según datos del Ministerio del Interior. En Navarra, reconoce el ministerio, hay un "capítulo" o grupo subordinado de Latin King en Pamplona y también un grupo independiente llamado Blood 901. Al finalizar el año 2015, los Latin King siguen siendo la banda con más implantación en España pese a que en los últimos años han experimentado un gran crecimiento otras organizaciones como los Trinitarios o los Dominican Don't Play. De este modo, Latin King cuenta con un total de 29 capítulos.


(Reportaje publicado en 2011 en Diario de Navarra)
Yoni -nombre falso del joven expandillero de 16 años de origen latinoamericano de 16 años- recibe al periodista en la habitación de su casa, en la comarca de Pamplona. Juega con la Play. Son las ocho de la tarde. Mientras, su madre -en el paro- prepara la cena. Sus dos hermanos no han llegado aún a casa. "Soy un buen estudiante", dice, sin soltar los mandos del videojuego. Su asignatura preferida son los idiomas. Practica algunas aficiones: música rap y el deporte son las principales.
Cuando piensa en su futuro, se imagina uiformado de policía. Este es su sueño. El segundo de sus sueños, cuenta, que no le juzguen por el color de la piel o por su forma de vestir. Asegura que ya no pertenece al mundo de las bandas y que quiere ayudar a los más jóvenes a dejarlo. "Conozco muy bien la dureza de la calle y podré ser de gran ayuda", expresa. "He crecido entre bandas. Con 14 años ya formaba parte de los '
901 (grupo integrado en los Blood o los Sangre). Después, continúa, pasé a los Dominican Don`t Play.

Hoy se mantiene "al margen", ríe, con cierto titubeo. Y, en cierta manera, se contradice. "Cuando uno entra se queda enganchado. Es difícil salir. ¿Por qué se entra? No sé. Consigues respeto. Protección. Eres aceptado...". Pero advierte: "Es peligroso. Si hablas abiertamente sobre las bandas te pueden tachar de "sapo", de chivato, y eso trae consecuencias". Explica dónde se localizan. "No es complicado dar con ellas. Lo sabrás. Nunca rechazan su condición. Hay una norma que rige su manera de comportarse: "Nunca renegarás de tu color y nación"". Yoni todavía guarda el rojo de su niñez en el armario. "Rojo sangre", ríe. "El rojo de los Blood y de los 901".

"Operación Corona"
Nueva York. Mayo de 1998. Mil policías entran en las casas de 94 presuntos latin kings. Tumban puertas, los sacan de la cama y los arrestan. La acción, bautizada como "Operación Corona", se llevó a cabo en Nueva York el 14 de mayo de 1988. Fue la mayor desde los años 20 contra la ley seca. El director del FBI, Louis Freeh, lo calificó como un "hito". El comisario de policía se jactó de haber "desarticulado" una de las pandillas mejor organizadas y más violentas de la ciudad.
Pamplona. Septiembre de 2011. El fiscal superior, Javier Muñoz Cuesta, advierte durante el acto de apertura del año judicial del "resurgir" de las bandas latinas en Navarra. Las últimas tres reyertas multitudinarias entre sus miembros, en junio y agosto, tanto en Pamplona como en Barañáin, hacían temer lo peor. Por este motivo, a finales de noviembre, después de una investigación de varios meses, agentes de la Policía Foral y Municipal de Pamplona precipitaban un operativo contra las tres principales bandas latinas que actuaban en Pamplona y Comarca. Esta acción "preventiva", también llamada "Operación Corona", supuso el arresto de 15 presuntos latin y 13 blood-901, todos ellos de edades de entre 15 y 21 años. Los agentes, que se incautaron de gran material: cuchillos, hachas, machetes, nunchakus, palos, banderas, símbolos, etc, manifestaron en rueda de prensa que las daban por desarticuladas.

"La solución no es sólo policial"
La situación de estos grupos ha cambiado desde que la Policía Municipal de Pamplona les detectara en la capital. La policía destaca la presencia de seis grupos. Por un lado, los "Zona Bara", comprendidos por un centenar de jóvenes: Latin Kings, Mafia Latina y J.R; y por otro, con unos 60 jóvenes: los Blood, 901 y Alma Latina. Los primeros se mueven por Barañáin, sus alrededores y la Milagrosa. Los segundos, por la Chantrea, la Rochapea y Burlada. Y todos confluyen los fines de semana en San Juan.
Fuentes de la policía insisten: "Sí se ha desarticulado a estas dos bandas rivales. Son grupos criminales tras los que llevábamos tiempo investigando", explican. "A estos chavales se les va a juzgar por unos hechos delictivos puntuales, agravados por intentar organizarse. No son organizaciones criminales propiamente dichas sino grupos criminales", sostienen. "Buscan cometer delitos menores como trapicheo, faltas de orden público, hurtos...", pero reconocen que la solución no es sólo policial. "Hay que trabajar con ellos socialmente, en los colegios o en los talleres, hay que orientarlos para que se integren, de lo contrario, acabarán en la cárcel con 22 años".

Territorio Latin
Martes. Centro de Barañáin. 19 horas. Dos jóvenes de 20 años caminan sin rumbo fijo a la altura del ayuntamiento. En una mano llevan una litrona, en la otra una piedra de hachís. Visten con gorros de lana y sudaderas amplias de color gris. Son Latin king. Prefieren no dar su nombre. No están autorizados a hablar de una "organización" -así se refieren a ella, a la que han pertenecido desde 2006. "Hemos vivido todos los cambios", dicen, alejándose del centro de la plaza y ocultándose en la oscuridad. Aprovechan para dar un trago a la litrona. Se lían un porro. Uno de ellos, el más pequeño, muestra sin querer unos cortes de cuchillo en los dedos de una mano. Son fruto de unas de las últimas peleas contra bandas rivales. El más alto también luce heridas de navaja. "Tres", indica. Los dos fueron detenidos en la Operación Corona y puestos a disposición judicial. Ahora se encuentran libres."La policía entró en nuestras casas y registró nuestros cuartos. Se llevaron de todo. De mi casa se llevaron unos nunchakus (arma de artes marciales formada por dos palos muy cortos de unidos en sus extremos por una cadena), el ordenador, y toda la ropa amarilla y negra que vieron", afirma el más pequeño, el de lo cortes en los dedos.

A pesar de su magnitud, la primera de este calibre en Navarra, los dos jóvenes se muestran serenos. Los dos declararon ante la titular del juzgado de Instrucción número 3 de Pamplona, que dirige el caso.
"La juez nos ha dicho que la próxima vez que intenten pegarnos les denunciemos directamente. Son ellos quienes nos buscan -se defienden una y otra vez-, quieren controlar toda Pamplona. Tienen gente por todos los barrios. Nosotros no salimos del barrio, nuestro recorrido es siempre el mismo: del lago al Carrefour. Así evitamos encontrarnos con los Sangre y los 901" (grupos rivales de los Latin)". Los dos jóvenes provienen de países latinoamericanos distintos, pero sus historias se encadenan desde la base: la misma soledad y la misma búsqueda de protección. "Los Latin King ya no existimos", declaran casi al unísono. "La policía dice que nos ha desarticulado y no es verdad. Han llegado tarde. Seis meses tarde. Hace tiempo que decaímos. Un mes antes de las detenciones -revelan-, detectamos a la policía y nos replegamos. Decidimos dejarlo. Yo, personalmente, -confiesa el más alto-, no quiero más problemas en casa. Mi madre está separada, ninguno trabajamos en casa, no sabemos cómo pagar el alquiler". Su rostro se endurece al recordar lo que le empujó en 2006, cuando llegó a Navarra por primera vez, a entrar en los Latin: "Tenía 16 años. Me quedé solo. La organización me ayudó. Me sentía protegido. Lo único que se exige dentro es ser un hombre, tener palabra... No quiero contar más". Rematan las litronas. Se despiden.

Territorio Blood
Sábado. Plaza de los Chinos de Pamplona (barrio de San Juan) 21 horas. Se respira una cierta calma tensa en la plaza. Varios grupos de jóvenes beben sentados en los bancos. En círculos cerrados. En unos de corrillos beben y fuman canutos siete chicos de 17 años. Todos ellos de Pamplona.
"Si quieres contactar con la banda de los Sangre, les verás por las tardes jugando a fútbol en uno de los parques de la Chantrea, o los viernes y sábados en un bar que hay aquí mismo, al otro lado de este edificio -indican con un gesto-. Allí se suelen quedar hasta las diez, luego les echan y vienen aquí a beber. Son muy jóvenes y peligrosos", avisan, "si les buscas te vienen en masa. El ambiente en la calle está muy revuelto. Convivimos con ellos en el colegio".
El periodista se acerca a un segundo grupo, éste de ecuatorianos, también beben, la plaza comienza a llenarse. Todos se desmarcan del tema y coinciden en señalar hacia el mismo bar. "Nosotros no queremos saber nada de este tema", declaran con temor. "Se meten en esa mierda para hacerse los duros. Luego no pueden salir. No es fácil. Te buscan."

En un nuevo corrillo, éste de adolescentes de 14 y 16 años (tres chicas y cuatro chicos), dicen que les conocen. Dos de los menores van más allá y relatan que llegaron a ser Latin Piwi (LP) (cantera de los Latín King) hace un año, pero se salieron. "Éramos 15. Todos de 14 años. ¿Cómo llegas a ser LP? Normalmente por amigos que ya están dentro de los Latin. Estás un tiempo y, cuando ellos deciden, saltas a los mayores. A nosotros no nos pidieron ninguna prueba para ser LP, pero sí para salir. Te golpean por todo el cuerpo excepto en la cara. Si no aguantas no dejan irte". Los siete se quedan en silencio. Un joven pasa por delante. "Ese es de los Sangre", dicen en voz baja, una vez que les ha superado, "es senegalés", le señalan con la mirada. "Se suelen juntar en un bar de aquí al lado. Justo detrás de este edificio (concuerda el sitio). Nos tenemos que ir", se disculpan. Prefieren no coincidir con él cuando salga de la tienda. Se alejan. El senegalés sale con unos caramelo en la mano y se dirige hacia el otro lado del edificio, al disco-bar del que hablaban. Allí, entre los coches aparcados, varios chicos y chicas, casi todos latinos, fuman y charlan en corrillos. Hay varias chicas de Pamplona. Dos hombres vigilan la puerta. Un vecino les observa desde una de las ventanas del edificio. Entre los muchachos destaca la gorra de béisbol calada hacia un lado de un niño de ocho años. "Se llama Brian", descubre una de las menores al detectar la mirada de asombro del periodista. "Suele venir con su hermano". El pequeño sólo observa.

"¿Por qué nos tratan como delincuentes?", pregunta a gritos y de forma chulesca uno de ellos. "Lo único que consiguen al detenernos es que aumente la indignación entre nosotros y el número de guetos", avisa. Prefiere no identificarse por miedo. No por miedo a la policía -subraya- sino a los "suyos". Pertenece a los Blood. "¿A qué tengo miedo?", se queda sin palabras, fija la mirada en el bordillo. "Miedo a que no les guste lo que digo", sostiene, apartándose del resto. "Los latin y los blood somos igual que el agua y el aceite. No se pueden mezclar. Te enamoras de un color, de una nación, y los defiendes a muerte. Al final, unos y otros estamos dentro del mismo laberinto, jugando a la misma mierda, pero engancha. Te sientes poderoso. La banda es orgullo, respeto, colores, coronas. Es como un juego. Estaría bien que se acabara todo esto, que fuéramos amigos, pero influye la familia (la banda). No lo tiene que decidir uno solo. Al final, estás condenado a algo. Te da igual vivir". Brian se acerca. Se termina la conversación. En un banco próximo, un grupo de tres jóvenes ecuatorianos, pertenecientes al grupo Alma Latina, conversan y fuman sin parar. Tienen 15 y 16 años. Son estudiantes de ESO. El mayor de los tres quiere dar su opinión, pero los otros dos le frenan: "¡No ladres!", profieren nerviosos.

Puñalada= popularidad
A unos metros por detrás, sentados en las escaleras que conducen a la Biurdana, dos muchachos colombianos, ataviados con pañuelos palestinos y calados con las típicas gorras de béisbol a medio lado, bailan a ritmo de reggaetton. Tienen 15 años. Los dos niegan pertenecer a los "Sangre", pero dominan perfectamente sus entresijos. Reconocen que es peligroso dejar la banda.
"Tomar la decisión de salir es dar un paso grande. No se sale. Los de otras bandas ya te conocen. Se vuelve muy peligroso. Te quedas indefenso", detallan el caso de un amigo que lo dejó por la novia y lo sometieron a una paliza con tablas. " ¿Por qué se entra? Por desespero y popularidad. Lo que te lleva a una banda es la popularidad. Ser conocido. El respeto. Acuchillar a alguien de otro bando es popularidad. Ser el duro te da respeto, amistad, confianza, protección". Los dos consideran a los "Sangre" una familia. "Seremos más de cien", revelan en primera persona (se les escapa una y otra vez). Las peleas se buscan y se organizan -detallan-. Normalmente son los cabecillas de las dos bandas o los duros (sus manos derechas) los que se encargan de organizarlas a través de tuenti y twitter. Se utilizan muchas expresiones. Revelan algunas: "Ese "man" está enamorado de ti y te tiene ganas..."; "Hemos quedado en... y vamos a jugar a..."; "Vamos a tener unos coros con esos "manes". "Ahora está todo el mundo más calmado, no se mueve nadie, han cogido a los más duros, pero dentro de unos años empezará todo de nuevo", advierten.

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