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El francotirador que servía whisky a la ONU

Images copyright Iván Benítez/Diario de Navarra

Corazón de Bosnia. Otoño de 1995.  El final de la guerra alcanza el profundo valle de Neretva como un proyectil.

En realidad, por más que lo intento no consigo recuperar muchos detalles de aquel fugaz viaje a Mostar. Es como si la caja vacía a la que alude el periodista Ramón Lobo en su libro El héroe inexistente hubiera volcado tras resbalar de los dedos de la memoria.

Lo que sí recuerdo son los ojos claros de un francotirador convertido en hostelero. Todos en el cuartel lo sabían. Demasiadas conversaciones de barra. Aquel hombre de físico enorme y rostro amable, el mismo que les servía el café por la mañana y los chupitos de whisky por la noche a los soldados españoles, justo antes de ir al catre, tenía su negocio justo delante del cuartel, en Medjugorje.También recuerdo a un grupo de niños entre las ruinas buscando un soplo de aire. Con la mirada perdida y la piel amarilla. Y a una mujer con el cabello gris, ataviada con un abrigo de pieles, unas medias y unos zapatos de tacón.





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