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'Senda' rey de Navarra

 
 Se escuchan rugidos en la Ribera de Navarra. Rugidos que amordazan y amortajan. Si uno cierra los ojos y se deja atrapar por el sonido de este instante, parece encontrarse en mitad de otra realidad, en medio de la propia sabana africana. Al abrirlos, sin embargo, el escenario es completamente distinto... Es miércoles, día de descanso en el parque natural de Sendaviva. Un entorno de aventura y diversión de 120 hectáreas, ubicado junto a las Bardenas Reales y Tudela. Una sabana foral en el que habita una familia de tres ejemplares de leones de origen africano: Harry, el padre, de 15 años de edad;Nana, la madre, de 12;y Senda, el hijo, de 2. Los tres conviven en un espacio de 1.800 m2 bajo el amparo de sus cuidadores y de los visitantes que se acercan cada día. Senda, que ya ha superado en tamaño a su padre: mide algo más 170 cm de longitud (sin contar la cola), y pesa unos 150 kilos (su peso al nacer fue de 350 gramos), juega con una piña caída de uno de los pinos que crece al otro lado de la valla de seguridad. Sus padres, Harry y Nana, le observan desde la distancia. Los dos reposan a la sombra de unas nubes negras que amenazan lluvia. Los rugidos del pequeño despabila a sus vecinos tigres y avestruces.Las cebras ni se inmutan. Senda se muestra inquieto. La proximidad de un extraño le pone en alerta. Alguien con una mochila negra al hombro se acerca a la valla. El felino, de piel clara y melena incipiente, también se aproxima muy despacio al filamento eléctrico que rodea el perímetro. El visitante extrae de la bolsa una cámara. Deja la mochila en el suelo. Senda no busca al extraño, sino el bulto. Su cuidador también se encuentra cerca. Pero como si nada. La mochila le obsesiona.

  "¿Por qué?", pregunta el hombre."Muy sencillo", responde Javier Elía Guindo, responsable de la flora y la fauna y de los cuidadores del parque, "estos animales en cautiverio están habituados a ver personas. La mochila es lo único nuevo en su entorno". El visitante se queda pensativo ante la actitud aparentemente pausada del felino. "¿Qué pasaría si entrara?", pregunta de nuevo. "Te atacaría", afirma serio Elía, "son leones en cautiverio, pero son leones. No lo olvides"."¿Y si se les soltase en plena sabana, sobrevirían?". Elía permanece en silencio unos segundos. "Seguramente morirían. Están acostumbrados a que el hombre les dé la comida. Les buscarían. Se acercarían a las aldeas", expresa. "En el supuesto de que desaparezcan los leones , como manifiestan los científicos", habla ahora el turista, "¿se podría repoblar el continente africano con los que viven en cautiverio?". Senda eleva ahora la mirada. Ruge con fuerza."No se podría repoblar. Buscarían al ser humano", como le dije, "y el ser humano los mataría. Se necesitaría una transformación genética de estos leones".

 El 21 de mayo de 2002 Naciones Unidas informaba de la destrucción de los hábitat naturales e identificaban a 11.000 especies animales y vegetales en peligro, entre los que aparecían mil mamíferos.
Un año después, un nuevo informe científico, éste publicado en la revista New Scientist alertaba de que la población de leones en África disminuyó en un 90% en los últimos 20 años. "Hoy en día quedan unos 23.000 leones en África", informaban. "El principal problema es que los leones representan una amenaza para el ganado.El ser humano se convierte, por lo tanto, en el mayor enemigo".
El uno de abril de 2012, medios nacionales e internacionales como National Geographic se han vuelto a hacer eco del problema. "El león, a punto de extinguirse", titulaban. "No lo hacen de forma espectacular. No hay manifestaciones pidiendo su protección.Pero apenas quedan 20.000 leones africanos, y de ellos menos de 5.000 machos", reseñaban. "En otras palabras: hay menos leones africanos que ballenas azules o rinocerontes blancos". El uso de veneno por parte de las comunidades pastorales (mayoritariamente la tribu de los masais en Kenia) ha mermado su población. En opinión del experto Charles Musyoki, científico del Servicio de Vida Salvaje de Kenia (KWS por sus siglas en inglés), el país ha perdido 138 leones debido al envenenamiento en los últimos 10 años, situándose la población actual estimada en 1.970 leones.
Aunque no hay bases de datos definitivas, los cálculos más certeros estiman que en los años 70 Kenia contaba con una población de 10.000 leones. Y para empeorar aun más las cosas, las agencias de viajes de algunos países añaden al incentivo turístico la oportunidad de matar al rey de la selva.
Si el número de leones en estado salvaje ha descendido en el continente africano, la de estos animales en cautividad ha sufrido un considerable incremento. "Aunque muchos lo consideren imposible, tenemos que empezar a pensar en un África sin leones muy pronto", advertía Dereck Joubert en el diario El País hace unas semanas.Joubert es una de las personas del mundo que mejor conoce a esos felinos. "Si no ponemos remedio inmediatamente van a desaparecer en 10 o 15 años", avisaba. Senda, que cumplió en septiembre dos años -pesó al nacer 350 gramos y su tamaño no superaba el de la palma de la mano del veterinario que le atendió- no sobreviría hoy en el continente africano si se enviase para ayudar a repoblar la extinción. Moriría en manos del hombre.
Nana se encargó personalmente del cuidado de su cachorro. Probó por primera vez carne picada de vacuno y pollo con hueso al cumplir tres meses. Una de las primeras imágenes que descubrió al salir de la jaula fue la nieve. "Era un león en la nieve", recuerda Javier Elía Guindo. La vida de este biólogo de 36 años siempre ha estado ligada a la de los animales: granjas de avestruces, Cabárceno, hasta que le llegó la oportunidad y se incorporó al equipo de Sendaviva. "El día a día es el que te va enseñando", indica. "Lo más importante para ser cuidador es conocer la especie, sus necesidades y la instalación donde habitan. Todos los animales nos conocen y reconocen.
Nos diferencian del resto". Con 13 cuidadores a su cargo. La única premisa -sostiene- que hay que tener en cuenta es que con muy poco te pueden matar. "El cuidado se realiza siempre y bajo ningún concepto sin contacto directo", subraya Elía. Harry, Nana y Senda duermen y comen en jaulas individuales. "Unos tres kilos al día", apunta. Comen al atardecer. "La dieta es completa: vísceras frescas de cordero, carne picada de caballo, conejos enteros, huesos, etc. Un día a la semana ayunan para purgar". Cada cierto tiempo les estimulan el instinto escondiéndoles heces y orines de animales.




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