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Así nacen los 'atletas' más rápidos

 "No es normal que una yegua dé a luz en mitad de la pradera y a plena luz del día", explican los cuidadores y veterinarios que trabajan en la dehesa de San Juan, en Milagro, una yeguada donde nacen y crecen desde hace seis años algunos de los mejores caballos pura sangres del mundo. Lo habitual, añaden, es que entre los meses de febrero y mayo (periodo de partos), después de once meses de gestación, lo hagan en las parideras y durante la noche.



El pasado siete de marzo, sin embargo, hubo una yegua que se saltó todas las "normas" de la naturaleza en este paraje de la ribera navarra.Sucedió a las once de la mañana. Azotaba viento del cierzo. La jornada era fría y seca. El potrillo, que pesó 58 kilos y tardó 25 minutos en ponerse de pie y andar, nació en buen estado de salud. Bitinia dio a luz en uno de los 64 prados de la finca. Una auténtica fábrica de campeones de  280 hectáreas y 120 "boxes" (establos), donde ya han nacido este año (2010) 32 potros pura sangres. Una alfombra verde que se extiende paralela al río Aragón, a escasos tres kilómetros de la localidad de Milagro y a cuarenta minutos de Pamplona. Un remanso de paz en mitad de la nada. Alrededor de 200 equinos se preparan para ser los mejores caballos de carreras.

Juan Luis Candendo Zabala, veterinario de este refugio de campeones los describe como unos "atletas" más rápidos y valiosos del mundo.En este oasis también moría el 27 de febrero -de ese año- a causa de un infarto, una de estas leyendas cayó desplomado. Dyhim Diamond, el mejor semental de todos los tiempos fallecía "por sorpresa" mientras se dirigía a las ocho de la tarde a la nave de "cubrición". Se le preparaba para cubrir a Castalia (yegua propiedad del Duque de Alburquerque). Tenía 18 años. Para José Hormaeche, veterinario y director de la yeguada, Diamond será un ejemplar irremplazable.
Caprichos de la naturaleza, el 11 de marzo, a las diez y media de la noche, nacía, esta vez en una de las parideras de la yeguada, la última descendiente, hasta la fecha, de este semental. Karlinight engendró a una potranca de 52 kilos. Los potros son de los pocos animales domésticos que no reciben un nombre propio hasta que no son subastados. Es su nuevo propietario quien se lo pone. Hasta entonces, se llaman igual que la madre.

Historia de los pura sangres
Alrededor de este mundo de los pura sangres se ha creado una potente industria de cría y de carreras. El año pasado -sirva de ejemplo- en esta yeguada se subastó un potro por 43.000 euros. Un alto precio de compra que, sin embargo, apunta Hormaeche, es bastante inferior a los años previos a la crisis. "Han bajado bastante, un 30%", expresa, recordando la mayor venta. "Si no recuerdo mal fue en 2007. Pagaron 95.000 euros".Para determinar el origen de su linaje hay que remontarse a la Inglaterra de los siglos XVII y XVIII. Es entonces cuando empezaron a cruzarse caballos locales ingleses e irlandeses con los importados de Arabia. Enrique VIII fue quien fundó el primer Royal Passok. Una carrera en la que se alcanzó una velocidad máxima de 80 kilómetros por hora. Fue en 1660 cuando Carlos II dio el empujón definitivo. La estirpe evoluciona hasta los ejemplares que hoy conocemos. Todo un ejemplo de éxito de ganadería selectiva. "Son caballos muy nerviosos. Muy sensibles y frágiles. Con galope ligero", indican sus cuidadores.
Las carreras hípicas constituyen su ámbito predilecto. Destacan también en saltos de obstáculos. Su alzada media se sitúa entre los 162 y 164 centímetros. Las capas de colores se presentan regularmente en alazán, retinto, colorado, colorado tordillo y tordillo chancaco o ruan. Su cuerpo es de perfil recto, largo, esbelto y poco proporcionado. Sus riñones son más fuertes que los de un caballo normal, lo que proporciona más potencia para el galope. Las extremidades posteriores son más grandes y largas, mientras que las anteriores son delgadas, con antebrazos musculosos y articulaciones grandes y planas. Siempre están en alerta. Los ollares de la nariz son de gran tamaño, propicios para una oxigenación rápida.

Una madre en alerta
Aunque la visión en color de estos "atletas" es limitada, antiguamente se pensaba que no distinguían los colores, la primera tonalidad y el primer rostro que pudo descubrir Bitiniaal nacer fueron el verde amarillento de la dehesa de Milagro y la sonrisa de Juan Luis Candendo Zabala, su veterinario. "Has tenido suerte", expresa Candendo sorprendido por la suerte del periodista, que ese día y a esa hora se encontraba en la yeguada. "No es normal. Esto sólo ocurre una vez al año".
En el lugar del parto, el potro yace tendido en la pradera, con la cabeza ligeramente alzada en busca de una madre siempre en alerta constante ante el número de extraños que les rodean. La placenta, de unos dos metros de largo, le cuelga hasta el suelo enredándose entre uno de los dos pies traseros. Juan Luis y Cristina permanecen en todo momento a su lado. Observan. Toman tiempos. "Hay que esperar a que se calme", explica Juan Luis. "Es una yegua con carácter y está muy nerviosa. Hay que tener mucho cuidado", expresan. "Es importante tomar los tiempos para comprobar que todo entra en los parámetros normales". Veinticinco minutos después, el potro logra ponerse en pie. "Te sonríe la suerte. Habrá que comprar lotería hoy", ríe. "El potro puede tardar dos horas en levantarse", sostiene. Cristina, ayudante en prácticas en la yeguada, aprovecha para comprobar el sexo: "¡Es macho!", profiere. Juan Carlos anuda la placenta con una cuerda. Acto seguido, usando el calostrómetro, mide la calidad del calostro, la primera leche materna de la yegua. "Todo correcto", precisa. La primera leche materna es de vital importancia por su contenido nutricional y su protección ante posibles enfermedades e infecciones. "Por eso es importante que amamante cuanto antes". Al terminar la medición, tiran de Bitiniay el recién nacido hacia las cuadras. En el camino, la yegua se revuelve una y otra vez en busca de su retoño, que se retrasa. Hay que pararse cada pocos metros. Eva Guisasola se encarga de empujarle desde la grupa. Parece mentira que este pura sangre de 58 kilos y con menos de una hora de vida se vaya a convertir en un atleta de élite de 450 kilos. Parece increíble que un día pueda llegar a registrar una velocidad máxima de 64 km/hora.

Ya en la zona de parideras, los cuidadores se encargan de pesarlo e introducirlo en su hogaracondicionado para las circunstancias. El suelo es una especie de colchón de paja limpia. Del techo cuelgan dos lámparas de calor. Varias cámaras de vigilancia garantizan su seguridad. Bitinia se alimentará durante los cinco o seis meses siguientes de la leche de su madre. En junio o julio de 2012 se le destetará, y un año después será subastado. Habrá conseguido un peso aproximado de 400 kilos. Se habrá transformado en un yearling, un potro de un año de edad. A partir de ahora, se le entrenará para aceptar las órdenes de su jinete y fortalecer los músculos. En definitiva, comenzará una nueva vida fuera de la dehesa. Entonces, recibirá un nombre propio.




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