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"Vivir" bajo un árbol...

...y los políticos siguen sin querer mirar.
 Con la mirada en el suelo y la mochila en la espalda, como todas las tardes a la misma hora, el pequeño Aiman, de 10 años, atraviesa caminando el parque de la Biurdana de Pamplona de regreso a casa, cuando, de repente, algo le llama poderosamente la atención. Unos cartones sobresalen del interior de un árbol. Decidido, Aiman se ajusta bien la mochila, aparta las primeras ramas, y se mete dentro. Unos segundos después, sale gritando de un salto: "¡Ahí vive alguien!¡He oído algo. Hay alguien!", exclama nervioso. "¡Esta lleno de cartones y ropa!". Al pequeño no le falta razón. El interior es un "contenedor" lleno de cartones dispuestos en forma de cama. Huele a orines. Dentro no hay nadie. El sonido que probablemente le ha asustado procede de algún pájaro.
Más calmado, Aiman cuenta que es la primera vez que ve algo así. Que en su país, Marruecos, nunca había visto una "casa" dentro de un árbol. " Y me da mucha pena", esboza serio. "Seguro que no tiene dinero ni casa, por eso vive ahí", dice intentando encontrar respuestas. Varias personas que pasean con sus perros por los jardines indican que estos días han visto a una persona mayor durmiendo, pero nadie sabe quién es, y, mucho menos, conocen el motivo por el que duerme ahí. Sencillamente, no se han acercado a preguntar.Aiman prosigue su marcha. Tras de sí deja una imagen imborrable. Una fotografía que se presenta de manera más habitual en los "bajos" de las calles de Pamplona. De hecho, muy cerca de este parque, en las entrañas de la misma avenida Guipúzcoa, entre Trinitarios y el puente de Santa Engracia, un número indeterminado de personas buscan refugio donde poder sobrevivir. Colchones, mantas, bolsas de comida, latas, vajilla, cazuelas, algún que otro neceser, ropa, zapatos de niño... se acumula en esta "catacumba" de la miseria. En silencio, porque la pobreza no se escucha, encogida por el frío, como lo hacían ayer Mireia y Nerea en uno de los bancos del barrio de la Rochapea, retumban las palabras que el delegado de Cáritas Diocesana, Ángel Iriarte, pronunciaba ayer mismo en rueda de prensa en la apertura de un nuevo comedor social en Burlada: "No es más que un fracaso de esta sociedad y de las políticas sociales que nos están obligando a repartir alimentos, a repartir ropa, a abrir comedores sociales, no es indicativo de un éxito de la sociedad, sino de un fracaso", decía.


La historia de Mireia y de Nerea es la de muchos jóvenes de 30 años que se han quedado sin trabajo y sin ahorros. En su caso, no pudieron afrontar el alquiler de la habitación. Se vieron obligadas a dejarla hace 16 días. Mireia, que trabajó por última vez en febrero del año pasado en un bar y cuidando niños, se muestra optimista. "Es una situación rara", comparten, "nunca imaginamos que nos encontraríamos durmiendo en la calle. Y eso que ahora se lleva más o menos bien. Es casi verano y la temperatura es agradable", expresan somnolientas. Sus cuerpos están agarrotados por la postura. Han dormido poco. No han conciliado el sueño hasta las cinco de la mañana. "El día que podamos alquilar una casa o una habitación no nos lo vamos a creer. Ese día no vamos a salir de ella", manifiestan ilusionadas.

 








 La tasa de paro de los menores de 34 años se ha triplicado desde que comenzó la crisis, al pasar desde el 10,8% del tercer trimestre de 2007 al 33% en el primer trimestre de este año. Esto significa que, actualmente, uno de cada tres jóvenes de menos de 34 años que quiere y puede trabajar está en el paro.

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