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Oihana...

Chelsy es una perra "abuelita" de nueve años. Llegó hace tres semanas a la Sociedad Protectora de Animales de Mutilva Baja (Pamplona). Alguien la abandonó en Madrid, en plena autovía, en la cuneta. Por suerte, una voluntaria de la Protectora, que casualmente circulaba en ese momento por la zona, la recogió. Estaba muy asustada...". Así arrancaba el 11 de junio del año pasado un reportaje en Diario de Navarra sobre el abandono de los perros en Navarra. Su titular: "Más de 2.100 perros fueron abandonados", informaba de la situación. Chelsy, que no tardó en ser adoptada, se convertía en el nº333 que el equipo de la Sociedad Protectora conseguía salvar ese año en la Comunidad foral. Oihana Cervantes, su presidenta, resumía entonces el trabajo realizado como una continua lucha por la dignidad, el respeto y la responsabilidad de las personas hacia los animales domésticos. Un año después, esta batalla en favor de sus derechos se ha intensificado por culpa de la crisis, que ha provocado un aumento de abandonos. De hecho, en lo que va de año ya han recogido 110 animales.


Ojos somnolientos y una sonrisa con la que disimula el cansancio. Oihana no ha dormido en toda la noche. "¿No me ves las ojeras de ", expresa la presidenta de la Protectora, que se ha pasado toda la noche en vela dando el biberón a la última camada de cachorros abandonados. "Los dejaron dentro de una bolsa de basura, en la puerta de una clínica veterinaria. Les colgaba hasta el cordón umbilical", señala, "podían haber muerto deshidratados". Oihana explica que al caer la noche se los tienen que llevar a casa para seguir cuidándolos. "Las instalaciones no reúnen las condiciones necesarias para albergar a cachorritos menores de dos meses". Por el día, los ocho recién nacidos regresan a la Protectora y descansan en el interior de una canasta de plástico azul, junto a un calefactor eléctrico. "Parece que se van recuperando", expresa aliviado Ramón Castro, uno de los empleados. En ese instante, alguien llama a la puerta. "Vengo a por Lur, la perra de la fotografía que habéis colgado en Internet". Yoli, otra de las trabajadoras, sonríe al escuchar la solicitud. Ramón observa cómplice. "Me gustaría ver al perro", expresa el joven. "Luego, a la tarde, vendré con mi novia y decidiremos". Yoli presenta a Lur y le detalla algunos aspectos de su personalidad. "Tiene dos años. Es muy sociable". Andoni le corresponde con una sonrisa. "Nunca he tenido un perro y siempre me han gustado", sostiene. Yoli se pone seria. Le deja claro varios aspectos: "La adopción implica responsabilidad. Va a depender de ti al menos 12 años". Andoni mueve la cabeza en señal de aprobación y se despide. Las miradas regresan a la cesta azul. Es la hora del biberón. "Hasta seis al día", dicen riendo. Uno a uno los van alimentando, pero se quedan dormidos. "No tienen fuerzas ni para comer", esgrimen. "Por suerte, esta historia tiene un final feliz", asevera Oihana. "Nos hemos encontrado casos peores. En diciembre abandonaron dentro de una bolsa de basura a cuatro gatos. Los dejaron en un contenedor. Estaban a punto de asfixiarse. Hace unas semanas lanzaron al río en una caja a un perro de raza pomerania . La caja, por suerte, se orilló. Alguien que paseaba por la zona lo recogió. En otra ocasión -relata-, nos encontramos un yorkshire envuelto en mierda debajo de un coche...". La cadena de historias se interrumpe. Alguien llama a la puerta. "Hola, vengo a dejar mi perro", expresa un joven con rostro desencajado. El perro, un pastor alemán, se muestra nervioso. "Se llama Nala. Tiene 3 años", habla con un nudo en la garganta. "Es que la dueña del piso me ha dado ultimátum. No me deja más tiempo, estoy de alquiler", aclara. El joven se despide de Nala entre lágrimas. Yoli sujeta la correa con fuerza intentando tranquilizarlo.
"Hay menos adopciones que el año pasado y han aumentado los abandonos. La crisis está influyendo mucho", manifiestan. "Ayer mismo nos trajeron un cachorro de un año porque tenían que regresar a su país. En lo que llevamos de año ya hemos recogido 110 animales". Oihana y Ramón viajarán esta misma tarde con la furgoneta a la perrera de Logroño para salvar a todos los perros que puedan. "La perrera cobra 33 euros por sacrificio. Nos llevamos a todos los animales que podemos".
Cuando se le pregunta a Oihana si merece la pena tanto esfuerzo, tanta lucha, responde: "Me siento afortunada. He crecido en un familia en la que me han educado a respetar a los animales y plantas. Siempre hemos tenido más de un "peludito". Todos los animales han sido bien recibidos en casa y siempre se les ha mimado y cuidado como lo que son, uno más de la familia. Según iba creciendo me iba dando cuenta de que no todos los animales son respetados, y, lamentablemente, con la ley que tenemos, muchos son maltratados. Así que sentí que no podía estar sin hacer nada. Decidí hacer todo lo posible para ayudarles. Lo hago desde la Protectora de Animales y Plantas de Navarra. Luchamos denunciando el maltrato animal, cuidamos y salvamos animales abandonados, y, una de las labores más importantes, concienciamos en los colegios. Todos somos animales. Sí, claro que merece la pena", concluye dibujando una nueva sonrisa.

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