Ir al contenido principal

Colgados de la noria

 
 Para que luego digan que Navarra la tiene "chica"",profiere riendo el empresario Miguel Ángel Bañuls Sañudo, mientras dirige a gritos desde el suelo el montaje de la noria móvil más grande de Europa. Bañuls controla cada movimiento de sus operarios."No sé en qué medio de comunicación lo leí el año pasado", sostiene, "se decía que la noria de Pamplona era muy pequeña. Pues ahí la tenéis", apostilla sonriente.
Alrededor de 20 hombres, ayudados por una grúa de grandes dimensiones, se desenvuelven entre los brazos de hierro de este gigante como ágiles equilibristas. Suben y bajan con soltura. Los viandantes se detienen al descubrirlos y alzan su curiosidad hacia el coloso. Ellos siguen concentrados. Desviar la atención se vuelve un desafío mortal. "Están en el eje. A unos 50 metros", manifiesta Bañuls. Aquí, en el corazón de esta atracción de 600 toneladas y 70 metros de alto, Mohamed manipula unos cables. "Y todavía quedan 30 metros hacia arriba", señala Mohamed con una sonrisa pícara.
La noria, que ha "crecido" entre las calles Río Arga y Arbizu de la Rochapea, frente al parque del Runa y el paseo Anelier, cuenta con una visión panorámica de 360 grados con la que se permite disfrutar de una manera plácida y cómoda desde el interior de una cabina acristalada de una extensa vista de la ciudad. De ahí que la velocidad sea más lenta que en el de una noria tradicional. En cada viaje pueden subir simultáneamente 336 personas. Ocho por cabina. Está adaptada a personas con minusvalía. La iluminación la proporcionan 20.000 bombillas led de bajo consumo.
A partir del 15 de julio, estos acróbatas volverán a parapetarse en lo más alto para desmontarla pieza a pieza. El siguiente destino será Bilbao.













Comentarios

  1. hola ivan soy alex el chico que te entrego el casco y cinturon para que subieras, excelente reportaje, gracias

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

En el corazón del padre Melo, periodista y sacerdote jesuita amenazado en Honduras

¡Tío Ismael! ¡Tío Ismael!”. María abre la puerta de casa y  se lanza a la cintura de su tío, que acude a visitar a la familia. La niña se aferra a su mano y tira de él. La casa está enclavada a los pies de un majestuoso cerro selvático. Ismael entra a la sala y busca la espalda de su madre, sentada en una silla de ruedas. La abraza por detrás. Doña Lita, que es ciega y atesora ya casi un siglo de vida, toma la mano de su hijo y se la  lleva a la cara. Luego se acerca a la habitación donde su hermana pequeña, Inés,  se encuentra postrada en la cama por una enfermedad degenerativa. La besa repetidamente en la mejilla. Ella no se mueve ni habla. Le coloca  la palma de la mano sobre su frente y se queda en silencio. Silencios que gritan. Inés ha sido su confidente desde niños.
En su familia nadie llama Melo a Ismael Moreno Coto, un periodista y sacerdote jesuita amenazado de muerte por denunciar la violación de derechos humanos que se cometen a diario en su país. Le bautizaron con este a…

Mujer y Guardia Civil

Han pasado 30 años. 
En pleno 2018, en toda España son 5.526 las agentes en la institución, un 7% del total.  Su día a día se encarna en las historias de Pilar, Magdalena, Aránzazu, Sheila, Nerea o Sandra. "Aún falta trecho para la igualdad. Quedan unidades a las que aún no ha llegado una mujer”.













Texto Carmen Remírez
Fotos Iván Benítez
En treinta años han cambiado muchas cosas para la mujer en la sociedad y en la Guardia Civil. Desde el 1 de septiembre de 1988, el sexo ya no es un impedimento para acceder al Instituto Armado y algunas de esas pioneras que ese otoño estrenaron los precarios vestuarios femeninos en la Academia de Baeza (Jaén) siguen hoy vistiendo con orgullo el uniforme y el tricornio. Para seguir, en ese tiempo se ha normalizado mucho la condición de agente de la Benemérita en una sociedad en la que la lacra del terrorismo etarra es afortunadamente un mal recuerdo y no tienen ningún problema en dar la cara para estas páginas como mujeres, sí, pero como guardias civil…

¿Regresar a casa, a Siria?

Hubo un tiempo en el que los sirios vivían en familia. Sus casas se levantaban en torno a la familia. La vida confluía en casa de los abuelos y los tíos. Pero un día la guerra lo dinamitó todo, incluido el núcleo familiar. Ocurrió en marzo de 2011. Según la ONU, el conflicto continúa siendo la mayor crisis mundial. Más de 920.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en 2018. Este es el retrato de uno de estos núcleos familiares, al este de Alepo, un lugar arrasado por la metralla. El miércoles 20 de junio se celebrará el Día Mundial de las Personas Refugiadas.


"¿Regresar a casa, a Siria?”. La respuesta se encuentra en los motivos que condujeron a sus habitantes a convertirse de la noche a la mañana en refugiados y desplazados. Las razones de no querer regresar se hallan en el interior de edificios consumidos por el silencio. Porque esto es lo que queda en los barrios en los que nacieron y crecieron: silencio. El silencio de la muerte. El silencio de la destrucci…