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Buenos días, princesa

                                                      (Publicado en Diario de Navarra)

"Esta soy yo. La que te acaba de dar el papel. Me llamo Ana y tengo 26 años...". Ana es Ana Bendoiro. El papel, un mensaje de la Fundación Josep Carreras para sensibilizar de la importancia de ser donante de médula ósea. Ana entregó por casualidad este "papel" al periodista en la Plaza del Castillo de Pamplona.
"Buenos días, princesa". El "sms" que cada mañana envía Sara a su amiga Ana, después de un intenso día de tratamiento de quimioterapia, ha llegado una vez más oportuno a su corazón.
Todo comenzó a finales de febrero. Ana acudió a urgencias al detectar un bulto en el cuello. Al principio, lo relacionó con una contractura. Pensó que sólo necesitaría un relajante muscular y que se iría pronto a casa. Pero no fue así. Los médicos habían detectado algo. "Anomalías en la sangre", le dijeron. Debía ingresar en el hospital. "¿Tengo cáncer", preguntó a la hematóloga, comprendiendo de inmediato. En tres segundos, cambió su vida. "No podía respirar. Sólo piensas que te vas a morir. No reaccionas.Tus sueños, tus metas, tus alegrías... se desvanecen". Ana se negó a ingresar. "Quería irme de allí. No hacía más que llorar en aquél box abrazada a mi madre". A las dos de la madrugada, le subieron a la habitación. Permaneció ingresada cinco días. "Los peores de mi vida. Las noches eran muy duras. Piensas cómo vas a reaccionar. Se te cae el mundo encima". Le dejaron pasar el fin de semana en casa, pero el martes siguiente tuvo que volver a por los resultados. Le acompañaron sus padres, su tía y Sara, su mejor amiga. El diagnóstico era claro: linfoma de Hodgkin. Por suerte, la enfermedad no estaba avanzada. Con seis ciclos de quimioterapia y radioterapia sería suficiente. "Miedo", esa es la sensación que se le despierta hoy al evocar ese momento. "Por delante me quedaban seis meses de vómitos, fiebre, mareos y caída de pelo. ¿Cómo podría mantener la sonrisa". La respuesta la obtuvo en el instante en el que se vio en la sala de hematología, bajo las tres bolsitas amarillas de quimioterapia. "Te replanteas la vida. O me quedaba atrás con mi enfermedad o miraba adelante intentando buscar el lado bueno. Aunque la gente no se lo crea esta enfermedad esconde un lado bueno", manifiesta con sorpresa. "Empecé a ser mas fuerte. Más valiente. Descubrí las pequeñas grandes cosas. Te das cuenta de lo que te quiere la gente. Ves a unos padres valientes, los mejores del mundo, a unas primas que ahora son mis hermanas, y a unos amigos increíbles". Asegura que no ha parado. De hecho, ha elaborado una lista de "ilusiones" que quiere cumplir ya: saltar las hogueras de San Juan (objetivo cumplido), salir de "juevincho", viajar a Londres, Barcelona... sacar el siguiente cinturón de kárate. "El cáncer es una etapa más", añade sonriendo. Ana siempre sonríe.Una etapa que el 8 de agosto espera concluir al recibir su última sesión. En septiembre, si todo va bien, quedará completamente limpia. A partir de ese día, confiesa, y cuando los médicos se lo permitan, se hará un tatuaje en recuerdo de su abuela Flora, su segunda madre. "Dibujaré una flor en su honor. Una flor que no existe. Que sólo sea mía... y de mi abuela". Una flor que atesora un mensaje.

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