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23 días atrapado en su coche

Hasta que los seguros no se pongan de acuerdo, el alemán  Neuman Wolfgang Herbert, de 69 años, seguirá durmiendo dentro de su coche accidentado, un Citroen Berlingo, en el polígono Iturrondo de Burlada. Hoy cumplirá 23 días.
Su particular calvario comenzó el 12 de septiembre a las once de la mañana. Neuman conducía por la N-135, entre Rocesvalles y Burguete, cuando un coche se le echó encima. Chocaron frontalmente. Aunque a él no le sucedió nada grave, sólo un latigazo en el cuello, dice, el motor quedó completamente roto. "Menos mal que saltaron los airbags", gesticula. Tras hacer un parte amistoso, una grúa se encargó del traslado hasta el taller Beola en el polígono Iturrondo.
Neuman partió de Alemania para disfrutar de unos días de vacaciones. Su intención era atravesar Francia, visitar Pamplona, y dirigirse a Andorra. Después regresaría a su país. En total, seis semanas. Una costumbre que lleva a cabo una vez al año desde que se jubiló. "En esta ocasión creo que voy a gastar las seis semanas en la puerta de este taller", manifestaba ayer sonriendo. Porque este viejo marino de cargueros y conductor de camiones de largo recorrido jubilado siempre sonríe. No se lo quiere tomar demasiado en serio. El arreglo le puede costar unos 12.000 euros, "más de lo que vale el coche", expresa. "Al final tendré que volver en tren... y me acabo de enterar que mi hermana está ingresada en el hospital", espeta, sin perder el ánimo en ningún momento.Insiste en mantener la paciencia. "Todo va muy despacio, los seguros, las inspecciones...".
De turismo por la zona
Ayer, a las siete y media de la tarde, con el sol a punto de caer, Neuman pasaba el tiempo tumbado a lo largo de la furgoneta sobre un colchón, entre camisas colgadas en perchas, varios botes de comida y botellas de agua mineral. "Mientras haya tres supermercados alrededor no hay problema. Soy marinero. Un hombre fuerte".
Todas las mañanas acude al taller para asearse y el resto del día se dedica a hacer turismo por Pamplona y alrededores. "No puedo costearme un hotel porque me dejaría mucho dinero. Aquí estoy bien. El coche no molesta, está bien aparcado. Es como si fuera un ", bromea despidiéndose con un fuerte apretón de manos. En ese momento sale alguien del concesionario y le saluda. "Ya me conocen".

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