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Nuestras madres tienen 200 años

Era septiembre de 1912. El escritor alemán Waldemar Bonsels publicaba un libro infantil titulado . Una obra que alcanzaba su máximo tirón durante la segunda Guerra Mundial, inspirando a la conocida serie infantil . Pues bien, en septiembre de 1912 también nacía en Petilla de Aragón una navarra de mucho genio llamada Valeriana Sevilla Aguas. Y unos meses antes, el 25 de febrero, venía al mundo en Morentin de la Solana (Tierra Estella), Teófila Azparren Barrena. Ese mismo año, se hundía el Titanic. Caprichos del destino, la vida ha dirigido a estas dos mujeres por caminos distintos, hasta sentarlas en 1974 en la misma mesa en la boda de sus dos hijos. A partir de este instante, se convertían en amigas y consuegras. Probablemente, las únicas consuegras centenarias de Navarra.
Ni Valeriana ni Teófila saben quién es Waldemar Bonsels. Tampoco recuerdan la serie de televisión . Aunque saben leer y escribir, admiten con pena que desde muy temprano, a la edad de 8 años, se vieron abocadas a dejar la escuela. Desde entonces tampoco han disfrutado de vacaciones.
Hoy, 100 años después de su nacimiento, en esta ocasión sentadas en otra mesa, la del bar Rex de Pamplona, admiten al unísono que si volvieran a nacer se dedicarían principalmente a "estudiar y formarse".
Como todos los sábados a la una de la tarde y después de ir a la peluquería, Teófila y Valeriana han quedado para verse, conversar y tomar el tradicional mosto de la semana, al que también se suman Teresa Monreal Sevilla y Félix Gil Azparren, sus dos hijos.
La primera en presentarse en el bar es Teófila, que se sienta paciente con las dos manos sobre la mesa. Valeriana no tarda en aparecer. Llega apoyada en su bastón. Agarrada del brazo de su hija Teresa.Vale, como le gusta que le llamen, entra con la mirada baja para no tropezar con los escalones. Teo sigue en la misma posición, de espaldas a la puerta. Al descubrirse, se funden en un abrazo, una sonrisa y un beso. A su lado, Mª Teresa y Félix, sus dos hijos, les observan orgullosos. Sin decir nada. Para no romper este instante. "El sentimiento más profundo se revela siempre en el silencio", decía Marianne Moore, poeta estadounidense galardonada con el Premio Pulitzer. Un silencio que se rompe como un espejo frente al reflejo de los interrogantes. ¿Qué se siente al cumplir 100 años "Nunca pensamos que los cumpliríamos", relativizan. Las dos mantienen una buena memoria. "El pensamiento me pesa menos que los huesos", se queja sentándose junto a su consuegra. "¿Cuál es el secreto para vivir tanto Trabajar mucho. Ese es el secreto", expresan.
Las dos saben leer y escribir. De hecho, todas las mañanas repasan el periódico. "Les encanta", apostillan sus hijos, "pero tuvieron que dejar la escuela tan temprano... que no pudieron formarse", lamentan. De manera anecdótica, Mª Teresa se refiere al genio que se apodera de su madre cuando descubre en una esquela que una mujer o un hombre ha fallecido a los 83 años. "¡Quién los pillara !, suele exclamar al leerla", apostilla su hija.

El pueblo de Ramón y Cajal
Valeriana nació en Petilla de Aragón un jueves 12 de septiembre. "El mismo pueblo donde nació en 1852 Santiago Ramón y Cajal", esgrime orgullosa. Ese mismo jueves, Diario de Navarra publicaba en su portada (el periódico costaba 15 céntimos) la proeza de un piloto de aviones, un tal Garrós, que aterrizó planeando desde una altura de 5.000 metros tras pararse el motor de su avión en pleno vuelo. Así mismo, el periódico preconizaba un otoño políticamente caliente, "a cañonazos", indicaban, "lleno de nubarrones".
Teófila nació unos meses antes, el domingo 25 de febrero, en Morentin de la Solana (Tierra Estella). Un lugar del que evoca inmediatamente el perfume a tomillo. Ese domingo, el rotativo navarro abría su primera página, en una sección titulada Conversaciones, a cerca de la situación de crisis que existía en el Gobierno.
En casa de Vale eran 11 hermanos. "Mi madre murió cuando yo tenía 7 años", recuerda, "así que me enviaron a servir a casa de los Vélez". Con 23 años se casó con Martín, un albañil del pueblo, de toda la vida, del que le atrajo su habilidad con el silbido y la guitarra. "Y a mí me encantaba tanto bailar", manifiesta sonriente, como si por su cabeza acabara de proyectar su último paso de baile, al ritmo de la guitarra de su marido.
Teo era la segunda de siete hermanos Su infancia no fue muy diferente a la de su consuegra. Las dos crecieron sin niñez. "A los 8 años me enviaron a trabajar con mi abuela", dice seria. "No pasamos hambre. Mi madre era la hornera del pueblo y untábamos la miel en el pan", rememora relamiendo los recuerdos. Con 30 años conoció en Pamplona a Ambrosio, su marido. "Ambrosio era portalero. Se dedicaba a cobrar los recibos del agua en los pisos. Vivíamos en la calle San Antón, en el cuarto piso. Vino a cobrar un recibo y así nos conocimos", detalla exhibiendo una sonrisa pícara. Y con el tiempo, estas dos mujeres, en Navarra, dieron a luz a Félix y Teresa. Teófila tuvo ocho hijos y Valeriana, cinco.

Al contrario que sus madres, Félix y Teresa crecieron en Pamplona, en la calle Aralar. No tienen muy claro quién dio el primer paso. "Debió de ser cuando yo estaba yo en la mili", sostiene Félix. "Creo que fue ella", se aventura a señalar. "Yo era más tímido". Un rasgo, el de la timidez, que atrajo especialmente a su mujer. En 1974 contrajeron matrimonio en la iglesia de San Antón.
Al aludir a la muerte, no se acobardan. Ni Teófila ni Valeriana la temen. "Claro que tiene que haber vida", sostienen serenas, "por eso existe Dios". Lo único que realmente les crea una cierta angustia es "dar guerra" a sus hijos. Félix y Teresa desaprueban su intranquilidad con un gesto.

Sus días son muy rutinarios. Vale se levanta a las diez de la mañana, desayuna un café con bizcocho y después lee el periódico. La política es lo que menos les gusta. Le pone nerviosa. "Los políticos no dan las mismas oportunidades a todos los ciudadanos", afirma con genio. Osasuna, los toros y un buen plato de macarrones constituyen algunas de sus aficiones.
Teo se despierta a las ocho y media. Se levanta, toma un café con leche con pastas o tostadas, y acude a misa. En su caso, explica Félix -su hijo-, su fortaleza se debe a todo lo que ha andado. "Con 94 años andaba subía y bajaba, hasta 20 veces al día, las escaleras del edificio donde vivía en la calle Aralar. Era un edificio sin ascensor", espeta Félix. "Y en Mendillorri, en casa de sus hijas, por ejemplo, iba a misa todos los días caminando, desde la chimenea hasta la iglesia. Desde que no anda tanto se le nota un más baja", lamenta. Dos de sus aficiones también son Osasuna y los toros. "Y también la verdura y la fruta", añade.

Nacer es solamente comenzar a morir, escribía el novelista francés Théophile Gautier en el siglo XIX. En este caso, ante la pregunta "¿y si volvieran a nacer", las dos se miran al espejo de la vida y responden: "Estudiaríamos".
- "¿Y si pudieran cumplir un sueño".
- "Que estemos todos bien", se adelanta Teófila. Valeriana precisa que ya lo ha cumplido. El alcalde de Petilla de Aragón le regaló un ramo de flores el día de su cumpleaños. "Por ser la primera en cumplir los cien", dice Teresa. "Fuimos al pueblo a entregárselo a la Virgen de la Caridad, en compensación. Ese era su sueño".

 
Los datos del Instituto de Estadística de Navarra del 1 de julio pasado indican que en la Comunidad foral hay 203 personas empadronadas con 100 años o más (36 hombres y 167 mujeres). Longevidad que crece en sintonía con el de la población nacional y mundial. En España viven 11.200 personas centenarias. Los demógrafos denominan a este fenómeno la cuarta edad. Y aunque Galicia es una de las zonas geográficas más envejecidas del mundo (con un 22% de la población por encima de los 65 años), el mayor número de personas con cien años se encuentran en Cataluña, según los datos de Instituto Nacional de Estadística (INE). En esta comunidad hay registradas 1.651 personas. Le siguen Andalucía con 1.606, Madrid con 1.437, Castilla y León con 1.301 y Galicia con 1.176. 





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