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Retrato de la Trata en Navarra


Lydia Cacho, periodista y escritora mexicana, autora de una investigación sobre la trata de mujeres en el mundo, manifestó en 2010 en una conferencia en Pamplona -sentados entre el público había rostros conocidos del mundo judicial y de la política- que la trata  existe en el seno de esta comunidad y "que se mira hacia otro lado". Y advertía: "Lo tenéis con las mujeres nigerianas". Cacho resaltaba la importancia de luchar contra la trata."Lo que mejor viene a las redes de trata de mujeres es que la sociedad crea que no se puede hacer nada y acepte esta explotación", decía, reclamando "mirarse a los ojos" para detectar el problema. "Es la esclavitud del siglo XXI".  Han transcurrido seis años desde que la escritora sacase los colores a Navarra. ¿Y qué se ha hecho desde entonces? "Nada". Así lo reconocieron un año después fuentes de la Policía y Fiscalía.

"La trata de mujeres en Navarra existe pero no se actúa porque no hay voluntad política", manifestaban en 2012 fuentes de la Policía Nacional, justo un año después de que el Ejecutivo foral creara el Foro Navarro contra la Trata. "No es una prioridad", apostillaban. Asimismo, desde Fiscalía confirmaban esta información policial, y añadían: "Hay que trabajar más y dedicar más recursos policiales y asistenciales a detectar el problema, saber cuántas hay y en qué situación están". Las mismas fuentes de la policía reconocían que de vez en cuando se actúa en clubs. "A veces, hacemos el paripé y entramos en algún club", aseguraban. 
"Pero si no hay denuncias de las chicas lo tenemos complicado", revelaban. Tampoco ocultaban que si una mujer denuncia, "se está exponiendo". "Y no podemos garantizar su seguridad, igual que ocurre con las mujeres maltratadas", concluían. Organizaciones contra la  explotación sexual, como Villa Teresita, calificaban de "preciosas declaraciones de intenciones" lo que se hace desde las instituciones en relación con esta realidad. "Y nunca están acompañadas de acciones concretas", lamentaban. "Desde que se constituyó el Foro contra la trata, no ha habido ni una sola acción más".   

En 2011, la exconsejera de Asuntos Sociales, Familia, Juventud y Deporte, Maribel García Malo,  abrió el acto de constitución de este foro: "Todas las entidades que estamos aquí reconocemos que la trata de personas con fines de explotación sexual existe, que también ocurre en nuestra Comunidad, que no queremos volver la vista a esta realidad y que, además de expresar nuestro rechazo, queremos mejorar nuestra intervención ante esta realidad". En él, participaron además los departamentos de Relaciones Institucionales, Salud, Justicia e Interior (incluidas todas las policías), y otros agentes sociales y religiosos. Este foro, sin embargo, no contó con jueces y fiscales. De hecho, el ex fiscal jefe, Javier Muñoz, recibió una carta informativa de la consejera siete meses después. Desde Igualdad explican entonces esta ausencia alegando que sólo contaban en el Foro con los organismos que normalmente "intervienen directamente en la calle". Entre las tareas de las que se responsabilizaron se encontraban, entre otras, la elaboración de un informe sobre la situación de las mujeres explotadas por redes de trata en Navarra, región que representa junto a Galicia a las comunidades autónomas en el plan de lucha estatal. Tras esta declaración de intenciones, solo quedaba actuar. 
                                Las manos de Djanet durante la entrevista.

Primer reportaje (Publicado en Diario de Navarra en 2011)
De Nigeria a Pamplona
Han pasado tres meses desde que la escritora mexicana apuntase directamente contra las mafias en Navarra, y es ahora cuando una de estas chicas, de 19 años, se atreve a hablar. Lo hace con miedo. Mucho miedo. Teme que su jefa o las jefas del resto de las chicas que son obligadas a prostituirse en la calle, los clubes de carretera y los pisos de cualquier barrio, les puedan causar algún daño tanto a ellas como a sus familias. Todavía está muy reciente el asesinato de la joven Yamiled Giraldo tras denunciar a su proxeneta. Por este motivo, esta chica, presumida, independiente, amante de la música y el baile, cambia su nombre en este reportaje por el de Djanet. De la misma manera, se han modificado algunos aspectos de su perfil, para salvaguardar su identidad. Ella daría la cara, denunciaría su caso, pero sabe que, si lo hace, su vida y la de su familia, correrían peligro.

Djanet aterrizó en Navarra hace dos años de la mano de una mujer nigeriana, su actual jefa. Ella le captó en su país. "Me sacó de la miseria", explica Djanet, "trabajaba por 20 euros al mes". A partir de ese momento, Djanet contraía una deuda de 30.000 euros, que debe pagar "a vida o muerte". Para obtener este dinero, se ha visto obligada a prostituirse en la calle y ejercer en pisos y prostíbulos de carretera. La joven conoce bien estas tres realidades. De momento, ha abonado 20.000 euros y confía en sufragar pronto el resto de la deuda. "Algún día reharé mi vida", expresa ilusionada.

Es martes. Djanet se ha levantado a las doce del mediodía. No ha comido, "no quiero engordar", dice, en unas horas volverá al club de alterne donde le obligan a prostituirse. Su horario varía. Hoy le toca de ocho de la noche a cuatro de la madrugada, los fines de semana puede prolongarse. Ayer a la noche tuvo cuatro clientes, "es la media, pero hay días en los que no hay ninguno". Al principio, responde tímida, sin hacer referencia a sí misma. Con el paso del tiempo va hablando de su propia realidad. Habla ante dos mujeres y un hombre. A él no lo mira. No prueba el café. Sólo da vueltas a la cucharilla.

¿Conoce muchas chicas en Navarra que estén obligadas a prostituirse?
Sí, hay muchas. Unas lo hacen porque quieren y otras obligadas. Son más las que están obligadas.
¿Por qué salió de su país?
Yo trabajaba de peluquera, peinaba, hacía las uñas, también trabajaba de camarera, todo iba bien hasta que mi padre murió.Tenía 14 años. A partir de este momento, todo cambió. Un día vino una mujer y me dijo si quería viajar a Europa. Aquí, en Europa, decía, se gana mucho dinero.
¿Qué hizo?
Qué voy a hacer. En África las chicas mueren por partir hacia Europa, pero nadie sabe qué ocurre en Europa. Me dijeron que me iban a enviar a España en un avión directo. Me engañaron. Un día, esa mujer me llama y me dice que tengo que ir a Kano (Nigeria). Allí despegaría el avión. Al principio, nos juntamos seis personas que íbamos a hacer el mismo camino. Salimos en autobús. En Kano nos metieron en una casa. Nos aseguraron que en cuatro días saldría el avión. Pasaba el tiempo y el avión no salía. El guía (contratado por la mujer) nos dice que hay problemas para tomar el avión y que debemos ir a otra ciudad. Nos meten en un camión y partimos. Esta vez somos 40. El viaje dura 12 horas. Llegamos a un sitio despoblado. Nos retienen en una chabola durante dos meses, malcomiendo, sin higiene. El guía nos dice que hay que salir caminando hacia el desierto. Tardamos 25 días. Andamos de noche. Descansamos de día. Sin comer, bebiendo poco. Algunas personas mueren. Si alguien se retrasaba, se quedaba atrás, nadie se preocupaba por ella. Yo me retrasé y el grupo siguió hasta Argelia. Me ayudaron unos nativos. Alcancé al primer grupo en Tamanrasset, el sur de Argelia. Las 40 personas ya se habían dispersado. A los seis que salimos juntos nos alojaron en una casa tres días. Un día, llegó la policía, entró en la casa, acusándonos a las mujeres de prostitución, y nos llevaron a la cárcel. Nos maltrataron. Nos deportaron a Mali. Allí, cada uno buscó su camino. El guía, al oler a la policía en Argelia, nos abandonó a nuestra suerte. En Mali permanecí un mes. Apareció un hombre que se ofreció a ayudarme a llegar a España a cambio de dinero. Hizo lo mismo con otras siete personas. Juntos nos fue llevando hasta Marruecos en coches que alquilaba. En este país estuvimos tres meses. En ese tiempo, las mafias fueron preparando los destinos de cada uno, quién les esperaba, dónde iban a ir, etc. Una noche nos despertaron y nos llevaron a escondidas hasta Tánger. Salimos en patera hacia Tarifa. La patera se hundía por el peso. Íbamos 45 personas; los hombres, achicaban agua y las mujeres rezábamos. La Guardia Civil nos auxilió.
¿Qué te encuentras en España?
Nos dieron un documento donde se decía que sólo podíamos estar tres meses en España. Después nos dejaron libres. Las mafias volvieron a contactar con nosotras. Recuerdo mucho frío y mucho miedo. Estaba en un país donde no sabía cómo iba vivir. Al final, mi jefa se comunicó conmigo y me trajeron aquí. Me sentía feliz, llamé a mi mamá y le dije que ya había llegado.
Al principio, la jefa fue cariñosa conmigo, pero cambió. Tres días después de llegar a Navarra, me obligó a ir a la calle.
¿Era la primera vez ?
Sí. Pasé tanto frío. Nunca había sentido tanto frío, No pude hacer nada. Yo no lo sabía, pero las chicas iban vestidas con cinco jerséis y yo iba con uno. No aguanté. Volví a casa antes de la hora. Ella se enfadó. Me gritó, me decía que tenía que trabajar, que esforzarme más, que ella también había estado en la calle, que sabía lo qué era y que había ahorrado el dinero suficiente para traerme. Me sentí muy mal. Al día siguiente, me sucedió lo mismo. Regresé a casa y por miedo me quedé durmiendo en el rellano hasta las cuatro de la madrugada. No podía soportar el frío. Me enviaron a un piso de prostitución y luego a varios clubes de carretera para poder pagar la deuda. Al principio no me dejaban dormir. Si dormía más de cuatro horas, problemas, siempre problemas. Lloraba mucho, hablaba con mi madre, ella me decía que debía aguantar. Mi jefa tiene un negocio. Yo le ayudaba en casa, le lavaba la ropa, trabajaba en el negocio. Pero ella me gritaba continuamente. No podía más. Tenía que ganar dinero para la casa, la comida, la deuda... Nada es gratis.
¿Hay muchas chicas obligadas?
Un 80% de las chicas están obligadas. La mayoría de las africanas venimos aquí con jefe o jefa, con alguien a la que tenemos que pagar durante mucho tiempo. No hay otro motivo. A veces son 45.000 euros; el mínimo 25.000.
¿No hay otra manera de conseguir ese dinero?
No tenemos permisos, ni papeles, las jefas nos quitan los pasaportes, y eso nos dificulta encontrar algo digno. Hay que comer y pagar la casa. Es un infierno. Puedo denunciarlas y ella iría a la cárcel, pero con una sola llamada que haga a mi país... en Nigeria no es igual, no hay justicia. Aquí la policía puede protegerte. Allí no. El dinero te calla la boca. Las chicas tenemos miedo. Sólo una llamada -repite-. Hay jefas que son muy malas, que nos pegan. El otro día escuché que una había tirado aceite hirviendo en la cara a una de estas chicas.
¿Cómo se siente una mujer en estas circunstancias?
Este trabajo tiene una ventaja y un inconveniente. La ventaja es que sí ganas dinero, la desventaja es que estás destrozando tu cuerpo. Sientes que te están... -se queda en silencio-"raped" (violada en inglés) - pregunta-, ¿sabes lo qué significa "raped"?. Sí, eso, violando. Y hay que aguantar. Ellos no tienen paciencia para esperar. Hay que pagarles y punto. Como mínimo, tardas un año.
¿Hay personas que trafican con mujeres desde Navarra?
Mujeres africanas y blancas, todo el mundo tienen una persona detrás. La gente se fija en los africanos, pero las brasileñas también lo están pasando mal. Lo que pasa es que las mafias africanas son las peores. Todas venimos con una deuda. Las latinas deben cumplir un año de contrato. Durante este tiempo están obligadas a entregar todo su dinero. Hay madres e hijas que están calle. Mujeres que se traen a sus propias hermanas para que se prostituyan.
¿Y todo esto ocurre en Navarra?
¿Cuántos jefes puede haber?
Hay muchos. Normalmente, una jefa por cada dos o tres chicas.
¿En los pisos de prostitución hay jefes que son de aquí?
No sé. Nunca he visto blancos.
¿Cuántos años tenéis?
Unos 20 años.
¿Seguro que no hay menores?
No, -duda antes de responder- .
¿Cuánto se gana en un club ?
No se puede decir, no es un dinero fijo. Antes había chicas que ganaba 3.000 euros; ahora con la crisis un máximo de 1.500.
¿Qué parte del dinero se entrega al jefe del club?
Depende. Hay clubs que dejan la mitad para la chica.
¿Cuántas horas?
Ocho. Pero hay clubs en los que estás 24 horas.
¿Y si no ganas nada?
Ellos no te creen. Piensan que te lo guardas.
¿ Aparte del jefe del club, tienes que pagar dinero a tu otra jefa?
Sí.
¿ Cuánto dinero queda para pagar la casa y la comida?
No gasto mucho, unos 500 -con este dinero, Djanet tiene que comer, pagar el alquiler, y enviar a su madre a Nigeria -en un momento de la conversación, Djanet explica, sorpresivamente, que, en cierta manera, les están muy agradecidas a estas personas a las que denominan jefas por sacarles de la miseria de África-. Todo es mejor que la vida en Nigeria. Prefiero vivir así que volver allí.
Sin embargo, vive vendiendo su cuerpo y se siente violada...
Muchas veces. No debían obligarnos a vender nuestro cuerpo, si nos diesen más tiempo para devolver el dinero...
¿Les tratan bien los clientes?
A veces es horrible. Hay sádicos. Pero hay que aguantar, ellos pagan. Los fines de semana es cuando más clientes vienen.
¿Por qué no denunciar?
Miedo. Claro que nos da miedo. Yo soy cristiana, algún día lo pagarán. Ellos también tienen miedo a la policía. No quiero denunciar, con una sola llamada a mi país, mi familia peligraría. Allá la policía se cae con un poco de dinero. No se puede denunciar. Aunque vayan a la cárcel no van a parar.
¿Por qué se permite la prostitución en Navarra?
No lo sé. Las africanas no tenemos los mismos derechos. Los trabajos que sobran son para nosotras. Nunca he visto a una africana en un bar. No te dejan ninguna oportunidad. No te puedes quedar en casa, hay que comer.
¿Cree que la trata de mujeres en Navarra se permite?
Para mí, sí. Ahora no hay nada más. No hay solución sin trabajo. Que nos den trabajo.
¿Qué le diría al presidente del Gobierno de Navarra?
Que nos de más oportunidades a las mujeres africanas. Muchas queremos cambiar, por ejemplo en una tienda. Yo no quiero volver a mi país. Allá es más duro que aquí. Es mejor sufrir aquí.
¿Dejaría su jefa que cambiase de trabajo si le diesen la oportunidad?
Podría hablar con ella, si le doy el dinero no le importaría.
¿Cada cuánto tiempo le paga?
Si vives con ellas pagas cada dos semanas. Si vives fuera, cada mes. Ellos también tiene miedo.
¿Para ti qué significa la libertad?
Estar libre, sin que nadie te controle.
¿Eres una mujer libre?
Totalmente no -ríe-.
¿Cuál es tu sueño?
Estudiar. Ser bailarina. Abrir una peluquería. Trabajar en algo distinto. Pensé que al venir obtendría una oportunidad. Por eso hay tantas chicas que se dedican a la prostitución. Quieren cumplir un sueño.
¿Hay muchas africanas en los clubs?
A las africanas les gusta más la calle porque en los clubs te obligan a pagar lo que ganas con el jefe, beber mucho alcohol y tomar droga.
¿Se mueve mucha droga?
Si hay chicas blancas, hay droga. Los jefes del club te lo dan porque hay algunos clientes que les gusta tomarla con las chicas. Beber no está tan mal, fumar no está tan mal, pero la droga... no es vida. Hay clientes a los que no les gusta colocarse solos. Obligan a las chicas a tomar y ellas se acaban haciendo adictas. Pero no se puede decir a los que más pagan. Y los que más pagan suelen ser los que esnifan.
¿Qué tal se lleva con el resto de las chicas africanas?
No puedo tener confianza en ellas. No sabes si te está vigilando para que no te guardes el dinero. Estoy bien solita, sin amigas.
Djanet se saca el anillo de su mano izquierda y se lo coloca en el de la derecha.
"Me tengo que ir. A las ocho empiezo a trabajar".

Segundo reportaje: (Publicado en 2012)
Los pisos funcionan 24 horas al día
S. llegó a Pamplona en 2008. Vino procedente de su país de origen. "Salí de allí sin nada, sin una sola moneda en el bolsillo. No voy a mentir, no voy a decir que vine engañada", admite. Pero, enseguida, matiza: "Sabes a lo que vienes, sí, pero nunca imaginas lo que te espera". Nada más pisar suelo español, acababa de contraer una deuda de miles de euros con aquellas personas que se encargaron de tramitarle el pasaporte y de organizar el viaje. La metieron en un piso y allí comenzó a prostituirse. "Yo nunca había hecho aquello. No sabía", dice. "La jefa me enseñó".
Los pisos funcionan 24 horas al día. "Si llega algún borracho de madrugada y estás dormida, tienes que levantarte y atenderle", dice. Tiene un día libre a la semana, el lunes. Y con libre se entiende que es una jornada en la que no está en la obligación de ejercer, porque su libertad acaba en las cuatro paredes del piso. "No puedes salir más que un momento, debajo de casa y para algo puntual, y siempre acompañada", explica. Simplemente dar un paseo es algo impensable.

Sin saber todavía palabra de castellano, sus jefes la mandaban recorrer bares nocturnos y obras de construcción para intentar captar clientes. Llevaba tarjetas que repartía con su dirección y teléfono. "A veces las perdía adrede porque no quería que nadie viniera, pero luego los jefes no se explicaban cómo no tenía más trabajo". Dice que tiene grabada a fuego la frase que le obligaban a repetir, a modo de reclamo, mientras intentaba "venderse". "Yo ni siquiera entendía qué estaba diciendo", apunta. "Después, cuando aprendí español y lo entendí.". El pudor le impide reproducirla.
Cada una de las chicas que ejercen en el piso, cuatro o cinco, le pagan a la jefa 50 euros al día más la mitad de los beneficios de la jornada. "No se porta mal con nosotras, no nos trata mal, porque le interesamos", razona.

S. ha pasado por varios pisos, distribuidos por distintos barrios de Pamplona. "Cuando empecé, había muchísimos, muchísimos", explica. Entre sus clientes, no solo están los borrachos que llegan de madrugada. "Hay de todo: médicos, abogados, policías", menciona. "Si quisieran hacer algo para acabar con esto, lo tendrían facilísimo", piensa. S. también ha ejercido por su cuenta, sin jefes, junto a otras compañeras. "Eso es distinto. Trabajas si necesitabas el dinero. Si no, no. No hay nadie que te obligue". Cree que no todas las prostitutas son víctimas. "Las hay que han podido dejarlo y no han querido. Se han acostumbrado a ese nivel de vida", piensa. "Cuando deje la prostitución, recuperaré la dignidad. Volveré a sentirme una persona", expresa. A pesar del calvario que ha vivido en Pamplona, dice que no quiere volver a su país. "Aquí lo he pasado muy mal, pero lo que pasé allí antes fue todavía peor", dice, sin entrar en detalles.

Prostitutas denuncian ser fotografiadas en la calle
Sucedió el miércoles a las doce de la noche en el polígono Agustinos de Pamplona. Agentes de la Policía Foral detuvieron el coche patrulla en la calle donde normalmente varias chicas ejercen la prostitución y procedieron a identificarlas. Al carecer de pasaportes, los agentes las pusieron contra la pared y las fotografiaron una a una. "Acto seguido, nos amenazaron con detenerlas y llevarlas a la brigada de Extranjería de la Policía Nacional si volvían a salir sin identificación", relata una de las chicas.
Este hecho, expresan fuentes judiciales y de la propia Extranjería, "no es el protocolo legal para identificar a nadie. De hecho, es " ilegal" -subrayan-. Así no se actúa. Sólo se les puede fotografiar en comisaría y tras ser detenidas", explican. Según indican algunas de las organizaciones que las ayudan a dejar la prostitución, estas chicas, en su mayoría nigerianas, son víctimas de explotación sexual. "Normalmente albergan una deuda de unos 40.000 euros", señalan. "Son los mismos proxenetas los que se quedan con sus pasaportes y así no pueden escapar".

"Ahora falta un plan de acción"
Desde Igualdad reconocen que no se ha elaborado un protocolo de actuación contra la trata, pero aseguran que sí se ha cumplido con el compromiso al desarrollar una propuesta de intervención. Explican que en junio se reunieron y dieron a conocer un documento sobre el estado de la prostitución en la Comunidad foral (www.navarra.es). "El compromiso ahora es desarrollar este plan de acción", sostienen desde Igualdad, reconociendo que tenían que haber arrancado en septiembre. "Con los nuevos nombramientos se ha parado todo. No nos hemos vuelto a juntar", apuntan, "hemos visto oportuno esperar al nuevo equipo".

Tercer reportaje (Publicado en Diario de Navarra)


"Obligaron a prostituirme. Me violaron y apalearon"
"Me encontrarán. Si no es él, lo harán sus amigos. Estoy convencida. Pero no tengo miedo. Ahora soy feliz. He rehecho mi vida. Tengo trabajo y pareja. Soy muy feliz", susurra, con los ojos bien abiertos. "Antes no podía hablar por mi familia, pero ellos ya conocen toda la verdad. Sólo espero que mi historia sirva para que pierdan el miedo otras mujeres que son obligadas a prostituirse, como lo fui yo, y que no denuncian por miedo". Reclinada sobre el respaldo de la silla, las palabras de Adriana (éste es el nombre que  ha escogido esta rumana de 35 años para el reportaje) revuelven muy despacio el interior de una taza de café bien caliente. Aunque su rostro revela serenidad, en su interior se adivina un intenso mar de fondo. En cierta manera, confiesa, se muestra contrariada, algo decepcionada, por la actuación policial en su país. "No me lo puedo creer. Todavía no hay ningún detenido. Y han pasado siete meses desde que escapé", profiere diluyendo los pensamientos. "Obligaron a prostituirme. Me violaron y apalearon. Y dicen que no hay pruebas... ¿Cómo iba a ir al médico cuando me golpeó? ¿A qué espera la Interpol para actuar, a que me encuentren y me maten? Engañarán a otras y les harán lo mismo". Su voz se desinfla.

"La mayoría de las mujeres que venimos de Rumanía a Navarra y trabajamos en la prostitución hemos sido engañadas en un primer momento. Al llegar te dicen la verdad. ¿Por qué no se denuncia? Por miedo". Miedo es el término que más utiliza en la entrevista. "Miedo a que te violen. Miedo a que te apaleen. Miedo a que amenacen a tu familia...Yo estaba muy lejos de este infierno. Era una mujer dedicada a mi trabajo, a mi casa, a mi marido... ¿Cómo iba a imaginar que me ocurriría algo así". Adriana tiene claro que no va a volver a Rumanía. "No puedo. Él está allí. El hombre que me trajo y me obligó a prostituirme. Me está buscando. En agosto murió mi padre y no fui. Unos amigos me dijeron que preguntó por mí en el funeral".

El vendedor de fruta
Adriana nació y creció en un pequeño pueblo costero de Rumanía. La menor de cinco hermanos, siempre mostró un carácter inquieto e independiente. Al cumplir los 18 se independizó y se casó. "Me puse a trabajar en una tienda de venta de materiales de construcción", dice, acariciando con los dedos la taza de café. Confiesa que contrajo matrimonio ante la "presión social" que se infringe a las mujeres solteras en su país. "Pensé que me enamoraría con el tiempo", recuerda. "Él era un hombre muy trabajador. Muy buena persona. Nunca me levantó la mano". Adriana se mantuvo al frente de la tienda 15 años. "Era muy buena. Ganaba 200 euros al mes. El trabajo me absorbía. Apenas me quedaba tiempo para mis aficiones. Al llegar a casa sólo me dedicaba a limpiar y cocinar".
En 2011, todo cambió. A la crisis económica se sumó la personal, su matrimonio no funcionaba. "Me quería divorciar. Seguía sin estar enamorada, pero en mi familia no me dejaban. A mi madre le gustaba mi marido porque no me pegaba". Durante un tiempo vivieron en distintas habitaciones, pero bajo el mismo techo. "Hasta que no aguanté más y decidí marcharme de Rumanía".
A través de su jefe, contactó con N. (inicial real de su nombre), un vendedor de fruta de 44 años . N. había ayudado antes a otras mujeres a encontrar trabajo en el sur de Italia y en España. "Pensé que era muy buena persona. Conocía a su mujer y a su hijo. Me parecía un hombre correcto que se ganaba la vida honradamente". Se equivocó. Adriana comienza así un intenso periplo por el infierno de la trata de mujeres.


La primera noche en un club
Todo empezó el 18 de septiembre de 2011. Fue el propio N. quien la trajo personalmente. Pero al contrario de lo planificado, pusieron rumbo en coche hacia España en lugar de a Italia. El viaje duró cinco días. "Al principio me tranquilizaba diciéndome que iba a trabajar en el servicio de limpieza de un hotel en España por 1.200 euros". Pero no fue así. Su primer destino fue Navarra. "Nos alojamos en casa de su primo", explica. "Me lo dijeron nada más llegar a Pamplona. Riéndose. Me compraron ropa y todo. "¿Cómo iba a prostituirme siendo una mujer casada", les decía". Pero nada. Adriana no se lo podía creer. N. y su primo le quitaron el teléfono móvil. Al día siguiente comenzó el infierno. "La primera noche fue terrible. Tenía la cabeza loca. No hablaba español. Y vestida de esa manera, con esa ropa...". Esa noche Adriana estuvo con tres clientes y "ganó" 300 euros: setenta se los quedaba el club en concepto de alquiler de habitación. En la cuarta noche sólo ganó para la habitación. Y en la quinta, nada. "N. empezó a pegarme como un loco y a violarme porque no trabajaba lo suficiente. "Primero era él y luego el cliente", le advertía. "Yo le suplicaba que no podía. Que me dejara libre. Al final desistió. Me puso la ropa en la maleta y me dijo que volvíamos a Rumanía". Adriana recuerda perfectamente todo lo vivido. "Es algo que nunca podré olvidar".
El 23 de septiembre, regresó a casa con una deuda de 1.200 euros por los gastos del viaje. Un dinero que le persiguió sin piedad. "En Rumanía no dejó de acosarme. Quería el dinero. Decía que si no se lo devolvía se lo contaría todo a mi familia. Estaba aterrorizada. Una mañana se presentó muy temprano en mi casa. Me había conseguido un empleo de interina en Italia. No me dejó rechazarlo. ¿Por qué acepté? Creí que devolviéndole el dinero me desharía de él para siempre".

Adriana toma un respiro. "Me sienta bien hablar, no se preocupe", tranquiliza al periodista. "Pensé que el trabajo de interina me ayudaría a escapar de él. Y acepté", recuerda. El 4 de octubre, N. y Adriana se trasladaron al sur de Italia. "Allí, me encontré con que debía cuidar a una mujer mayor, muy gruesa, que no se podía mover de la cama...". "No duré más de un día", confiesa. "Me costaba mucho levantarla, yo era muy delgada. Una de las hijas me dijo que no valía y me echó. Al día siguiente nos tuvimos que ir a casa de su cuñada, que también vivía en el sur de Italia. "Durante el trayecto no dejó de pegarme y violarme. Siempre me violaba. Era tal la rabia que sentía porque no ganaba dinero. Un día abrió la puerta con el coche en marcha e intentó tirarme". Adriana cuenta que la cuñada se portó muy bien con ella. "No comprendía por qué estaba allí. Una noche nos quedamos solas y le conté toda la historia. Al principio no me creyó, pero días después supo toda la verdad al descubrirle golpeándome".

Dos semanas más tarde, Adriana recibió una llamada de España. Era una antigua compañera del club de alterne. "Quería saber a qué hora y que día iba a llegar. Al detectar que no sabía nada, colgó". Entonces, N. la tranquilizó. Volvían a Rumanía. "Sin embargo, antes de salir de Italia detuvo el coche en una gasolinera y me forzó a prostituirme con otras chicas que ejercían en el mismo lugar. Al negarme, sacó un cuchillo. Después me obligó a llamar a un familiar para que enviase 200 euros a España". El 23 de noviembre N. y Adriana condujeron hasta España. En esta ocasión, se dirigieron a otra provincia y se alojaron en casa de un amigo de N. Nada más llegar, sin apenas descansar, le obligaron a prostituirse en un club. "Era de un conocido suyo rumano y de una española. Así me controlaban". Allí ejerció un mes. "Me quedé muy delgada. Dejé de comer. Sentía tanto miedo. Lloraba todos los días", detalla. "Nadie puede imaginar lo que se siente...".

Rodean el club
Durante este tiempo conoce a dos chicas rumanas y les cuenta todo. Las dos se lo comentan al encargado, sin saber que es amigo de N. "Esa misma noche, a las cinco de la madrugada, me echaron del club". Entonces ellas contactaron con un cliente de confianza que le ayudó a escapar. El cliente no tardó en aparecer. Aparcó el coche en la misma puerta y esperó. Pero ttambién se presentaron en sus coches un grupo de rumanos que rodearon el club.

"Me forzaron a subir al coche. Pensé que era mi último día. Me dieron una paliza y me encerró. Tres días después entré a trabajar en otro club. Y luego en otro... En éste tenía una media de siete clientes por noche. Trabajaba de las cinco de la tarde a las tres de la madrugada. Sin parar. Terminaba agotada". "En muchos casos me obligaban a hacerlo sin preservativo". "Y después llegaba a casa y él me violaba. Siempre me repetía lo mismo: 'Primero yo, luego el cliente'. Una de las noches me defendí. Le rompí la camisa. Era la primera vez que le atacaba. Me dejó la cara amoratada de la paliza. Ni siquiera el maquillaje podía disimular los golpes", relata."Al día siguiente ni se me acercaban los clientes. Les daba miedo. Sólo gané dinero para pagar el alquiler de la habitación". Aterrorizada, al salir del club a las tres de la madrugada, no pudo contener las lágrimas. El portero le pidió que entrara de nuevo y esperara. Había visto a N. muy nervioso circulando con el coche por el aparcamiento. Fue el mismo portero quien avisó a la policía. Adriana y los agentes subieron a una de las habitaciones y conversaron. Tras poner la denuncia, la traductora le habló de un lugar donde le ayudarían y protegerían. De momento no sabe nada de N.. El proxeneta regresó a Rumanía y se dedicó a llamar con el teléfono móvil de Adriana a todos los contactos de su agenda. "Les contó todo. Así que mi familia ya lo sabe. He hablado con ellos y me siento más tranquila. Psicológicamente me encuentro bien. Fuerte".
Antes de terminar la entrevista, Adriana añade algo más: "Por favor, hay muchas mujeres como yo en España. En mi ciudad, el 50% de los hombres viven de la trata de mujeres. No podemos escapar. Normalmente son muy jóvenes. Muchos de los hombres son novios, amigos, incluso familiares...". Hace un breve silencio. Aprovecha para cambiar de ubicación. Se levanta y se acomoda en el sofá abrazando un cojín. "Yo no sabía lo que era la droga ni la prostitución. Las chicas en los clubes terminan alcohólicas o adictas a la cocaína. Nadie habla tampoco de enfermedades. El sida es una palabra tabú. No existe. A nadie le importa tu salud...". Las tazas de café se perfilan frágiles sobre la mesa. Adriana las observa satisfecha desde este rincón de la casa que la protege. "Me sienta bien hablar". Sonríe: "Ahora soy muy feliz".

Comentarios

  1. Si están pixeladas, por seguridad supongo, 2 fotografias, porqué no la primera ????

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  2. Gracias por la apreciación. Es una imagen que ella aprobó antes de publicarla.Lo que se prentende es que el lector lea el reportaje y a su vez pueda mirar directamente a los ojos de esta víctima de Trata. Aunque los políticos no quieran reconocer esta realidad, hay que mostrarla con todo su rigor. Estas mujeres, no lo olvidemos, son personas

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  3. Me alegra que trates el tema de la Trata de Blancas pues creo que es un problema del que la gente no está sensibilizada . Por una extraña razón , :(((
    Montse.

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La otra cara de las Maldivas

El paraíso también tiene dos caras. En Malé, por ejemplo - la capital de las islas Maldivas-, esta segunda cara se deja ver al atardecer, cuando el turquesa se viste de plástico. Una realidad poco conocida.
Empujados por el último suspiro del día, un pelotón de ciclistas se echa a la calle cargados de bolsas rojas de basura. Son los basureros del paraíso. Unos hombres enjutos que pedalean sin tregua, siempre erguidos y con la mirada fija en cada recoveco de hormigón. La ciudad es pequeña. No supera los seis kilómetros cuadrados, pero alberga más de cien mil habitantes y produce toneladas de residuos cada día. Con las bolsas rojas de los desperdicios colgadas del manillar, o de cualquier otro saliente de la bicicleta, los hombres enjutos serpentean por la urbe. Una vez obtenida suficiente basura, se dirigen al puerto, al final del malecón. Buscan la dársena correspondiente, normalmente un punto recóndito y ajeno a cualquier mirada curiosa y extranjera, y depositan su carga.En el puerto …

La cara oculta del Castillo de Olite

La cueva de los leones. Así llamaban los niños de Olite a la bodega del Palacio Real, hace 50 años, cuando se colaban en ella, a jugar, porque conocían al cuidador. Cuando el historiador olitense, Javier Corcín Ortigosa, se refiere a esta bodega, le abraza una sensación agridulce. Dulce, porque la primera imagen que le atrapa es la suya, de niño, jugando "a las aventuras", en busca de unos leones imaginarios que un día muy lejano rugieron dentro del mismo castillo en el que vivió Carlos III y su corte. Por otro lado, le aborda una sentimiento amargo; ya que aquella cueva aún permanece cerrada al público, mientras lucha contra el olvido. "Es una pena", lamenta Corcín. "Recuperarla supondría el enriquecimiento de la visita a este castillo", manifiesta. "La bodega se conserva, pero el exterior está tan deteriorado...", apostilla.
Lo primero que un visitante puede leer al entrar a esta fortaleza, símbolo de lujo y esplendor, mencionada por primera…