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Al calabozo por ser periodista




Imparable. Forma parte del día a día en Pamplona. El abuso de poder de algunos agentes de la Policía Municipal contra los periodistas se ha convertido en una práctica habitual, en una gran bola de nieve, empujada y auspiciada, que rueda imparable.
Lo he vivido en dos ocasiones (2008 y 2010). Creí que no debía concederle demasiada publicidad. Pensé que sería algo puntual y que se solucionaría. Sin embargo, el problema, por no atajarlo entonces, ha cuajado. De hecho, estos últimos meses varios compañeros gráficos han sufrido nuevas prácticas abusivas.Los agentes saben que pueden mentir a la hora de declarar contra los periodistas -hasta el momento les ha funcionado-, y su opinión es suficiente para contrarrestar y neutralizar la versión de los afectados.
        La primera vez que sufrí este abuso policial fue en 2008, en el atentado perpetrado por la banda terrorista ETA en el campus de la Universidad de Navarra.Se emitió en directo por televisión. Los espectadores pudieron ver atónitos el forcejeo de un fotógrafo intentando librarse de varios agentes de la policía local de Pamplona, que querían sustraerle la cámara fotográfica...hasta lograrlo.
El 9 julio de 2010 volvió a suceder. Eran las tres y media de la madrugada. En plenos Sanfermines.  Miembros de la Policía Municipal cacheaban en el centro de la capital a varias personas. En ese momento -me encontraba muy cerca-, saqué la cámara y registré la intervención. Un policía, al descubrirme, solicitó amablemente que me identificara. Hasta aquí todo bien.Y así lo hice. Sin embargo, al echar mano al bolsillo, reparé en que sólo llevaba encima la tarjeta de crédito. La entregué, facilitando asimismo el número del DNI. Mientras comprobaba que era periodista, continué con mi trabajo (como se puede comprobar en la primera instantánea). Sin entorpecer. De hecho, se ve a un joven con una bolsa llena de botellas paseando por la misma acera, incluso más cerca que el periodista. En seguida aparecieron otros dos policías, éstos más agresivos, arremetiendo con violencia. Al igual que pasó en el campus de la Universidad de Navarra en 2008, se aferraron a la cámara. Por lo que me resistí. Al comprobar que no se lo iba a permitir, me introdujeron en un furgón policial y me condujeron a comisaría. Al llegar a las dependencias, me dejaron varias horas en el calabozo.Eso sí, de la cámara ya se habían olvidado.
Esa madrugada me acusaron de "desobedecer los mandatos de los agentes de la autoridad y de interrumpir su trabajo".



Ante el recurso interpuesto, uno de los dos agentes alegaba que yo me apellido Jiménez y que no quise "identificarme de palabra".Sobran más comentarios.
Al final, no pude realizar mi trabajo, acabé en el calabozo y me han multado con 150 euros.

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