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Los eslabones de la cocaína en Navarra

Imágenes cedidas por la Policía Nacional 

La cadena de la cocaína en Navarra es fría e infinita y mantiene conexiones con redes internacionales de narcotráfico. Esta droga, la segunda más consumida en la Comunidad foral por detrás del alcohol, viaja desde el otro lado del Atlántico y entra en España, en mayor medida, por barco. Constituye un negocio que va en aumento. En este reportaje se muestran algunos de sus eslabones, entre ellos quienes controlan el tráfico de drogas... Historias en primera persona, como la de una joven vecina de Pamplona que fue detenida en República Dominicana al tratar de sacar droga de su país; la opinión de expertos de la Unidad de Drogas de la Policía Nacional; el relato de un ‘camello’ que distribuye cocaína en clubes de alterne de Pamplona y comarca; la visión de una prostituta que se ve obligada a consumirla... Y también, el testimonio de una ama de casa adicta a la cocaína y, en el otro extremo, el de una ex drogadicta.


     Vecinas de Pamplona sirven de 'mulas'         Le ofrecieron 15.000 euros. Aparentemente, era un dinero fácil. El trabajo consistía en viajar a su país, República Dominicana, desde Pamplona, recoger un paquete de cocaína en Higüey, al este de la isla, y regresar a la capital navarra, en la que vive junto con sus padres y sus dos hijos. Pero todo salió mal. Su vida entera quedó seccionada en el momento en que agentes de la policía antidroga dominicana la detuvieron cuando pretendía salir del país, en el mismo aeropuerto de Higüey. Sucedió en noviembre de 2012. Su detención se publicó en las portadas de todos los periódicos nacionales del país caribeño y en la página web del portal de la Dirección Nacional de Drogas (www.dncd.mil.do).
Su nombre es Corina, tiene 25 años. Hasta hace tres meses vivía con su familia en Pamplona. En la actualidad, se encuentra presa en la cárcel modelo en Higüey. Sus padres, que volaron a República Dominicana nada más conocer la noticia, tuvieron que volver a Pamplona para cuidar de sus dos nietos.
                                       
                                                 Mercancía que intentó sacar Corina del país

Corina forma parte de un número cada vez mayor de jóvenes dominicanas que viven en la Comunidad foral y que están cayendo en manos de las redes del narcotráfico internacional. Una mafia con tentáculos demasiado largos que alcanzan de lleno a Navarra, y en concreto a Pamplona y comarca.
Al igual que Corina, también sucumbieron el año pasado a la tentación de este "dinero fácil" al menos dos jóvenes más, también vecinas de Pamplona. Una de ellas, a la que llaman ‘la Mampula’, de 23 años, fue sorprendida en San Cristóbal (R. Dominicana) al sacar un cargamento de cocaína en cacerolas. A esta mujer se le relacionaba con ‘el Muerto’, un narcotraficante muy conocido en la isla caribeña, concretamente en la provincia de Herrera, y que fue asesinado en diciembre a tiros.
Miembros de la comunidad dominicana en Pamplona no disimulan su preocupación ante este cúmulo de acontecimientos que les perjudica. Reconocen que se sienten preocupados. "Tenemos hijas y nos da miedo de que lleguen a ellas y las empujen hacia el tráfico de drogas, nos preocupa", expresan.
Algunos jóvenes dominicanos involucrados en delitos de menudeo -pequeñas ventas- y de tráfico de droga en Navarra poseen antecedentes penales en Estados Unidos. Una vez que los detienen, los deportan a su país de origen, y es cuando aprovechan para coger un avión y escapar hacia España.
La forma de elegir y seducir a las jóvenes ‘mulas’ (personas que las redes del narcotráfico emplean para transportar la mercancía) es siempre la misma. Las reclutadas, normalmente mujeres con problemas económicos, primero son agasajadas con regalos y dinero. El proceso es envolvente y progresivo. Una vez que aceptan servir como ‘mulas’ , los cabecillas de las redes en Pamplona corren con todos los gastos del viaje. Y a la vuelta, con la mercancía, les entregan el dinero prometido. En el caso de Corina, eran unos 15.000 euros.
Según fuentes policiales, en Navarra la mafia del narcotráfico la dirigen un grupo de dominicanos y colombianos que controlan varios locales en la capital y que mantienen contactos con redes internacionales en sus países. De hecho, en diciembre, poco tiempo después del arresto de Corina, la Dirección Nacional de Control de Drogas Dominicana (DNCD) apresaba a tres franceses acusados de facilitarle la mercancía.

Quienes conocen a Corina cuentan que se encontraba asfixiada económicamente. A las deudas con el banco se le sumaba que se había quedado sin empleo cuando el bar donde trabajaba en Buztintxuri cerró... Desesperada, Corina voló hasta Higüey. Fue en la terminal del aeropuerto de esta ciudad turística, a punto de subirse al vuelo UX34 de la compañía Air Europa, cuando fue abordada por agentes de la Dirección Nacional de Control de Drogas, impidiendo que viajara a Madrid. Los policías encontraron en su equipaje una gran cantidad de "tabletas" de cocaína escondidas en las pretinas y los ruedos de varios pantalones y minifaldas, una de las "modalidades" empleadas por las redes. Llevaba la droga en hasta 29 cintas colocadas en pretinas, ruedos y bolsillos.

A Corina le puede caer una pena que oscila entre los 10 y los 30 años de cárcel. Mientras, espera sentencia en la cárcel modelo de Higüey, una prisión donde los condenados viven hacinados.

Ante el aumento del número de ‘mulas’ como consecuencia de la persistencia de la crisis y el paro, la policía dominicana ha intensificado los controles en los aeropuertos. Según las estadísticas de la propia web de la Dirección Nacional del Control de Drogas, sólo en diciembre de 2012 esta unidad decomisó 1.365 kilogramos de cocaína y detuvo a más de 2.000 personas.

La República Dominicana es el séptimo país en el mundo con mayor producción de drogas y tráfico de estupefacientes, según un informe del gobierno estadounidense.



Colombia, 149 hectáreas
El cultivo del arbusto de coca, planta de la que proviene la cocaína, sigue concentrado en tres países de la región andina: Colombia, Perú y Bolivia. La ONU (2012) estima que en 2010 la superficie dedicada al cultivo ascendía a 149.000 hectáreas, lo que supone una reducción del 6% respecto a las 159 000 hectáreas estimadas en 2009. Esta disminución se atribuye principalmente al descenso de la superficie de cultivo en Colombia, parcialmente compensada por los incrementos en Perú y Bolivia. Las 149.000 hectáreas del arbusto de coca se tradujeron en una producción potencial de entre 788 y 1.060 toneladas de cocaína pura, frente a las 842 y 1.111 estimadas en 2009.

La importancia de Colombia en la producción de cocaína se hace evidente a partir de la información relativa a los laboratorios desmantelados y las incautaciones de permanganato potásico, un reactivo químico utilizado en la síntesis del clorhidrato de cocaína. En 2010 se desmantelaron 2.623 laboratorios de cocaína (ONU, 2012) y se incautaron un total de 26 toneladas de permanganato potásico (el 81 % de las incautaciones mundiales).



Policía Nacional
 La cocaína entra en mayor medida a España por barco o en avión. A Navarra llega fundamentalmente desde la costa levantina y Madrid. Así lo apuntan fuentes policiales, revelando que la venta en Pamplona la controlan en grandes cantidades colombianos y dominicanos.
Esta misma semana, la Guardia Civil en colaboración con el Servicio de Vigilancia Aduanera, se incautó en el puerto de Valencia, en el interior de un contenedor de un barco procedente de Sudamérica 148 tabletas de cocaína con un peso de 148 kilogramos. Es la primera intervención de esta droga que se realiza este año. De 2011 a 2012 las cantidades de cocaína incautadas en el puerto de Valencia casi se han duplicado. De 552 kilogramos en 2011 se pasó en 2012 a 965 kilogramos.Por otro lado, en 2011 la Unidad de Drogas y Crimen Organizado de la Policía Nacional (Udyco) intervino en Pamplona y comarca 3.100 gramos de cocaína y detuvo a 100 personas. En 2012, con 110 arrestos, las aprehensiones se duplicaron: 6.700 gramos. No obstante, en Tarragona, fruto de una investigación de menudeo que partió de Navarra, se cogieron más de 2.000 gramos.

Asimismo, en los dos últimos años, la Policía Foral se ha incautado de 5.978 gramos de cocaína: 2.995 en 2011, con 195 personas detenidas; y 2.983 gramos en 2012, con 220 arrestos. La Guardia Civil, por su parte, ha preferido no facilitar los datos de sus intervencioneS.
Agentes de la Udyco manifiestan que están notando en Navarra un incremento importante del tráfico de cocaína entre pequeños distribuidores y una mayor adulteración por culpa de la crisis. Y señalan a grupos organizados de colombianos y dominicanos como máximos responsables de su distribución "al por mayor". Otras fuentes policiales consultadas afirman que a los dos grupos anteriores se suma una persona más, ésta de Pamplona y de origen africano, que se encargaría de reclutar a futuros ‘mulas’.
En la despensa de casa, al alcance de los niños. Camuflada en unos tubos de acero, en un baffle de música. Entre naranjas, en una frutería. En una panadería. En una tienda de muebles. En un reloj. En el interior de un desodorante. En una lata de coca cola. En las costuras de un bolso. Bajo una fotografía enmarcada. En un mechero. Un teléfono móvil. Una rueda. Dentro del cuerpo... Éstos son sólo algunos de los escondrijos donde los miembros de la Udyco han encontrado camufladas partidas de cocaína.
Hay mucho dinero en juego y los grilletes de la droga encadenan a "demasiadas" personas. Si el coste de un kilo desde el país de origen es de 8.000 euros al 85% de pureza, al entrar en Navarra, el precio asciende a 36.000 euros con un descenso del 50% de su calidad o más. "Hace años se intervenía más cantidad. Los traficantes que en la actualidad viajan a Madrid a por mercancía suben con menos dosis, pero lo hacen con más asiduidad", precisan.
Un consumidor ocasional suele pagar 60 euros por gramo. "Su precio se mantiene. Ha bajado la pureza. Hace tres años era de un 20% y ahora no llega al 15%".
Con el proceso de adulteración y el descenso de la pureza, aumenta la peligrosidad de la droga.

Urgencias
"Navarra es una comunidad en la que prioritariamente se consume alcohol. Las intoxicaciones etílicas prevalecen por su frecuencia por encima de otras drogas como la cocaína y el cannabis", explica Miguel Ángel Pinillos, médico de urgencias del Complejo Hospitalario.
Sobre las consecuencias del consumo de cocaína, explica: "La mayoría de los intoxicados presentan crisis de ansiedad acompañada de nerviosismo y agitación, palpitaciones con arritmias, así como dolor torácico", detalla. "Pueden sufrir dolores de cabeza y tensión arterial alta que llegan a desencadenar problemas cardiovasculares a nivel cerebral: desde un ictus por obstrucción de un vaso a una hemorragia inducida por el aumento de presión en los vasos sanguíneos del cerebro".
Debido a este consumo, añade, en jóvenes pueden aparecer convulsiones y problemas respiratorios provocados por el aumento de la presión intratorácica mientras se esnifa (introducir la droga por la nariz), pudiendo desencadenar en un neumotórax.Asimismo -agrega-, un consumo crónico puede abocar en un trastorno psiquiátrico: "Desde la alteración de la memoria y de la concentración hasta la psicosis cocaínica con delirio y alucinaciones". A ello hay que añadir los problemas causados por los adulterantes. "Cada vez es más frecuente el consumo de alcohol junto con la cocaína", afirma Pinillos. "Esta asociación aumenta la toxicidad de la cocaína sobre el corazón, el hígado y el sistema vascular". "Como la cocaína es un potente estimulante anula los efectos depresores del alcohol, creando la necesidad de aumentar la ingesta de bebida", agrega.Los datos del Plan Foral de Drogodependencias en los últimos años apuntan que la cocaína en Navarra es una droga masculinizada. Un 17% de los hombres reconoce haberla probado alguna vez, y un 7,1% las mujeres.
Las cifras de los últimos dos años en el Servicio de Urgencias Generales del Complejo Hospitalario de Navarra en Pamplona indican que, aunque la cocaína está haciendo "estragos", el "verdadero problema" es el alcohol.
En 2011, por intoxicaciones etílicas, se atendieron a 886 personas mayores de 15 años y por cocaína a 60: 17 mujeres y 43 varones. En 2012, por alcohol, fueron 832 y por cocaína, 51: un total de 19 mujeres y 32 varones. Aunque la media de edad es de 35 años, varía entre los 22 y los 56 años.
El problema del alcohol en menores intranquiliza especialmente al médico de urgencias. "Se ha detectado un considerable aumento entre los menores de 15 años". Por este motivo, se abordará este problema en un congreso nacional de Toxicología Clínica que se celebrará en Pamplona. "Hay que atajar esta conducta, no con medidas represivas sino con información. El alcohol se consume en edades más tempranas. Es el que más muertes ocasiona y el que más problemas médicos y psiquiátricos genera, pero al que menos importancia le damos jóvenes y adultos", dice.


Laboratorio móvil encontrado en un piso de la comarca de Pamplona.


El 'camello'

Del uno al diez dice que forma parte del número dos de la cadena. "Sólo soy un puente", aclara. "El cliente contacta conmigo y yo le consigo la dosis. Sólo soy un intermediario. Cruzo la acera y la entrego. No suelo llevar mucho encima, por si me cogen...", ríe. Recién cumplidos los 40, este padre de familia, de origen sudamericano, cuenta que sus clientes son principalmente mujeres que ejercen la prostitución en pisos de relax o en clubes de alterne. Que recibe los pedidos por teléfono y que él se encarga de llevarlos en mano hasta los puntos acordados. Algunas veces a sus casas y otras los reparte en los mismo bares."Lo hago por dinero, claro. Estoy en paro y en casa sólo entra un subsidio de poco más de 200 euros", añade, mientras enseña la cartilla del banco. "He tenido que pagar el alquiler y el gas. Mire lo que me queda. Sólo 25 euros. No voy a robar un banco"...
Dubitativo, asegura que no se ha planteado traficar con grandes cantidades. "Soy padre de dos hijos pequeños y no quiero arriesgar. Si estuviese solo quizá...". Cuenta que hace un año le tentaron un grupo de colombianos. Le ofrecían hasta 6.000 euros por una cantidad que no detalla. "Era muy arriesgado. Tenía que ir a Madrid en coche, recoger la mercancía y volver en el mismo coche... Muy tentador, pero demasiado arriesgado".
Dice que en Pamplona se consume mucho, y que por este motivo se ha vuelto peligrosa. "Hay más gente, más intermediarios, más deudas por impagos... Por eso, es un mundo tan peligroso ", refuerza. Su testimonio coincide con el de la brigada de drogas de la Policía Nacional al revelar que la cocaína la controlan colombianos y dominicanos, y en menor medida, ecuatorianos y españoles. "Hay mucha gente implicada y nunca se va a llegar a detener a quién está en lo más alto de la pirámide... ¿Por qué? No lo sé. Quizá porque está implicada gente importante. Y si se la juegas, te quitan de medio. Para ellos es fácil. Ya ha ocurrido alguna vez. Además -avisa-, tienen sus propios sicarios. Ser sicario es algo que nunca se deja. Si lo fuiste en tu país, lo sigues siendo aquí".

Prostituta
"Si el cliente te pide consumir cocaína y no lo haces, se irá con otra chica... Así que no te queda más remedio. En el club nos suministran toda la cocaína que necesitamos...". En pocas palabras, esta mujer de 31 años de nacionalidad brasileña describe el mundo de la droga dentro de un club de alterne en el centro de Pamplona.

"Se consume bastante. La traen en bolsitas y se la entregan al jefe. Muchas veces ni disimulan. Él las guarda. Entre las chicas del club siempre hay una o dos que se encargan de distribuirla, son las jefas", revela esta mujer. "¿Y que pasa si no quiero consumir? Es fácil -sonríe-. Si no me apetece, me meto unos algodones con agua dentro de la nariz".

Ama de casa
"Intentas dejarlo, pero te vuelves a juntar con las amistades y no puedes decir que no. Si dices que no, te quedas atrás. Fuera del grupo. Normalmente, si estoy sola no me meto, sólo juego con mi hijo...". María tiene 40 años, está casada y es madre de un niño de seis. La entrevista con esta pamplonesa se celebra el día después de una "intensa" fiesta a base de alcohol y cocaína, en un bar de la comarca de Pamplona. María se ha despertado a las cinco de la madrugada, nerviosa. No sabe cómo ha llegado a casa. "Lo único que recuerdo es que me puse el pijama y me acosté. Y que mi marido y mi hijo dormían".

Era un día entre semana. Todo empezó en la calle. María regresaba a casa con la compra cuando coincidió con dos conocidos que a esa hora se encaminaban a un bar cercano para aprovechar una oferta de cervezas a un euro. Y una cosa llevó a otra. La invitaron a sumarse. Telefoneó a su marido para que fuese a recoger al pequeño al colegio y se desentendió. Acto seguido, se sumergieron en el vacío de un bar de barrio.

Y allí María se dejó llevar. "Sin límites". Cerveza y cocaína. Un cóctel explosivo que duró hasta las once de la noche. María compró dos gramos a 50 euros cada uno y los consumió. "Hacía ocho días que no tomaba nada", comenta, intentando disculparse. "Pero me siento muy deprimida".

Desempleada desde hace algo más de un año, reconoce que se encuentra al borde la separación. Entre cervezas -el periodista fue testigo de la fiesta-, iniciaron un desfile constante al baño. Al salir, se frotaban la nariz en un gesto automático. María se mostraba eufórica. Sólo quería bailar y bailar. Entraba y salía del baño. Bebía. Su conducta fluctuaba entre la euforia y la agresividad. Hasta que alguien la frenó. Un amigo que acababa de entrar al bar le aconsejó volver a casa. En un instante de lucidez, María lo reconsideró. Al día siguiente, jueves, era día de colegio. Sin despedirse, con paso inestable, se marchó.

A la mañana siguiente, con una taza de café bien caliente en las manos, apostilla que no sabe cómo ha llegado a casa. Además, no ha acompañado a su hijo al colegio. "Estoy confusa. Me metí los dos gramos para que mi marido no los encontrase en mi bolso".

Entre sorbos, comenta que lleva desde los 24 años consumiendo. Cree que no está enganchada. Que sólo la toma cuando tiene dinero y los fines de semana.

Sin embargo, confiesa que a veces no lo puede aguantar. Entonces llama a una amiga y quedan en su casa. "Consumimos juntas en la cocina, mientras nuestros hijos juegan en el salón", declara sin mostrar arrepentimiento. "¿Por qué consumo? Me gusta. Te sientes más libre, ligera y más guapa, y ahora necesito sentirme así. Estoy viviendo un mal momento...", expresa afligida. "Es fácil conseguir la droga en Pamplona. Conozco a unas once camellos. Suelen dar facilidades de pago. Si no tengo dinero, me dejan pagar más adelante. Me la traen a casa o me la venden en los bares". "¿Qué voy a hacer hoy? Hoy toca planchar y jugar todo lo que pueda con mi hijo. El sábado le acompañaré a verle jugar a fútbol".

Rehabilitada
Ruptura familiar. Sensación de abandono. La muerte de su padre. Itxaso enumera las principales causas que, cree, la llevaron a drogarse. Apenas era una niña. Al hablar, Itxaso (Mar en euskera) mira fijamente a los ojos, sonríe y se emociona con suma facilidad. Los recuerdos se amontonan. "Es duro recordar". Sin embargo, continúa. Y desarrolla una sinopsis de su vida. Un guión que bien podría llenar las páginas de un libro que arrancaría con mensaje: "El apoyo social es imprescindible. Es necesario recuperar la ilusión".

Empezó a drogarse con 12 años. Lo primero que probó fueron los porros y la heroína. "Al fallecer mi padre y sentirme desatendida, además de que era algo rebelde, me junté con gente mayor (17 años) que consumía de todo. Todos éramos muy parecidos, con las mismas carencias", recuerda. Fue en casa del tío de una amiga, que fumaba heroína, cuando la probó. A partir de este momento, pasó de drogarse los fines de semana a hacerlo todos los días. Tenía 17 años. Se sumergió en una espiral de adicciones, en una cadena a la que se sumaron las palizas de sus parejas.

Su primer novio era camello y la maltrataba. "No me atrevía a denunciarle. Era muy joven. Me daba miedo". Ante tantas palizas, Itxaso decidió huir y refugiarse en los brazos de una congregación religiosa en Madrid.

"Me acogieron como mujer maltratada. Pero yo era muy agresiva con las hermanas por culpa de las drogas... Les hacía la vida imposible". Pese a todo, las religiosas no se rindieron. "Se dieron cuenta de que mi problema venía de la droga y me enviaron a una de las casas de acogida que tienen en Sevilla".

Entró en Proyecto Hombre y se sometió a un largo proceso de rehabilitación: un programa de tratamiento terapéutico de 9 meses en acogida y otros 9 en comunidad. "Aprendí a analizar los motivos por los que me comportaba así. Comprendí que buscaba la droga para no sentir. Aprendí a ser capaz...", detalla.

Limpia y reinsertada, con 22 años, dejó Proyecto Hombre y comenzó una nueva vida. Se le ilumina la mirada al recordarlo. Sin embargo, no tardó en recaer. "Los ex drogadictos tenemos que vivir en alerta. Volví a Pamplona, pero no me gustaba el ambiente y me marché a Tenerife". Allí se reencontró con una ex pareja. "Volví a salir. Me hundí".

Fue en un viaje que hizo fuera de España, cuando su vida dio un nuevo giro. "Mi ex pareja me pidió que llevara un paquete con pastillas y me pillaron. Me estaban esperando en el aeropuerto. Alguien se fue de la lengua".

Con 26 años, enganchada a la droga hasta las "trancas", entraba en régimen de aislamiento en la cárcel de Tenerife. Después, la moverían a otras centros especiales para mujeres: Granada, Asturias, Salamanca, Ávila... "Creo que fue lo mejor que pudo pasarme. Gracias al aislamiento me limpié por completo".

Itxaso salía al patio una hora al día y sola. "Aprendí a meditar, hacía ejercicio...", sonríe. Tres años después, con 29, quedó libre. "Salí con las ideas muy claras. No quiero la vida de destrucción que acarrea la droga. No quiero caer en esa terrible pesadilla de deterioro físico y psicológico. No quiero ese infierno, no", asegura, firme. Y advierte: "No se está prestando la suficiente atención al consumo de cocaína. La sociedad la ve bien porque es la ‘droga de los ricos’".

Tres meses después, Itxaso empezó a trabajar en hostelería y realizó un curso sociosanitario. "Qué importante es el apoyo social y mantener viva la ilusión. Sentirse útil. Estar ocupada...".

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