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Apátridas, los invisibles

 En pleno siglo XXI todavía existen seres humanos "invisibles" a los ojos del resto del mundo. Personas sin derecho a una identidad, que viven en el limbo legal. Sin nacionalidad. Son los grandes olvidados de la sociedad. Los apátridas.Decía el físico nacido en Alemania, Albert Einstein, que el nacionalismo es una enfermedad infantil, el sarampión de la humanidad". Einstein fue apátrida cinco años de su vida tras renunciar a la ciudadanía alemana.

Images copyright Iván Benítez 



El legendario violonchelista, director de orquesta y activista político, Mstilav Rostropovich, también sintió en 1978 el desprecio y la humillación de ser privado de la nacionalidad por "actos sistemáticos contra el prestigio de la URSS". "No tiene usted ni idea de lo humillante que es ser un ciudadano despreciado, nos echaron del país", manifestaba entonces el músico.
El escritor austriaco Stefan Zweig tuvo que huir de los nazis en 1938 por ser judío. Desde la condición de apátrida, escribió que si antiguamente el hombre sólo tenía cuerpo y alma para ser humano, ahora necesita de un pasaporte. Con estos tres ejemplos, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) quiso poner rostro y voz a un elaborado reportaje en 2007 sobre los apátridas en el mundo.ACNUR calcula que hay 15 millones de personas sin identidad. La nacionalidad, explican, es un vínculo jurídico entre una persona y un Estado. Y su falta "devasta" la vida. "Ser apátrida implica que ningún Estado te considera nacional conforme a su legislación", definen.
Aunque el artículo 15 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece el derecho de toda persona a una nacionalidad y el derecho a no verse privado arbitrariamente de ella ni del derecho a cambiarla, la realidad es bien distinta. Existen casos en los que a las personas, por diversas circunstancias (guerras civiles), se les priva de toda nacionalidad, convirtiéndose en apátridas.

La apatridia es un problema legal de gran trascendencia humana puesto que provoca que quienes sufren esta situación carezcan de los mínimos derechos (a la salud, la educación, la seguridad social, etc.).


Aunque existen diferentes instrumentos internacionales que pretenden establecer una serie de normas mínimas a las que los apátridas puedan acogerse, como la Convención de 1954 sobre el Estatuto de los Apátridas, cada día surgen nuevos casos en la comunidad internacional. De hecho, esta realidad también se da en la Comunidad foral, un fenómeno que, según la Cruz Roja de Navarra, ha aumentado. El problema estriba en que cada Estado establece los criterios en su legislación interna y son los que deben tomar las decisiones. En España, el número de peticiones incrementó a raíz de una sentencia de 2008. La sección quinta del Tribunal Supremo, obligaba ese año a conceder el pasaporte

"apátrida" o "Nansen" a cualquier saharaui que lo solicite y que haya nacido antes de 1975, fecha en la que España abandonó su antigua colonia del Sáhara Occidental.

La sentencia, que se dictó tras la petición de una solicitante saharaui de 40 años, resolvía que España no tiene reconocido como país a la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), y que por este motivo debe otorgar el pasaporte apátrida al saharaui que se lo pida. 


No existe resolución alguna de la ONU de la que pueda derivarse que las autoridades marroquíes lo reconozcan como marroquí, por cuanto el Sahara Occidental es un territorio en proceso de descolonización, clasificado como Territorio No Autónomo por parte de Naciones Unidas, no siendo, en consecuencia, territorio marroquí", dictaminaba el juez. Respecto a la nacionalidad española, el tribunal también se mostraba taxativo:

"Debemos señalar que, como regla general, en este momento, no puede la misma considerarse de atribución a los saharauis", decidía. Por último, el juez concluía que Argelia "nunca ha efectuado manifestación alguna tendente al reconocimiento u otorgamiento de la nacionalidad argelina a los saharauis que, como refugiados, residen en los campamentos de Tinduf". Su asistencia en este caso ha sido exclusivamente "humanitaria", recalcaba.


El silencio como respuesta

Pero aún hay algo más duro que ser apátrida: el silencio de la Administración central a la hora de responder al requerimiento. Así lo confirman fuentes policiales de Extranjería en Pamplona.
"La Administración central ha adoptado el silencio como respuesta para frenar el aluvión de peticiones que se están dando este año a nivel nacional. De esta manera, el proceso se retrasa, estanca o frena", revelan. "Este es el motivo por el que no hay nadie en Navarra que posea el pasaporte apátrida", reflejan. Además, adelantan, "después de años de trámites, el proceso se puede parar". Al final, lamentan, "el apátrida es una persona completamente desamparada que no recibe ninguna ayuda". De hecho, el único documento que se le entrega tras rellenar en la Cruz Roja un formulario de 15 páginas es una tarjeta "provisional" de color verde. Una tarjeta que deben renovar cada tres meses y no garantiza ningún derecho,"excepto el de la libre circulación", dejan claro desde fuentes policiales. El año pasado, no obstante, la Audiencia Nacional daba un nuevo varapalo a este silencio administrativo, otorgando la condición de apátrida en Valladolid a una joven saharaui llamada Dahba Khatri Handi, de 22 años. La joven, que se encontraba indocumentada desde 2006, reclamó esta condición apoyándose en el artículo 34.1 de la Ley Orgánica sobre derechos y libertades de extranjeros en España.

Aumenta la apatridia

Son muchos los ancianos saharauis que residen en España y que guardan su carné de identidad español como un tesoro, mientras esperan a que se materialicen los acuerdos de paz que se firmaron en 1991 al amparo de Naciones Unidas y la celebración de un referéndum de libre determinación que no llega nunca. Galia Aali Yusuf, de 60 años, es una de estas ancianas. Cree que este carné que sostiene en sus manos (ver fotografía superior) es lo único que le queda para alcanzar la libertad. Galia, que llegó a Pamplona hace diez meses procedente de los campamentos de refugiados, se aloja en Pamplona en casa de su hijo Mohamed, con su nuera y su nieto. A pesar de conservar el carné de identidad español, vive privada de nacionalidad. Por ello, se ha visto obligada a pedir el Estatuto de Apátrida. Ataviada con la tradicional vestimenta saharaui, una melfa verde que contrasta con el azul de la alfombra que cubre el suelo de la salita, con el mando de la televisión en una mano y un palito en la otra con el que se hurga en los dientes, deja claro que sin la ayuda de España su pueblo no podrá recuperar la independencia.
Junto a Galia, en la misma salita, se encuentra Moulud Hamdi, de 38 años, el mayor de sus tres hijos, que también vive con ellos. Moulud traduce las palabras de su madre, mientras realiza el tradicional ritual del té. Galia se siente atrapada en un limbo legal, pero confía en recuperar la identidad. Su deseo -expresa en árabe-, con la mirada puesta en los juegos de su nieto Ibrahim, es regresar al Sáhara Occidental, a la casa encalada que un día alquiló con su marido frente al mar, antes de la ocupación marroquí.

El carné de identidad está plastificado y bastante deteriorado por el paso del tiempo. Se lo expidieron en julio de 1971 en Daora (Sahara Occidental). A pesar del desgaste, bajo el plástico, se distingue perfectamente su rostro, con 42 años menos, y sus datos personales. Hace diez meses que Galia dejó los campamentos de refugiados, separándose de su marido y de uno de sus tres hijos, y viajó a Pamplona. Moulud, también ha solicitado la apatridia, pero no ha obtenido respuesta. Tanto él como su madre, sólo han recibido la tarjeta verde con la que se les autoriza a permanecer provisionalmente en España. Y esta espera les está provocando
"mucha angustia".
A Moulud le toca actualizar la tarjeta el martes que viene y no aguanta más... sin trabajo. Dice que pasa demasiado tiempo encerrado.
"Sin hacer nada". Las paredes se le caen encima. "Es muy difícil vivir así. Te levantas a las ocho. Preparas el té. Después vas una hora al día a la biblioteca y te conectas en Internet. Nada más. Leo todo lo que puedo sobre medicina y el cuerpo humano. Me hubiese gustado tanto ser médico...", exclama, sirviendo la primera de las tres tazas con té.
"El primero, amargo como la vida. El segundo, dulce como el amor. El tercero, suave como la muerte", pormenoriza, sonriente. "No sé si me la renovarán. Necesito trabajar. Hace más de un año que no veo a mi mujer y mis dos hijos", expresa, afligido. Su mujer y su hijo se quedaron en los campamentos. "¿Futuro...?", inquiere Moulud, dejando un torrente de puntos seguidos. Galia rompe el silencio y retoma la pregunta, contestando con vehemencia: "Sólo lo conseguiremos si el Gobierno español quiere".
Según la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas de las Naciones Unidas, firmada en Nueva York el 28 de septiembre de 1954, un apátrida es definido como cualquier persona a la que ningún Estado considera destinataria de la aplicación de su legislación.

La posesión de la nacionalidad es esencial para la participación plena en la sociedad y un requisito previo para el disfrute de todos los derechos humanos.


Para garantizar este derecho en Navarra, Cruz Roja se encarga de asesorar a las personas afectadas y mediar en el protocolo con Extranjería. Desde Cruz Roja se reconoce que este año las peticiones han aumentado. Calculan que han tramitado 10 solicitudes. Todas saharauis. Una cantidad muy pequeña, en comparación con las 300 gestionadas en el País Vasco. Sin entender muy bien el motivo del aumento, consideran que la apatridia es un tema complejo del que queda mucho por hacer. "
Está todo muy difuso. Conceder el estado de apatridia es una decisión política que además no se soluciona...", observa María Ezkurra Larrasoaña, responsable del programa de atención a inmigrantes y refugiados. Este servicio persigue responder a las necesidades básicas urgentes de los inmigrantes y facilitar su integración en la Comunidad. " No sé si se debe a que ha habido alguna sentencia que les ha dado la razón o a alguna decisión de grupo, pero hemos notado un aumento en las peticiones", apunta la responsable del servicio en Cruz Roja. "Hay una cierta sensibilidad con el tema, pero el proceso es largo y laborioso. De hecho, no conozco a nadie que sea apátrida en Navarra", reconoce. Según fuentes de Extranjería, el incremento de solicitudes en Navarra se debe a las ocho sentencias favorables del 2012.
De hecho, la semana pasada, Ezkurra mediaba en un nuevo caso de apatridia. Mohamed Sidi acudía a la Cruz Roja de Pamplona para resolver su situación. Se encuentra indocumentado. Lleva ocho meses residiendo en España y hace más de un año le caducó el pasaporte argelino con el que viajó a España. Ante el retraso de la tramitación del nuevo pasaporte, algo habitual y de lo que se lamentan continuamente los saharauis, a Sidi no le ha quedado más remedio que acogerse a esta condición.


"Sigue siendo española"
Respecto a si Galia es española o no, existe una cierta controversia. Por un lado, fuentes policiales dicen que Galia sigue siendo española, pero explican que el documento carece de validez por un fallo administrativo, al no renovarse en su momento. Comprenden que la saharaui no pudo renovarlo porque tuvo que huir al desierto tras la ocupación de Marruecos de su tierra, y admiten que no pueden hacer nada. Asimismo, desde la Comisión Española de Ayuda al Refugiado en Euskadi, lamentan que el carné no es más que algo simbólico que a efectos legales carece de validez.
Para Mohamed Gailani, subdelegado del Frente Polisario en Navarra, Galia es española aunque no se reconozca administrativamente. "No pertenecemos a Marruecos ni a Argelia", espeta el subdelegado. "Sólo son papeles caducados que se deben renovar. La Administración juega con los plazos, ignorando la situación en la que se nos dejó en 1975. ¿Cómo íbamos a renovar los papeles desde los campamentos?", inquiere sobrecogido porque aún hoy se esté debatiendo esta situación. "El problema con el que nos encontramos los saharauis estriba en que no se nos renueva el pasaporte argelino. Renovarlo cuesta entre uno o dos años", declara.



Drama humanitario 

De los cerca de 200 saharauis que forman el censo en Navarra, siete han obtenido la nacionalidad española, y ninguno la apatridia. "Muchas de estas solicitudes son fruto del cansancio de mucho tiempo esperando la residencia", explica Galiani, recordando la degradación humanitaria que se está viviendo actualmente en los campamentos. El mes pasado, el presidente de la Media Luna Roja Saharaui, Yahia Buhabeine, advertía sobre la situación de los refugiados e instaba a la comunidad internacional a actuar
"urgentemente". "Hacemos un llamamiento a actuar rápidamente para proporcionar ayuda de emergencia, antes de que sea demasiado tarde", decía Buhabeine durante una reunión en Argel donde se anunció la organización de una caravana humanitaria.
El presidente de la Media Luna Roja denunciaba que la ayuda humanitaria se ha reducido en los últimos tiempos por los países donantes debido a la crisis financiera global.
"Esta disminución ha provocado un impacto negativo en las condiciones de vida de los refugiados, sobre todo en aspectos como la salud y la educación, donde los programas han sido suspendidos por esta razón", detallaba, esbozando una radiografía del drama en porcentajes .
"La salud de los refugiados saharauis en los campamentos es cada vez más precaria, especialmente entre los más vulnerables. La escasez de alimentos está perjudicando actualmente al 30% de los niños". Además, añadía, "la hemofilia afecta al 67% de las mujeres que amamantan y más del 55% de las mujeres embarazadas".
 

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