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Una puerta a la vida

 
 

Tras el saludo final y el aplauso espontáneo dedicado a Serafín Zubiri, alumno invitado en un día "especial", Adriana Azcona, de 21 años, se abalanza en los brazos de su entrenadora, y exclama: "¡Arantza, te quiero! ¡Te quiero mucho!".

Pero no nos adelantemos... Una semana antes, a las siete de la tarde, varios jóvenes judokas entrenan separados por una cortina amarilla en el tatami del club Larrabide en Pamplona.

A un lado, se emplean con intensidad cuatro deportistas del Centro de Tecnificación. Al otro, dirigidos por Arantza Meca San Martín, entrenadora Nacional de Judo (5º Dan) y responsable de la Federación Navarra de Deportes Adaptados, lo hacen con el mismo entusiasmo 11 chicos y 2 chicas con necesidades educativas especiales de edades comprendidas entre los 14 y los 30 años.

En Navarra practican judo más de 30 alumnos pertenecientes al centro de Educación Especial Isterria (Ibero) y a la Federación Navarra de Deportes Adaptados. Todos tienen tramitada su licencia federativa a través del Judo Klub Erice y están dados de alta en la Real Federación Española de Judo. A lo largo de estos últimos años, han participado en exhibiciones, homenajes, premios (Semana del deporte de la Universidad de Navarra)... Cuando se le pregunta a Arantza el motivo de esta dedicación, responde con una elocuente sonrisa y un interrogante: "¿Y por qué no?".







 

 
Potenciar la autonomía

David González Santos, de 25 años, cinturón marrón, es el encargado de espolear y dirigir a los compañeros en el calentamiento inicial. "¡Corremos unos minutos!", anima. "Cintura. Muñecas. Flexiones. Lagartijas. Bicicleta...". Fuera del tatami, Arantza observa con atención. "El judo es una actividad enfocada a la superación física y mental", comenta. "Como sistema de educación física es metódico, racional y progresivo. Aporta equilibrio y confianza. Mejora la autoestima, la autonomía personal y la seguridad en sí mismos", pormenoriza, exigiendo más concentración. "¡Más fuerza! ¡Vamos!". El grupo responde disciplinadamente.

"El judo crea hábitos deportivos, éticos, educativos e higiénicos para que en el futuro se desarrollen lo más autónomamente posible, contribuyendo a su bienestar físico, mental y social", afirma. "Trabajamos con el programa recomendado por la Real Federación Española de Judo y Deportes Asociados. Nos sirve de experiencia para adaptar y mejorar el proceso de enseñanza en función de las características del alumnado... ¡Vale! ¡Ahora saltos y combates!", expresa, retomando el entrenamiento. "¡Tres de vosotros al suelo! ¡Si os golpeáis, os disculpáis!".

Eva Isabel Guzmán, de 20 años, es la primera en saltar. "¡Muy bien! ¡Muy bien!", animan los compañeros. Sin tregua ni descanso, uno tras otro, se encadenan en un ritmo trepidante. "Ves -señala-, si golpean piden disculpas". Arantza cambia de ejercicio. "¡Combate! ¡Radori!". El grupo se organiza por parejas. Uno se queda fuera. "¡Combate libre! ¡Practicad las técnicas!".

Faltan veinte minutos para las ocho. Borja Rubio llega tarde. "Lo siento", se disculpa tímido. "No te preocupes", le tranquiliza Arantza. En ese momento, José Miguel Laguardia se acerca a Borja. "¿Tienes hora? ¿Qué hora es?", pregunta con insistencia, quedándose con la mirada fija en la colchoneta.

Al término de la clase, Arantza comunica una buena noticia. "El próximo viernes será un día especial. Vendrán a practicar judo con nosotros el cantante Serafín Zubiri y la paralímpica Laura García. A Serafín le enseñaremos a sentir el judo. Hoy habéis trabajado muy bien", les felicita. Los 14 se retiran con gesto de satisfacción .






 
La tarde más esperada

Y llegó la tarde más esperada. Eva Isabel Guzmán, de 20 años, acompañada por su padre, Jesús Daniel Fuentes, es la primera en aparecer en Larrabide. Su padre recuerda el día que le propusieron practicar este deporte. "Cuando se lo dijimos, reaccionó a la defensiva. ‘¿Queréis que me lesione?’, nos decía. Le enseñamos lo que era por Internet y accedió... Cada día mejor", sonríe. Eva saluda a sus compañeros de clase, que acaban de llegar.

Yoel Macho, de 21 años, camina cabizbajo junto a su madre, Carmen Itarte. "Mi hijo es muy callado", dice. "Gracias al judo ha recuperado el ánimo y la autoestima. Es una pena que sólo tengan una hora a la semana", lamenta."Normalmente estos chicos no tienen cuadrilla. Siempre van de casa al colegio. Su única salida es el judo. Les ayuda a sentirse mejores. Les anima. Cuando participan en competiciones interprovinciales se sienten importantes. Arantza los trata de igual a igual, sin blanduras".

A las seis de la tarde, los alumnos esperan impacientes a su nuevo compañero. "¡Qué nervios!", exterioriza Eva Fuentes, moviéndose de un lado a otro. Serafín Zubiri no tarda en llegar. Llega acompañado de Kron, su perro guía, y de su hermano Oscar Lizoain y su sobrina Leire.

Al verles entrar, el grupo los rodea. Acarician al perro y preguntan al cantante por su experiencia con el salto desde el trampolín en el programa de televisión ‘Splash’. La paralímpica Laura García no ha podido acudir finalmente.

Aún dolorido por el salto en trampolín, Zubiri agradece la invitación. Es su primera vez, y manifiesta su ansia por empezar. "El deporte siempre lo he entendido como algo terapéutico que ayuda a marcar objetivos", expresa antes de comenzar la clase.

Ante la pregunta de si la discapacidad es una limitación para practicar judo, Serafín y Arantza coinciden en no hablar en términos de discapacidad, sino de diversidad: "Es una palabra que no me gusta, porque discapacitados somos todos. Somos diversos tanto a nivel funcional como sensorial", responde Serafín.

Arantza prorrumpe con un "¡Viva la diversidad!". Aprovecha para contar una anécdota que ocurrió el año pasado en los Juegos Deportivos. "Nos presentaron como un grupo de Educación Especial y al verlos competir hubo gente en el público que preguntaba a ver qué tenían estos chavales de especiales...". Un comentario que, lógicamente, la emocionó.

Arranca hora y media de entrenamiento. Eduardo Robles, entrenador del Klub Erice en Villava y Maestro Nacional, acompaña a Arantza en el entrenamiento. Saltos, caídas, llaves cuerpo a cuerpo... miradas sesgadas.

Zubiri se implica de lleno en cada ejercicio. Arantza le explica el sentido de cada movimiento. Serafín empieza a sudar, cae y se levanta una y otra vez. Sin miedo. Se ejercita con uno y con otro. Es uno más. "Control y equilibrio del cuerpo. Es curioso", expresa Serafín. "Nunca había experimentado un control así del cuerpo. Los ciegos normalmente tenemos problemas de equilibrio". Al terminar, los alumnos se despiden agradecidos con un fuerte aplauso. Serafín responde con una sonrisa, mientras Kron, desde la puerta, les observa.



Comentarios

  1. Hola Iván, nos ha pasado el enlace a tu blog Arantza, soy el padre de Cristina, que también va a las clases de judo con ella, pero en el grupo de los pequeños. Nos gustó mucho el artículo y era para darte la enhorabuena por él. Saludos. Fernando.

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