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Mar de fondo




Sucedió el domingo pasado (9 de junio). En un instante, todo cambió. Parte de Pamplona y comarca quedaron completamente inundadas por los ríos Arga y Ultzama. La situación fue tan excepcional que policías municipales, bomberos, Cruz Roja y DYA tuvieron que reclutar a más efectivos. Nadie lo previó. El Arga, con un caudal de 623 m3/s (lo normal es 85,8 m3/s) alcanzó los 6 metros de altura en el puente de Santa Engrancia (el récord estaba en 4,30). El Ultzama pasó de los 40 m3/s a los 370. En las 12 horas previas a la gran riada (de las 21.00 horas del sábado a las 9.00 del domingo), los datos recogidos por el meteorólogo Enrique Pérez de Eulate en las cabeceras de ambos ríos ofrecían las siguientes cifras: en la estación de la Aemet de Eugui 80,6 litros; en la estación automática de la CHE 84,1; y en la de Lantz 67,2. Precipitaciones que, según Eulate, han ocurrido "en muchas ocasiones y sin provocar mayores problemas".

Los servicios de emergencia se emplearon a fondo en Villava y Huarte. Los bomberos evacuaron en lanchas a 25 personas. Uno de los helicópteros del Gobierno de Navarra rescató a un operario del ayuntamiento que trabajaba retirando vehículos atrapados. En la calle Ultzama, los coches, literalmente, navegaron. En Burlada, el Arga obligó a cortar varias calles. El caudal, a las 10.15 horas, era de 453m3/s y 4,59 metros de nivel. Doce horas antes se situaban en 40m3/s y 1,25 metros de nivel. Además de garajes y trasteros anegados, 16.000 personas se quedaron sin luz por una avería en la subestación de Landaben. En Etxauri se salvaron a cien perros del lazareto. En Ilurdotz la carretera se abrió en canal. Las pérdidas han sido cuantiosas. Los agricultores estiman unas 2.000 hectáreas de maíz, alfalfa y hortalizas. El Consorcio de Seguros cifra en 1.500 los siniestros y en 20 millones el coste.



 







En 1960 Navarra vivió una situación parecida a la de hace una semana. En aquella ocasión, fue en invierno. Un 30 de diciembre. Diario de Navarra abría su portada con la fotografía superior de la página tomada por Galle. En la imagen, hoy familiar, se ve la Rochapea inundada por la crecida del Arga. La riada, además de golpear de lleno el barrio pamplonés, afectó a otros pueblos de Navarra como Estella, donde la gente salió en barcas a prestar ayuda a las casas cercadas. "A las tres de la mañana cundieron los primeros síntomas de la alarma", informaba este periódico. "La gente comenzó a salir de las casas y a prestar sus servicios a los más necesitados. Algunos, dormidos, sin haberse precavido de la inundación han visto en la mañana de hoy cómo su comercios anegados por las aguas, habían sido destrozados. Las aguas del Ega, entretanto, continuaban subiendo y las calles de Estella se imposibilitaban para el tránsito...". Al final de la crónica, el periodista apuntaba con ironía: "Parece que el cielo se ha serenado un poco, aunque cualquiera se atreve a vaticinar...".

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