Ir al contenido principal

Tercera Fase






Han sido muchos e importantes los descubrimientos científicos de este último siglo. En el año 2001 fue la nanotecnología, considerada como el motor de la próxima revolución industrial. En 2003, la secuencia del genoma humano. En 2004, el grafeno, el material más fino y resistente del mundo. En 2008, el agua en Marte. En 2009, los planetas extrasolares semejantes a la tierra. En 2012, la Partícula de Dios. La lista es innumerable. Pero hay una conquista que se resiste... En pleno siglo XXI, el ser humano no ha conseguido adentrarse en la pantalla de los sueños y pisar la conocida como Tercera Fase o REM. En esta fase se presentan los sueños en forma de narración, con un hilo argumental a veces absurdo, y una actividad eléctrica rápida. El tono muscular nulo impide que la persona dormida materialice sus alucinaciones oníricas y pueda hacerse daño. Las alteraciones más típicas son las pesadillas.

Los propios científicos reconocen el misterio del sueño. Tras décadas de investigación, aún no se sabe por qué se pasa la tercera parte de la vida durmiendo (igual que seis años soñando) ni para qué se sueña.
Para Iñaki García de Gurtubay, jefe de sección de Neurofisiología de la Unidad de Sueño del Complejo Hospitalario de Navarra, la respuesta a este desconocimiento se debe, básicamente, a que se ha comenzado a estudiar con sistemas avanzados en la última década. "Y hasta hace poco se hacía lo que se podía", aclara. Un avance tecnológico que, por el contrario -añade el neumólogo Jose Antonio Cascante-, ha provocado una reducción de las horas de sueño. De hecho, hoy se duerme menos que hace un siglo. "Hasta hace 30 años no se sabía nada sobre el sueño. Si en el año 1900 se consideraba que lo normal era dormir diez horas, a finales de siglo la media era de ocho", argumenta.Las funciones del sueño

Especialistas norteamericanos destacan que, de todas las funciones del cerebro, la que se realiza cuando se duerme es la más misteriosa. Para muchos considerado una pérdida de tiempo, lo evidente es que si no se duerme se produce malestar. La actividad de este estado de conciencia es más que importante. Mientras se duerme, el cuerpo descansa, los músculos se relajan, el corazón se ralentiza y la respiración es pausada. Pero el cerebro se activa. Incluso más que cuando se está despierto. Las ondas cerebrales actúan dependiendo de las etapas. Se produce una dinámica caracterizada por niveles cambiantes de actividad eléctrica y sustancias químicas.

Por el día, el cerebro administra todos los componentes necesarios para que podamos vivir normalmente. Por la noche, analiza la información recopilada y actualiza la base de datos internos. El sueño se convierte en una parte integral de la vida cotidiana. Una necesidad biológica que restablece las funciones físicas y psicológicas, garantizando el mantenimiento de las neuronas.

Al dormir se experimentan diferentes estadios que se suceden con un patrón repetido a lo largo de cuatro a seis ciclos durante toda la noche. Todos estos estadios se incluyen en dos grandes fases, con grandes diferencias de actividad muscular, cerebral y movimientos oculares. Cubrir perfectamente estos ciclos -entre cuatro y cinco veces en una noche- es lo que consigue un efecto reparador. El problema se desprende, apunta el neurofisiólogo García de Gurtubay, al no completarse estos ciclos. Entonces se suceden los desórdenes, afectando directamente a la salud. Y aumentan los riesgos cardiovasculares (infarto o ictus) y metabólicos (diabetes).

Las estadísticas en Navarra de personas con trastornos de sueño no difieren de otras comunidades: un 30% de la población se queja de somnolencia por el día, un 10% es insomne, un 5% sufre apneas, y un 3% se mueve por la noche.

La Unidad de Sueño del Complejo Hospitalario de Navarra ha llevado a cabo en 2013 unas 1.100 pruebas al año (300 más que en 2011). El 20% de las primeras consultas de neumología están relacionadas con problemas respiratorios durante el sueño, "a pesar de que muchos pacientes no consultan porque no son conscientes de los síntomas cardinales de esta enfermedad", afirma el especialista Cascante.

El 25% de la gente duerme mucho, poco o mal por culpa de un mal hábito. "Hay que aprender a dormir, de la misma manera que se enseña a comer, hablar, dormir, etc", insiste con preocupación el neumólogo. No hay establecido un ideal de horas. Se debería dormir entre 6 y 8 horas de media, pero cada persona es diferente. Lo que está claro es que el tiempo se reduce con los años. Hay quienes logran el descanso con sólo cuatro o cinco horas, mientras que otras necesitan más de diez. "Lo importante es la calidad", recalcan.

Existen múltiples enfermedades que acontecen durante el sueño, o tienen relación con él, como la narcolepsia, parasomnias, epilepsia, síndrome de piernas inquietas, insomnio, etc. Por su gran frecuencia en la población general, una de la mas conocidas es el Síndrome de Apnea-Hipopnea durante el Sueño (SAHS), enfermedad que afecta al 4-6% de los hombres y al 2-4% de las mujeres en la población general aumentando claramente con la edad.

La respiración se interrumpe repetidamente durante un tiempo lo bastante prolongado como para provocar una desoxigenación sanguínea y cerebral. En general, se presenta en varones obesos. El tratamiento principal -recomiendan los médicos- es bajar de peso, además de una máquina Cpap, que se usa mientras se duerme. Este aparato impulsa una corriente de aire mediante una mascarilla.

Las apneas pueden sucederse cientos de veces en una noche. La respiración se detiene un mínimo de 10 segundos y puede superar los dos minutos. En los estudios del sueño, llamados polisomnográficos (averiguan la estructura del sueño y la presencia de fenómenos anormales), es habitual encontrarse con personas que hacen 400 apneas en una noche y 400 microdespertares. "Hay pacientes que al final de la noche han estado dos horas respirando y seis sin hacerlo", sorprenden. Si el nivel de oxígeno en sangre normal es del 98%, en algunos pacientes disminuye repetidamente por debajo del 70% e incluso más.En definitiva, dormir es imprescindible para la vida. Por la noche, el cerebro trabaja como una batería que acumula energía y almacena las cosas que han sucedido durante el día. Por eso -aconseja el doctor García de Gurtubay-, "es muy mala práctica estudiar la noche anterior del examen". Quien permanece en vela la noche anterior a un examen no almacena el 40% de la información. "Si no duermes, no fijas bien", resalta .Medidas desde EuropaEl protocolo para someterse a una prueba en la Unidad de Sueño comienza en la consulta del médico de cabecera. "Es preferible que en la primera cita se acuda con la pareja, por ser la primera en detectar el problema", sugiere el neumólogo Jose Antonio Cascante. Después, el médico remite el paciente al neumólogo, y se evalúa los síntomas y en función de estos la necesidad de hacer alguna prueba. No todos los que roncan ni todos los que tienen apneas precisan tratamiento.

Esta dolencia se vuelve peligrosa dependiendo de la frecuencia y su intensidad. "Se ha demostrado que es un factor de riesgo para la hipertensión arterial", comentan. "Los estudios realizados sugieren que existe una asociación entre la gravedad de las apneas y la aparición de enfermedades cardiovasculares, sobre todo si no se tratan". Además, "consume muchos recursos económicos y sanitarios y aumenta el riesgo de sufrir un accidente de tráfico entre tres y diez veces", observan.

El mayor tiempo de reacción y la falta de concentración provocada por las alteraciones del sueño son la causa principal de múltiples accidentes de tráfico en España. Según un estudio de la Sociedad Europea del Sueño, que ha contado con la colaboración de la Dirección General de Tráfico (DGT), si se diagnosticaran y trataran tendrían un 60% menos de posibilidades de sufrir un accidente. "Se está tomando conciencia. Dormir es importante. Hay más sensibilidad", reconoce García de Gurtubay. "Pasamos un tercio de nuestra vida dormidos, y ahí pasan muchas cosas. Cuanto más se estudia, mayor es el número de enfermedades extraídos del sueño. Se ha convertido en un problema de salud pública a nivel europeo".

En los dos últimos años, organismos oficiales de la Comunidad Europea se han reunido para articular y regular una normativa con la que los trabajadores de riesgo (camioneros, conductores de maquinaria pesada, entre otros) deban realizar unas pruebas de sueño que demuestren tener su problema controlado para obtener el carné de conducir o renovarlo. Un proyecto que tanto el neurofisiólogo y el neumólogo estiman complicado de ejecutar por la falta de medios. "¿Cómo limitar una necesidad así?, ¿cuánto supondría de costo?", se preguntan. Parte de esta normativa ya está escrita. "No hay capacidad... incluso se hacen pruebas en las casas. La dificultad es leerlas y analizarlas. Se necesitan profesionales", concluyen.

Una noche en la unidad
Más de mil personas pulsaron en 2013 el botón del ascensor del edificio del Complejo Hospitalario de Navarra (antiguo hospital Virgen del Camino) para subir a la quinta planta y someterse a un estudio del sueño.

Cuatro habitaciones y una sala de control con varios ordenadores conforman la estructura física de este servicio que nació en 2007 con el objetivo de abarcar un mayor campo de trabajo. A medida que la tecnología avanzaba y se descubrían nuevas patologías relacionadas con el sueño, los especialistas, que por entonces trabajaban en departamentos separados, plantearon centralizar esfuerzos, máquinas y conocimientos. En la actualidad, tres neumólogos, tres neurofisiólogos y cuatro enfermeras integran un equipo cuyo trabajo ha sido acreditado a nivel europeo.

En el corazón de esta unidad conviven dos estados de conciencia. Dos ritmos. Uno más activo, durante del día, y otro pausado, por la noche. Por la mañana, lo onírico parece ausentarse. En los pasillos sólo se ven pacientes en bata paseando. Familiares aburridos. Enfermeras de un lado a otro empujando carritos con medicamentos. Y médicos inmersos en un maremoto de historiales clínicos: un mar embravecido de frecuencias que sacude el espigón de las pantallas de la sala de control. Y al anochecer, silencio.

El viernes pasado, la enfermera Anabel Gudiño y a la neurofisióloga Rocío Pabon les tocó hacer guardia. Una noche más. En la sala de espera, a las nueve y diez, con veinte minutos de adelanto, Eneko Berango, de 31 años, Daniel Díez, de 10, con su madre, y Carlos, de 73, esperan pacientes. Hablan entre ellos sobre los motivos que les han traído hasta aquí. Al margen de su conversación, el pequeño Daniel lee ensimismado un cómic.

Eneko sufre de apnea del sueño desde hace años, pero fue hace tres cuando su pareja dio la voz de alarma, al aumentar la frecuencia e intensidad de las interrupciones de su respiración mientras dormían. Este trastorno le repercute directamente en su vida cotidiana. El agotamiento es crónico.

En el caso de Daniel, cuenta su madre, sufre de terrores nocturnos de nacimiento. "Queremos también que le practiquen unas pruebas rutinarias porque en la familia hay antecedentes por hipersomnia y piernas inquietas", explica. A Carlos, el mayor de los tres pacientes, le realizaron la prueba del sueño hace tres años y ahora está con tratamiento. Duerme con una máquina Cpap y una mascarilla. "Ahora descanso mejor", resopla aliviado. "Vengo para una revisión. Para comprobar si hay que ajustar la intensidad del aire", añade, recordando que antes del tratamiento ha llegado a tener 48 apneas por hora.

A las nueve y media de la noche, la enfermera se presenta en la sala de espera y les acompaña a sus habitaciones. Los cuartos son sencillos, con baño y televisor. Todas miran al norte. A Daniel le tocó la número 3. "No quiero dormir solo", susurra a su madre. La enfermera y la neurofisióloga comienzan a pegarle las pegatinas de los sensores, unas 40. Él ríe. Tiene cosquillas. Los cables se distribuyen por la cabeza, la cara y las extremidades. Daniel pide a su madre que le haga una foto con el móvil. El ambiente es distendido.

Mientras, en la habitación 2, Eneko sufre un ataque de tos. Saca la cabeza por la ventana y respira. La noche ha engullido la cima del monte San Cristóbal, justo enfrente. Al remitir la tos, se sienta y rellena un cuestionario. "A ver qué me detectan", suspira. "Quiero sentir levantarme descansado y no recurrir a las siestas. No poder dormir influye. Estas mal todo el día".

El protocolo del cableado dura 30 minutos. Al finalizar, le ayudan a meterse en la cama. Los cables cuelgan de su cuerpo formando una especie de cola de caballo. Quedan conectados a un aparato, que a su vez conduce los registros a uno de los ordenadores. Los electrodos fijan 20 variables biológicas: cabeza, cara, corazón, tono de músculos. La mayoría de los sensores controlan la respiración (pecho, abdomen, cantidad de oxígeno en sangre...). Frente a la cama, en la pared, una cámara de alta sensibilidad graba al paciente.

Los tres caen rendidos. Daniel duerme profundamente. Relajado. Así lo reflejan las variables en la pantalla del ordenador. Por el contrario, Eneko ronca con fuerza. Inquieto. De repente, deja de respirar, unos 20 segundos. Es la primera apnea de la noche. Son las doce


Consejos:
El 25% de la población duerme mucho, poco o mal. Por este motivo, los expertos recomiendan cumplir lo que llaman la higiene del sueño. Evitar el hábito del tabaco y el consumo de alcohol excesivo, especialmente después de cenar (facilita la entrada del sueño, pero luego lo interrumpe y fragmenta). Evitar la cafeína y estimulantes. Establecer horarios para dormir y despertar. Vigilar y evitar los cambios en los horarios de los fines de semana. Evitar pasar mucho tiempo en la cama y no hacer siestas extras (una breve siesta de menos de media hora después de comer, pero las más largas dificultarán el sueño nocturno). Vigilar las condiciones de la habitación evitando ruidos, luz o temperaturas extremas. Reforzar la asociación cama-sueño. No ir a la cama a ver la televisión, cenar o trabajar. Unos mínimos de lectura o de música es aceptable, siempre que se asocien con el sueño. Evitar comidas copiosas a la noche. Si no puede conciliar el sueño, es mejor levantarse y realizar alguna actividad. En personas roncadoras, es preferible adoptar posturas laterales. En cuanto el uso de pastillas para dormir -explican-, inducen al sueño, pero no consiguen replicar el ciclo. "Te llevan a un sueño profundo, pero al no replicar el ciclo provoca resacón o te despiertas pronto". Respecto a los móviles, no influyen en las rupturas de los ciclos, porque sus ondas son de una intensidad mínima. Alertan de lo que ahora se conoce como insomnio tecnológico entre los más pequeños. "En los colegios se debe enseñar a comer sano y también a dormir", reiterando la importancia de inculcar la higiene del sueño desde niños. "El móvil hay que apagarlo y retirarlo de la habitación. Sólo así se evita el insomnio tecnológico", aclaran.



Comentarios

Entradas populares de este blog

Cicatrices

Hay reportajes en los que uno trabaja con un nudo en la garganta. El miércoles pasado acompañé a María Vallejo, periodista de Diario de Navarra y superviviente de un cáncer de mama, a una pasarela de lencería organizada por Saray. Un evento en el que las modelos fueron siete mujeres que sufren la enfermedad. Algunas tienen pecho y otras no. Nos colamos en su intimidad. En sus lágrimas y sonrisas. Este fue el resultado de aquella tarde. Gracias María.




La otra cara de las Maldivas

El paraíso también tiene dos caras. En Malé, por ejemplo - la capital de las islas Maldivas-, esta segunda cara se deja ver al atardecer, cuando el turquesa se viste de plástico. Una realidad poco conocida.
Empujados por el último suspiro del día, un pelotón de ciclistas se echa a la calle cargados de bolsas rojas de basura. Son los basureros del paraíso. Unos hombres enjutos que pedalean sin tregua, siempre erguidos y con la mirada fija en cada recoveco de hormigón. La ciudad es pequeña. No supera los seis kilómetros cuadrados, pero alberga más de cien mil habitantes y produce toneladas de residuos cada día. Con las bolsas rojas de los desperdicios colgadas del manillar, o de cualquier otro saliente de la bicicleta, los hombres enjutos serpentean por la urbe. Una vez obtenida suficiente basura, se dirigen al puerto, al final del malecón. Buscan la dársena correspondiente, normalmente un punto recóndito y ajeno a cualquier mirada curiosa y extranjera, y depositan su carga.En el puerto …

Fernando Múgica, el último de Saigón