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Sucedió en Navarra (2014)

                                                         Swing Navarra

 El cementerio más bello (Burguete)

  

                                                 "La silla está en la cabeza" 

 Bebes 'casi' de verdad


                                                El Camino de Santiago a remo

                                                   Osasuna, se puede


                                         San Fermín, entre el cielo y la tierra

Helena, a punto de nacer

                                                 Madre, hijo y un Camino


Amor a los 90

Fuego


 Cara a cara 

                

Venezuela, paz


                                     Aislados en Baztan, el poder del agua

                     "El fuego de la leña verde proporciona más humo que calor"

 

Ébola, un virus de laboratorio


                                                 La momia de Garde  

                                                    El guardián del rosal

                                                             Fase REM










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Fratelli, un oasis en el infierno de la guerra

"Por favor, explique a los niños de su ciudad que somos niños como ellos. Solo queremos volver a nuestro país y vivir con nuestra familia, como una familia normal, tal y como éramos antes de la guerra. Queremos vivir como seres humanos”. Ghofran Majed Al-Sahou tiene 16 años y procede de una ciudad del noroeste de Siria llamada Idlib. Había cumplido 8 años cuando escapó de la guerra. “Mis padres se temían lo peor y por eso hicieron las maletas”, recuerda. “Antes del conflicto vivíamos con nuestros abuelos. Ellos se quedaron...”.
La guerra de Siria se encamina hacia su octavo año y durante este tiempo, según los datos publicados en abril por el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), al menos 2,8 millones de menores no han sido escolarizados. La organización avisaba en un comunicado que va a ser “extremadamente difícil que se pongan al día cuando puedan regresar a las aulas”. En Líbano el 30% de la población es refugiada siria. Más de 500.000 niños y niñas en edad escol…

Mujer y Guardia Civil

Han pasado 30 años. 
En pleno 2018, en toda España son 5.526 las agentes en la institución, un 7% del total.  Su día a día se encarna en las historias de Pilar, Magdalena, Aránzazu, Sheila, Nerea o Sandra. "Aún falta trecho para la igualdad. Quedan unidades a las que aún no ha llegado una mujer”.













Texto Carmen Remírez
Fotos Iván Benítez
En treinta años han cambiado muchas cosas para la mujer en la sociedad y en la Guardia Civil. Desde el 1 de septiembre de 1988, el sexo ya no es un impedimento para acceder al Instituto Armado y algunas de esas pioneras que ese otoño estrenaron los precarios vestuarios femeninos en la Academia de Baeza (Jaén) siguen hoy vistiendo con orgullo el uniforme y el tricornio. Para seguir, en ese tiempo se ha normalizado mucho la condición de agente de la Benemérita en una sociedad en la que la lacra del terrorismo etarra es afortunadamente un mal recuerdo y no tienen ningún problema en dar la cara para estas páginas como mujeres, sí, pero como guardias civil…

El primer encierro de toros de Helena

A sus 4 años, Helena está a punto de vivir su primera experiencia en un encierro de toros. Ha dormido vestida de blanco y rojo. Son las cinco y media de la mañana. Madre e hija se dirigen a un balcón de la calle Estafeta. A veces en brazos y otras caminando, siempre pendiente de cada detalle. Al salir del parking la niña lanza una batería de interrogantes: ¿Los toritos salen de noche?, ¿por qué hay tanta basura?, ¿por qué duermen en el suelo?... En el cielo se distinguen relámpagos amenazantes. Los servicios de limpieza trabajan a destajo escoltados por la policía. Helena lo observa todo. El cielo, la tierra...
Una vez en el balcón de una cuarta planta, se aferra a los barrotes. Le ofrecen unos churros.  No quiere soltarse. Se queda en silencio. Solo mira. "Esta alucinada", sonríe su madre.
Las reses de José Escolar llegan a sus pies. Ella inclina la cabeza. Sus ojos se iluminan como dos focos. Llueve. "Me han dado un poco de miedo los toritos", susurra al final. A s…