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El "otro" Enrique Martín Monreal



El domingo, el día en el que Osasuna jugó contra el Lugo en el Sadar, Enrique Martín Monreal se levantó de la cama a las doce del mediodía y desayunó un café con leche y una tostada con mermelada fuera de casa. A la una y cuarto tomó el vermut con su mujer (mosto y pincho), “un hábito” que no perdona, y a las dos comió una ensalada, una trucha con jamón y un yogur. A las tres menos veinte salió de casa y se concentró en Tajonar con los jugadores. Vieron un vídeo de veinte minutos y partieron en autobús al Sadar.
Así, con su silueta despuntando en las instalaciones deportivas un domingo a las tres y media, enmarcada por el silencio y la oscuridad, arranca una crónica personal de seis horas al lado del técnico rojillo. Un hombre hecho así mismo. Un “tipo normal” que, asegura, “cambió hace cinco años”.
En la actualidad se encuentra en uno de sus mejores momentos. Y lo disfruta, dice, en el dial 5.9 de la vida. Es decir, con 59 “tacos”. El martes, gracias a los resultados cosechados en septiembre, recibió el Premio BBVA al mejor técnico de la Liga Adelante. Un galardón con el que se reconoce su trabajo.
Por ello, en estos momentos de gloria, se acuerda especialmente de los suyos. Y en concreto de su tío Ángel Monreal, quien le metió con 14 años en el Iruntxiki de Beriáin. “Estará disfrutando desde arriba al ver cómo se desenvuelve su sobrino”, sonríe con orgullo al mencionarle.
Pero, un día cualquiera, sin partido a la vista, Martín Monreal sí que madruga. Lo hace a  las siete menos cuarto. Nada más abrir los ojos, casi de manera instintiva, echa mano a su libro de cabecera, El arte de soplar las brasas, y lo lee con avidez. Mejor dicho, lo relee. Porque este manual de coaching se lo sabe de memoria. Dice que le proporciona el sosiego que necesita para seguir afrontando el reto personal que emprendió hace cinco años, cuando decidió dar un golpe de timón en su vida, y nació el “otro” Martín.
Después de la acostumbrada lectura, se levanta de la cama espoleado por la canción Voy a vivir de El sueño de Morfeo. Confiesa que se reconoce en su letra. “Es vital”. La escuchó hace tres meses y le atrapó. “Y mi mujer alucina. Me siento tan identificado con su letra... Es muy real. Me da mucha energía...”, ríe. También le gusta Fito y la carga de profundidad de sus estribillos. Incluso los aplica en el día a día. “Antes sólo tarareaba las canciones , sin profundizar. Pero desde que aprendí a escuchar...”, asiente, citando una de sus letras favoritas. Y la tararea: No voy a sentirme mal si algo no sale bien. La vida se nos va antes de que cuente diez... “Este estribillo tiene un mensaje muy interesante. Me he golpeado muchas veces contra la pared... y al final he aprendido a derrapar”, reflexiona.


Las palabras de Enrique Martín Monreal, hijo de Enrique y Margarita (fallecida) y el mayor de dos hermanos, atesoran un sonido balsámico. Casado y padre de tres hijas (29 años, 27 y 24) deja claro que está “disfrutando con esta historia” , en referencia a su nueva etapa de éxito con Osasuna. Insiste en que no es el mismo. Que ha cambiado. Que ahora lo relativiza todo. Es consciente de que no sabe lo que le depara. No le preocupa cuándo y dónde acabará todo esto. Hoy su filosofía de vida, la misma que germinó hace cinco años en el corazón del “otro” Martín , le permite afrontar el presente “sin desgastarse” y "a tope”. Explica que ha aprendido a escuchar y a delegar. Además, a ilusión no le gana nadie, afirma con vehemencia. Ni siquiera los “chavales” del primer equipo que han enarbolado esta temporada la bandera de la confianza.




Un reto personal
Pero ¿qué le hizo cambiar hace cinco años?
El “otro” Martín, al que se refiere constantemente el técnico rojillo, se forja mucho antes de la angina de pecho que sufrió el 9 de mayo. “Desde bastante atrás...”, subraya. “Concretamente del día en el que me cesan en el Promesas”, revela. “Mis formas no tenían ningún futuro”, se sincera. Y en este contexto, tras accionar la llave de la “curiosidad”, puso en funcionamiento el motor del cambio. De su cambio. “Necesitaba herramientas nuevas”. Y encontró el coaching. Además de una herramienta profesional, describe, un tesoro a nivel personal.
El coaching es un anglicismo que se emplea principalmente en el ámbito empresarial. Un método que consiste en entrenar a una persona o a un grupo, con el objetivo de desarrollar habilidades específicas.
Para Martín esta disciplina significa acción. Un “soplador de brasas”, ilustra, con el que avivar los rescoldos personales. “Antes era excesivamente pasional y necesitaba evolucionar”, explica. Una vez finalizado el curso, recuerda que sintió curiosidad por “ver” al otro Martín . “Desde entonces, en estos últimos cinco o seis años, mi vida ha crecido terriblemente. Ahora disfruto mucho al relacionarme. No me causa dolor decirlo, pero aprendí a escuchar con 50 años. Así de claro”.
Se considera un “tipo normal”, con sus alegrías pero también con sus preocupaciones. Le inquietan, dice, los problemas sociales y laborales que afectan también a amigos, conocidos e hijas, a las que tiene repartidas por el mundo. “Hay situaciones muy tristes. Está todo muy complicado, pero hay que pelear”, anima.
Al referirse a los sueños se queda pensativo. Casi prefiere hablar de ilusiones. Y específicamente de una: “Poner los cimientos para que en tres años Osasuna pueda estar en Primera. Eso sí, si este año se pone a tiro, no lo vamos a desaprovechar”.
Aparte de esta ilusión también le motiva un reto: “No superar el número de pulsaciones recomendado por mi preparador en un partido”. “Tengo que conseguir establecer una línea equilibrada de principio a fin. Y lo lograré”, ríe. “Hay un límite que no debo superar. Ha habido días que me he pasado... sobre todo al final de los partidos, que es cuando más ansiedad genero”. Una situación que no se dio en el partido contra el Lugo, aclara, porque Osasuna venció por 4-0.






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