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Fernando Múgica, el último de Saigón



La guerra de Vietnam toca a su fin. El Vietcong sitia Saigón con la intención de arrasar la ciudad. Dentro quedan siete reporteros españoles. Dos de ellos, navarros.
Saigón, 29 de abril de 1975. Elejército de Vietnam del Norte toma posiciones en la periferia: 24.000 cañones apuntan al corazón de la ciudad. La intención es arrasarla. En la emisora de las fuerzas armadas norteamericanas suena la canción White Christmas. Es la señal para iniciar la evacuación. Sólo hay una oportunidad para salir: subirse a uno de los helicópteros que los marines van a enviar desde sus portaaviones, fondeados en el Mar de China. En la ciudad, aún permanecen en la primera línea del frente siete reporteros españoles. Entre ellos, dos navarros: Juan Ramón Martínez (Nuevo Diario) y Fernando Múgica Goñi (Gaceta del Norte). A las 11 de la mañana, los helicópteros norteamericanos aterrizan sobre la azotea de su embajada. Comienza una operación que dura 19 horas. En total, son rescatados 1.000 estadounidenses y 6.000 vietnamitas del sur.
Múgica es un periodista de una extensa trayectoria nacional e internacional. Audaz y optimista por naturaleza, sus cámaras han documentado conflictos, catástrofes naturales y acontecimientos deportivos. En la actualidad, a sus 67 años, ya jubilado, siempre con su Leica colgada del cuello y la serenidad que le proporciona la experiencia, confiesa que es ahora cuando "estoy aprendiendo a hacer fotos".

 El color de sus ojos cambia por la luz. Del azul oscuro pasan al claro como si fueran las cortinillas de una cámara fotográfica. Lo que se mantiene inalterable es su forma de observar, conversar y escuchar. Apenas pestañea. Al hablar, mantiene la mirada. Si se distrae, porque algo o alguien le atrae fotográficamente, no muestra debilidad. Sigue escuchando. Pero también dispara. Para cuando uno se quiere dar cuenta, ya ha hecho la foto. Con total discreción. En su opinión, ésta es la cualidad que debe sobresalir en un reportero.
Se cumplen 50 años del inicio de la guerra. Al posar el azul de los recuerdos en la azotea del hotel donde pasó desvelado la última madrugada, el pamplonés responde elocuente: "Lo recuerdo todo". Lo primero que le viene es el calor, la humedad, el miedo que le impedía dormir... y un rostro: el de un premio Pulitzer llamado Michel Laurent. Le recuerda desayunando, junto a su mesa. Michel Laurent fue uno de los 135 periodistas que perdieron la vida en Vietnam. Le mataron ese día, intentando ayudar a un compañero de Le Figaro. "Esa mañana, mientras desayunaba, yo le observaba con envidia desde la mesa de al lado. No me atreví a hablarle. Yo era joven y él era Dios".
Múgica tenía 27 años. A pesar de su corta edad, estaba más que curtido. Antes de Vietnam, se la había jugado en el Líbano, Israel y Egipto. Trabajaba para la Gaceta del Norte de Bilbao, un periódico local que publicaba en sus páginas crónicas humanas con un estilo "muy personal". Reportajes que consagraron el estilo del diario, aumentando su tirada. "Vietnam era lo máximo para un reportero. No existían límites. Era la libertad absoluta". Aunque viajó dos veces en tres años a este país del sudeste asiático, apenas conserva un par de fotografías, las mismas que ilustran esta página. "Soy un desastre", se consuela. "La primera vez perdí todos los rollos; y en el segundo viaje, se quedaron en Saigón", lamenta. " Creo que fueron 14. Los dejé revelando en una tienda".
La mañana del 29 de abril, las calles amanecieron vacías. "Caminamos al punto de encuentro que nos habían señalado para la evacuación, pero allí no había nadie". Deambulamos hasta que alguien nos informó del nuevo emplazamiento. "Allí estaban los chicos de la CIA con sus armas repetidoras en la mano. Nos colocaron una etiqueta al cuello -como a maletas-y nos montaron en autobuses destartalados". Enormes helicópteros esperaban en el aire para posarse. "Apenas contábamos con información fiable. El aeropuerto estaba cerrado y por carretera sólo conseguíamos movernos entre millones de refugiados". Barrios enteros ardían. El grupo de reporteros se separó. Múgica tuvo suerte. El helicóptero Chinook que le sacó le dejó en el buque insignia de la VII flota de los Estados Unidos: el Blue Ridge. Al resto, los abandonaron en otros portaaviones, hacinados con el resto de refugiados vietnamitas, sin apenas comida y agua. "Me despertaron a las tres de la madrugada para que subiera a cubierta. Todo parecía en calma", relata, tomando de nuevo tierra el azul de los recuerdos. " El último helicóptero en llegar fue el del embajador de Estados Unidos. Apareció con la bandera plegada bajo el brazo. La guerra había terminado. Fuimos los periodistas los que terminamos con el conflicto", sostiene. "Nos costó 20 años y muchos compañeros muertos".
En 1990, regresó a Vietnam para cubrir el 25 aniversario. Se encontró con un país que no había olvidado, pero que sí había perdonado.


Comentarios

  1. la de ventanas y puertas que se abren en un rato con las personas adecuadas. Gracias Iván, gracias Fernando.

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