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Bailando con drones

(Vídeo copyright 2016 Alfonso Meléndez)

Si al potencial creativo del dron, y su capacidad para conectar con el público, se suma la luz del verano y la plasticidad y la espontaneidad de la bailarina pamplonesa de 32 años Marta Guardado, el resultado obtenido es un trabajo multimedia frente al que la Naturaleza (con mayúscula) toma la batuta.
A ritmo de zumbido, envuelta en una halo de primavera que marchita los campos, la bailarina de la compañía de Aldanza esboza una sonrisa al recordar la mañana en la que bailó con un dron. “En realidad pasé mucho miedo. Al principio creo que me sentí embriagada por las flores y los colores del paisaje de la comarca de Pamplona. Empecé a bailar, dejándome llevar por los movimientos que tenía interiorizados en ese momento, quizá influenciada por el estilo de Aldanza. Pero cuando vi al dron caer hacia mí... sentí que me decapitaba. Te ves un poco pajarito danzando al lado del artilugio”, ríe. “Aunque repetiría la experiencia”, aclara.

Hasta no hace mucho tiempo apenas se sabía sobre los drones. Hoy ocurre lo contrario. Etimológicamente, la palabra dron proviene del inglés ‘abeja’ o ‘zángano’. Se comenzó a utilizar para referirse a los dispositivos aéreos en los años treinta cuando surgieron los primeros aviones de control remoto. El sonido característico es el del zumbido, por eso su asociación con el silbido de las abejas durante el vuelo.












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