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Osasuna, pasaje a Primera


VÍDEO: Dos avionetas. Cuatro pilotos. Una bandera.
https://www.youtube.com/watch?v=sXD9ar1G4T8









Existen dos momenticos al año en los que, sorprendentemente, Navarra vuela unida y en la misma dirección, enarbolando la misma bandera. Uno, el 6 de julio, cuando las manecillas del reloj coinciden en lo alto de la esfera. El segundo, cuando vibra entera con Osasuna.


Eran las doce del mediodía cuando dos avionetas del Real Aeroclub de Navarra despegaban el miércoles del Aeropuerto de Pamplona rumbo a El Sadar. Aunque el vuelo apenas duró cuarenta minutos, los preliminares no fueron fáciles. De hecho, se prolongaron cerca de tres horas.

El propósito del encuentro consistía básicamente en sobrevolar el estadio a mil cien pies de altura (unos 350 metros) con una avioneta comprada en Irlanda y que, curiosamente, viste los mismos colores que la equipación rojilla. El problema era que había que ondear en pleno vuelo la bandera de Osasuna. ¿Aguantaría el mástil a 150 km/h? Para comprobarlo, los bomberos de Aena aportaron su dosis de ilusión.

A las diez de la mañana, el presidente del aeroclub, José Luis Llorente Cañal, convocó a los pilotos en el hangar. “Todo por Osasuna”, reía el presidente. Carlos EuguiCésar Santesteban Ángel Goizueta planificaron las maniobras y valoraron las posibles maniobras. Demasiados flecos sueltos. Y la seguridad es lo primero. Eugui, el más experimentado, no parecía del todo seguro. “¿Que hay que volar por encima de El Sadar agitando desde el interior de la cabina  la bandera?”. Un reto extraño, gesticuló sin disimulo, soltando una media sonrisa más que esclarecedora. A su lado, Santesteban tranquilizaba al personal. “Vamos a intentarlo”, espoleó.

Entre los bomberos de guardia, se encontraba esa mañana un jugador veterano de Osasuna, Alberto, hijo de Recalde, el legendario portero del equipo. Optimista, Alberto se prestó sonriente a comprobar la resistencia del estandarte. Para ello, acompañado por Santesteban en todo momento, se subieron al vehículo con el que se comprueba el coeficiente de fricción de las pistas de los aeropuertos, y rodaron a 120 km/h por la pista de aterrizaje. El palo aguantó, quebrándose minutos después, al despegar. Aún así, los pilotos no se doblegaron. Remontaron el vuelo y la izaron a su manera, con las manos. “¡Se puede hacer!”, volvió a azuzar Santesteban. Su energía y entusiasmo contagió al resto. Al final, vestida de rojo y azul, la avioneta de origen irlandés surcó el cielo de Pamplona hasta colocarse a la altura de El Sadar. Desde los mandos de Eugui se distinguía sobre el césped los movimientos lentos y acompasados del jardinero con la segadora. De vuelta al hangar, los pilotos izaron de nuevo la enseña. Lo habían conseguido. “No creo que los irlandeses pintaran la avioneta de rojo y azul porque supieran que somos navarros”, murmuró Llorente, satisfecho al verles aparecer. Esta tarde le toca a Osasuna volar alto.

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