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Azufre y barro
















Desde hace un par de semanas huele a huevos podridos en la muga entre Navarra y Aragón. El hedor se percibe levemente nada más desviarse de la Autovía del Pirineo y continuar por la N-240. Y se acentúa en los puntos kilómetros 335-336, al rebasar un curva cerrada y llegar a una fila de coches aparcados en la cuneta. Desde este punto se distingue en lo alto de una loma la silueta del campanario de la iglesia de un despoblado: Tiermas. Y abajo, a los pies del cerro, el fango cuarteado de Yesa, un embalse que estos días agoniza a un 24% de su capacidad.

Ha finalizado el verano y, como suele ser habitual por estas fechas, las aguas del embalse han vuelto a sacar los colores al pasado. Los baños termales han salido a la superficie y con ellos el recuerdo de todo un pueblo. La quietud de sus aguas cálidas y sulfurosas envuelve este entorno pre-pirenaico con un halo de nostalgia. Hace ya más de 50 años que Tiermas sufrió el expolio de sus viviendas y sus terrenos tras la construcción del embalse y sus vecinos aún sueñan y luchan por su recuperación. La ruina es tal que en 2015 se uso como plató de cine para la grabación de Gernika, la película de Koldo Sierra sobre el bombardeo que destruyó la localidad vizcaína en la Guerra Civil.

Aunque Tiermas parece resurgir de las cenizas gracias a la carretera asfaltada que sube al mismo centro del casco urbano, en realidad sólo es un espejismo. Así lo atestiguan en el Ayuntamiento de Sigües (Zaragoza). La obra de asfaltado, explican, corresponde a la fase inicial de un proyecto que "está en el aire". Un ambicioso plan que pretende recuperar el barrio alto de Tiermas adecuando 240 viviendas, respetando el patrimonio, y construyendo un hotel balneario con las aguas termales del antiguo balneario inundado en la zona baja.

YESA SE ENCUENTRA A UN 24%
La fotografía que ilustra este reportaje bien se podría haber tomado en el desierto de Negev, en Israel, a los pies del Mar Muerto. "La sequía este año se nota y mucho", reconocían el martes por la tarde algunos de los usuarios, mientras embadurnaban sus cuerpos con limo fino extraído de los laterales de las bañera naturales. "Ha bajado más de lo normal y más rápido. Los cauces están secos... y hasta los ríos subterráneos se están secando", apuntaba el espeleólogo Fermín Yuba, de 42 años. Y no le falta razón. Según los datos obtenidos por el meteorólogo Enrique Pérez de Eulate, entre julio y septiembre cayeron en Yesa 58,6 litros m/2(8,3 litros m/2 en julio; 9,2 en agosto y 41,1 en septiembre). El agua embalsada no supera el 24.16% (104 hm3). Mientras que hace un año registró un 31.77% y hace diez un 34,30%.


En el interior de uno de los nueve vehículos aparcados en la orilla, vive en su furgoneta desde hace una semana Luis, un vecino de Irún de 45 años y técnico de mantenimiento, un asiduo desde hace más de 14 años. En traje de baño, sentado en el interior del coche, da buena cuenta de una botella de vino rosado y una longaniza. A su lado, con albornoz y chancletas, le acompaña un vecino de Sangüesa de 74 años llamado Iñaki, quien lleva más de 40 años acudiendo a su cita anual con las termas. "Al principio venía a pescar. Ahora para eliminar los lumbagos", ríe. "Todo lo que inviertes en balnearios es salud... y si encima es gratis". Luis recomienda a todo el mundo probar la sensación de rebozarse en el barro como un cochinillo. Lo que no se consigue eliminar tan rápido es el olor a azufre. "Y cuando vuelves a la fábrica, después de una semana sin ducharte, parece que hueles a quemado". Al otro extremo de esta piscina circular, dos vecinas de Olite se han quedado ensimismadas al salir del agua. "Estamos muy relajadas", dicen, con las miradas fijas en la puesta de sol. Sentadas sobre dos piedras, Mª Jesús, de 64 años, y Mª Victoria, de 65, reconocen que es su primera vez. Acuden a este lugar, dicen, para aliviar dolores. "El cuello atrancado y el reúma... La verdad es que nos hemos quedado muy a gusto".

El nudismo también ha arraigado en las termas. El sol solidifica el barro en el cuerpo desnudo del villavés Fran Pardo, de 53 años. Sus dos enormes ojos azules se abren paso entre el limo. "Vengo desde hace seis años", comenta, lamentando la masificación que va adquiriendo este entorno natural. "Por favor, no publiques el reportaje el domingo... espera un poco", ruega un hombre con la toalla al hombro. Sólo faltan las sombrillas. Por el sendero que desciende de laN-240 se adivina el paso entusiasta de los tres integrantes del grupo de música Duo Kolingo. "Venimos de la Bardena de grabar un videoclip", sonríe Coline Guillemin, reconociendo que han tenido que marcharse porque la Guardia Civil les ha "pillado" sin el permiso de grabación. "Y de regreso hemos decido parar para conocer este sitio del que tanto hemos oído hablar".

Con la cabeza apoyada en un una almohada de piedras y la cara impregnada de barro seco, se relaja el donostiarra Xabier, de 29 años. Ha subido a la Mesa de los Tres Reyes con tres amigos y de vuelta a casa "hemos pasado por delante y nos ha llamado la atención el olor a azufre y la fila de coches aparcados. Nos preguntábamos qué era todo esto".

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