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La otra cara de las Maldivas





El paraíso también tiene dos caras. En Malé, por ejemplo - la capital de las islas Maldivas-, esta segunda cara se deja ver al atardecer, cuando el turquesa se viste de plástico. Una realidad poco conocida.

Empujados por el último suspiro del día, un pelotón de ciclistas se echa a la calle cargados de bolsas rojas de basura. Son los basureros del paraíso. Unos hombres enjutos que pedalean sin tregua, siempre erguidos y con la mirada fija en cada recoveco de hormigón. La ciudad es pequeña. No supera los seis kilómetros cuadrados, pero alberga más de cien mil habitantes y produce toneladas de residuos cada día. 

Con las bolsas rojas de los desperdicios colgadas del manillar, o de cualquier otro saliente de la bicicleta, los hombres enjutos serpentean por la urbe. Una vez obtenida suficiente basura, se dirigen al puerto, al final del malecón. Buscan la dársena correspondiente, normalmente un punto recóndito y ajeno a cualquier mirada curiosa y extranjera, y depositan su carga. En el puerto coinciden con otros ciclistas basureros. Algunos muy jóvenes.  Acto seguido, regresan al corazón de la noche. A por más basura. Parece una carrera por sustraer el mayor botín. 

Mientras tanto una excavadora recoge, esparce y apelmaza la basura en las cubiertas de los barcos amarrados. Y a la mañana siguiente zarpan a "Thilafushi", un vertedero creado en 1991 para este propósito. La "isla de la basura" del Océano Índico. 

 


  



Máquinas excavadoras se encargan de apelmazar las toneladas de basura diarias. Los plásticos caen al mar antes de llegar a su destino.





En la isla de Malé, capital de las Maldivas ,viven más cien mil personas y puede recorrerse de punta a punta en 25 minutos.





                               

En este país oficialmente no existe ningún cristiano. Al país no se puede acceder con ningún símbolo religioso relacionado al cristianismo. En algunos hoteles de la capital, en Male, hay que estar casado para compartir lecho en un hotel.
































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