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Honduras, habitación 112






Si se pudiera concentrar en una habitación el sufrimiento de la población de Honduras, este dolor descansaría sobre las dos camas de la habitación 112 de un pequeño hotel al norte del país. Un lugar que por seguridad no se revela y donde se ocultan desde hace semanas una familia que ha sido amenazada de muerte por la MS -13 (Mara Salvatrucha), una de las dos organizaciones criminales más peligrosas formada por jóvenes pandilleros que extorsionan, reclutan y asesinan.
Dos camas, un espejo, un televisor con música del cantante mexicano Jesús Adrián Romero, una silla de ruedas, este es todo el mobiliario. Aquí, en apenas cinco metros cuadrados sin ventanas, se esconden Élida Maribel, de 39 años, su marido Elvin, de 35, y sus dos hijos, de 17 y 8 años. Gracias a El Eric, Organización social de la Compañía Jesús vinculada a la ONG Alboan, intentan recomponer los pedazos en los que han quedado sus vidas.
Es domingo, 18 de noviembre. El más pequeño de la familia se sube literalmente por las paredes. “No aguanta más tiempo encerrado”, dice su madre, hilvanando una mirada colmada de lágrimas. A su lado, su marido, tumbado en la cama. “¿Prefieres que lo recueste?”, pregunta al periodista. En la habitación, además de Diario de Navarra y de los cuatro miembros de la familia, participan del encuentro dos técnicos de la ONG Alboan, la pamplonesa Mentxu Oyarzun y el bilbaíno Edur Mintegi, y la abogada Brenda Mejía. “Llevamos días encerrados y no sabemos qué hacer ni dónde ir por temor a que te sigan y la única fuente de ingresos ahora soy yo”, habla Maribel, mientras incorpora a su marido. Ella es la única que trabaja. De seis de la mañana a las cinco de la tarde en una maquila (fábrica textil). Cobra 2.000 lempiras a la semana (88 dólares).
“Nuestro único delito solo ha sido llevar una vida rutinaria”, lamenta Elvin, expresándose con una claridad meridiana. Ha empezado a hablar después de un año de rehabilitación. Ahora su objetivo es caminar. Desde hace un año padece una hemiplejía en el lado derecho a causa de un disparo que le atravesó el pecho. Acudía a su trabajo en una maquila de San Pedro Sula, una de las ciudades más violentas del mundo.

Esa mañana, cuenta el propio Elvin, el autobús que le debía recoger para llevarle al trabajo no pasó. Las carreteras estaban cortadas por un grupo de manifestantes que protestaban por el resultado de las últimas elecciones. Así que Elvin se subió a su moto y se “aventuró” a ir al trabajo. “Cuando vi a los oficiales pensé que lo tendrían controlado y no iba pasarme nada”, aclara. Avanzó todo lo que pudo, pero uno de los militares le disparó. Quedó inconsciente sobre la moto y chocó contra un árbol. “Solo recuerdo que sentí que algo me atravesó el cuerpo. Iba herido, perdí el conocimiento, después desperté en el hospital”. Elvin permaneció cinco días en coma.
En un primer instante le dieron por muerto. Lo llevaron a un hospital y lo dejaron tumbado en una sala de espera, en un banco. Y cuando apareció su hijo, los médicos le dijeron que lo sentían. “Tu papá ya murió”. La intervención del hermano de Elvin, que le practicó la reanimación, fue crucial. “Fue un milagro”, dice su mujer. La familia ha interpuesto una denuncia en la fiscalía, “pero el caso no avanza”, reconoce la abogada.
“Me cuesta asimilar esta situación”, continúa hablando Elvin. “Porque después de llevar una vida rutinaria de casa al trabajo ahora me siento prófugo. Nunca pensé que esta rutina se iba a romper. Y de esta manera. Vivo como un delincuente en mi propio país”. Se emociona. “Y después de todo esto, viene lo de nuestro hijo”. Desde hace unos días, los mareros de la Mara Salvatrucha buscan a su hijo para reclutarle. Se forma un silencio en la habitación, un paréntesis que sirve para asimilar las palabras. “Me gustaría estar ausente. En esta habitación es el único lugar donde he podido dormir estas últimas semanas. En casa, me levantaba a las dos y a las tres de la mañana, pensando que habían entrado. Ya no podíamos estar en nuestra propia casa. Aquí, en este país, la gente que trabaja es la que huye, mientras los delincuentes andan libres. Los ciudadanos estamos encarcelados en nuestras propias casas”.

TE MATAN Y METEN EN SACOS 

Mientras que Maribel trabaja en la maquilasu hijo mayor es quien ha asumido las tareas del hogar. Al menos mientras vivían en su casa. El joven, que estudiaba informática los fines de semana, se encargaba también de cuidar a su padre y a su hermano cuando volvía del colegio. Pero todo cambió de la noche a la mañana, cuando la mara intentó reclutarle.

“Se me acercaron varios chicos y empezaron a hablarme. Me decían que anduviera con ellos. Un día me pusieron un arma en las manos y me obligaron a asaltar a una persona”. Durante el asalto les reconocieron. “Ellos salieron corriendo y me dejaron allí con el arma en la mano (un tubo de hierro) y me avisaron que volverían a por mí. Regresé a casa y escondí el tubo. No dormí en toda la noche ni dije nada a mi familia”.
Al día siguiente, “me levanté normal y fui a jugar a la pelota con un vecino y me encontré de nuevo con ellos”, sigue el relato el chico. “Me pidieron el arma y agarraron a mi vecino de rehén. Mi mamá se había deshecho del tubo. En ese momento los nervios se me fueron... Y le conté lo que pasaba. Le dije que me estaban amenazando y que querían reclutarme. Mi mamá quería enfrentarse a ellos. La detuve. Recuperé el tubo y se lo entregué. Ellos me dijeron que me iban a seguir buscando. Tengo miedo porque hay muchas personas que pasan por casa buscándome. No sé qué hacer, estoy desesperado”.
Este episodio ocurrió a principios de noviembre. Su madre continúa hablando. Mientras lo hace, su hijo de 8 años se cubre los oídos con las manos. Es suficiente, no quiere escuchar más. “Si una persona no quiere agregarse a ellos, te matan y te encostalan. Te meten en sacos y ahí te dejan en cualquier lado. Cuando mi hijo me lo dijo, lo primero que pensé fue en cómo sacarlo. Después, vería qué haría con los demás. Llamé a Brenda, la abogada, y ella nos aconsejó que saliésemos de casa”.
La abogada deja claro que en estos casos es “un riesgo” interponer una denuncia a las maras. “Somos conscientes de la situación en la que nos meteríamos. Nadie hace nada contra las maras. Se mueven con total impunidad. Reclutan a las chicas que les gustan. La situación es muy grave en el país, incluso en las cárceles sabemos quiénes las lideran. Son las propias maras”, denuncia. La historia de Maribel, Elvin y sus dos hijos ha pasado a un programa de Acnur que tratará de iniciar los trámites de asilo. “Lo mejor es que salgamos del país”.
El mismo día en el que esta familia abre la puerta de la habitación 112, los medios locales hondureños informan de que las maras han asesinado a 14 personas, la mayoría mujeres, en dos semanas.

AL ATERRIZAR EN HONDURAS

Cuando se aterriza en Honduras, en San Pedro Sula, y se sale de la terminal, lo primero que recibe el viajero es un golpe de calor húmedo que contrasta con el clima de México. “Hay que andar con cuidado. En cualquier momento te pueden asaltar, secuestrar o matar”, avisa el conductor, Felipe Huete, que nos espera en la terminal. La idea es visitar la estación de autobuses de camino a Radio Progreso, la emisora que se enfrenta al gobierno hondureño, y que dirige el jesuita Ismael Melo, conocido como padre Melo.
Se respira miedo al pisar los andenes de la estación de autobuses. Nadie quiere hablar. De aquí partió el 13 de octubre la primera columna de un éxodo que ha sacado los colores al Estado hondureño. El ambiente es festivo dentro del recinto, incluso hay una banda de música animando. Huele a comida rápida, pollo frito y pizza. Los pasajeros suben y bajan a los autobuses urbanos cargados con maletones. Vigilantes privados armados registran uno a uno. “Por la noche, entre las doce y las cinco de la madrugada, parten quienes huyen en líneas clandestinas”, cuenta Huete.
En el exterior, el rugido de los camiones a toda velocidad y la concentración de los tubos de escape no consiguen eclipsar un verde selvático que lo envuelve todo. “El peligro se vive en las carreteras”, sigue explicando. De hecho, el trabajo de chófer es una de las profesiones más peligrosas. Están acostumbrados a ser testigos de asaltos, secuestros y asesinatos. “Si pudiese yo también me iría del país”, confiesa. Para ellos es normal ver sacos en la calle con personas descuartizadas. La vida diaria es un riesgo, “empezando por la cesta de la compra”, aclara. “La cesta de la compra cuesta unos 15.000 lempiras al mes, pero el salario mínimo está en 7.000 y en muchos trabajos no pagan más que 5.000 al mes”.
Honduras es un estado con déficit democrático, con altos índices de corrupción,limitación de libertades públicas y persecución a defensores de derechos humanos, denuncian desde la Red Jesuita con Migrantes latinoamericana (RJM-LAC). Además, existe un imparable crecimiento de la pobreza. El PIB hondureño es diez veces inferior al de EEUU. Un 60,9% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y el 38,4% en condiciones de pobreza extrema, recoge un informe de esta red jesuita en la web www.hospitalidad.es.
La extorsión es lo que principalmente está detrás de la financiación de esas pandillas violentas con más de 100.000 integrantes en los tres países. Considerada en 2012 la capital mundial del crimen, “la administración se encuentra saturada”. El 87% de las tasas de homicidio no se investigan. Las maras se han convertido en la principal causa por la que los jóvenes centroamericanos huyen de sus países. “Huyen porque en el barrio en el que viven es más fácil que reciban un tiro a encontrar un trabajo”, dice Yolanda González, una de las coordinadoras de la Red Jesuita con Migrantes de Honduras. Según las cifras oficiales, de enero a octubre de este año, México ha deportado a 7.562 menores no acompañados. “La extorsión y el reclutamiento es la principal causa por la que huyen de Honduras”, añade González. En Honduras casi un millón de niños están excluidos del sistema escolar, detalla la coordinadora.
Cristales blindados protegen la emisora de Radio Progreso. Actualmente Honduras se encuentra entre los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Después de la crisis política del 2009 los homicidios a periodistas aumentaron y hasta la fecha son 75 asesinatos, la mayoría aún impunes. Periodistas y corresponsales de Radio Progreso están en el punto de mira de estas amenazas de muerte. Su director, el padre Melo, es uno de los amenazados. “La caravana simboliza la derrota de un país que ha perdido su identidad. Simboliza la desesperación. Honduras siempre ha sido un país que vio en Estados Unidos el modelo consumista, el mismo modelo que les ha apartado. Nos abandonaron...”, esclarece el sacerdote. “Por eso vamos tras su búsqueda”.

PRESO POLÍTICO

Dentro del edificio de la emisora también espera Gabriel, un joven de 29 años que acaba de salir de prisión. Le encarcelaron la tarde del 26 de diciembre “por encontrarse presente” en la última manifestación en contra del gobierno por el presunto fraude electoral. Diez meses después de sobrevivir en una celda hacinado con más de cien presos, políticos y comunes, asegura que no tiene miedo a dar la cara. “Si me hubiesen agarrado a mí solo no estaría vivo, pero detuvieron a otros dos jóvenes”, dice. Ahora debe vivir con una carta de libertad en el bolsillo. Y si la pierde volverá a prisión. “Las violencias se acumulan. Y nadie denuncia. Las estructuras criminales están infiltradas en la policía”, explica a su lado la abogada de El Eric.
AMPUTADO POR LA BESTIALa falta de esta carta de libertad hizo que Luis Alonso, de 48 años, se viera obligado a escapar de Honduras. Apoyado en unas muletas y con una prótesis por pierna, pide limosna junto a dos niños de la calle en la plaza del Obelisco en la localidad de El Progreso. “Tenía 17 años”, empieza su relato. “Había estado en la cárcel y cuando salí debía firmar una carta de libertad que no me entregaron. Así que quedé en busca y captura y tuve que escapar”. Luis Alonso se subió al “tren de la muerte” que une Honduras con el norte de México, conocido como ‘La Bestia’, y se dirigió en su grupa a la frontera con Estados Unidos, con la mala fortuna de que se cayó a los raíles y su pierna derecha quedó seccionada. Le operaron y con el muñón y dos muletas continuó el viaje. La consiguió cruzar gracias a un ‘coyote’ (guía clandestino) pero le deportaron”. Cada persona mutilada en Honduras silencia una historia relacionada con ‘La Bestia’.

ABRIENDO FRONTERAS

En unos minutos comienza uno de los programas con más carisma de Radio Progreso. ‘Abriendo fronteras’ lo dirigen Edita y Rosa Neli, dos mujeres coraje que un día perdieron a una hija y a un sobrino en la ruta migratoria hacia Estados Unidos. Eran otros tiempos, otras caravanas, invisibles.
Edita vivió durante cinco años sin saber dónde se encontraba su hija. Tenía 25 cuando decidió marcharse. “Echaba tanto de menos su voz, cuando decía: “Buenas noches, mami”. Edita fundó el Comité de Familiares Migrantes y Desaparecidos de El Progreso (Cofamipro) para tratar de localizarla. Fue en 2004 cuando un día la llamó para que fuera a buscarla. Estaba muy enferma. Se quedó vegetal, sin habla, sin tacto, sin vista. El 29 de septiembre de ese año murió. “Yo digo que por causa de la migración perdí a mi hija”.
Edita y Rosa Neli siguen integrando esta ‘Caravana de Búsqueda’ que desde hace 14 años busca a hijos desaparecidos en la ruta migratoria. “Llevamos las fotos de nuestros hijos y las tiramos en parques o las colocamos en postes. Buscamos pistas y gracias a ellas han aparecido personas”, sonríen. En una pequeña oficina atienden diariamente a familiares que llegan siguiendo los pasos de sus parientes que emigraron a Estados Unidos. Además de recoger sus testimonios las mujeres del comité ofrecen esperanza para muchas madres. Cofamipro exige al Estado de Honduras que haga mayor incidencia ante los Estados Unidos y México para garantizar la vida de las personas migrantes, “tomando en cuenta que muchas desapariciones forzadas de migrantes suceden en centros penitenciarios o de detención en territorio mexicano”, explican. “En casos aún más trágicos las desapariciones están relacionadas con secuestros y masacres”. Edita y Rosa Neli conducen el programa con presteza y naturalidad. Hablan del muro de Tijuana, de la emigración, responden a las preguntas de los oyentes “¿Y qué hacemos nosotras para evitar que salgan nuestro hijos?”, suelta Rosa saltándose el guión. “¡Nada! No hacemos nada”, le responde Edita.

LOS HÉROES MUEREN

El tribunal de Honduras que juzga el asesinato de Berta Cáceres, activista que se opuso a la construcción de una presa, acaba de condenar (1 de diciembre) a siete te hombres. Cáceres falleció en marzo de 2016 en su casa, convirtiéndose en símbolo de defensa de la tierra. El proyecto que le costó la vida se detuvo, pero la persecución y asesinatos de ecologistas y activistas prosigue. En los últimos ocho años han sido asesinados 123 activistas. Honduras sigue siendo el país más peligroso para los defensores de la tierraDesplazados y más desplazados, en un país donde nadie se fía de nadie. Hay miedo a hablar. A exponerse públicamente. En alguna casa del norte de Honduras, también se ocultan estas cuatro personas (fotografía superior). Tres hombres y una mujer, que, al igual que Berta Cáceres, luchan por erradicar la explotación minera de su valle, uno de los más fértiles de Latinoamérica. Y como la familia de la habitación 112, huyen. Los sicarios contratados por las mineras e hidroeléctricas van tras ellos. Las mismas empresas que han convertido uno de los valles más fértiles del mundo en un paraje de aguas contaminadas.
Las comunidades de Guapinol y Ceibita en Tocoa Colón, se enfrentan en un conflicto feroz con los dueños de una explotación minera en la zona. Las autoridades han respondido, cuentan las víctimas, con “represión, militarización, desalojos violentos, persecución y criminalización” contra los rostros visibles de la lucha comunitaria. Un conflicto que ha dejado muertos, heridos y órdenes de captura. “Gracias por venir, así no nos sentimos tan solos”, susurra Maribel, abrazando a su marido. “Le voy a cuidar mientras no me lo lleven”.

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